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¿Cómo trabajó ETECSA tras el tornado en La Habana?

La experticia de hombres como Jacinto Beltrán es vital para la instalación de los pares telefónicos dañados por el tornado. Foto: Yurisander Guevara/ JR.

Freddy Dueñas probablemente se llevó el susto de su vida el pasado 27 de enero. Había salido a hacer una gestión cerca de casa cuando lo agarró el tornado en medio de la calle. Freddy vive en Regla, uno de los municipios más afectados por este fenómeno, categorizado como EF4 —la penúltima de las paradas en la Escala Fujita Mejorada—, y aunque trató de regresar a su hogar cuanto antes, no pudo hacerlo hasta que el monstruo tormentoso se alejó camino del este de La Habana.

El desespero de Freddy radicaba en que su pequeño hijo estaba solo. Lo había dejado tranquilo durante cinco minutos para buscar algo y la catástrofe asomó la cabeza de pronto. La casa de este hombre se encuentra en un segundo piso. Cuando logró avanzar, descubrió que ya no estaba. El niño, en cambio, había sentido el ruido ensordecedor que todos describen como las turbinas de un avión de propulsión a chorro, y bajó asustado al primer piso, donde vive su abuela.

«A pesar de haberlo perdido todo, Freddy hoy se encuentra trabajando», me dice Yudith Toledo, directora de la División Territorial Este de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa). El hombre cuya casa desapareció «en un abrir y cerrar de ojos» es operario de cables de la agrupación territorial de Etecsa, pero su ímpetu por salir adelante es más fuerte, afirma Toledo.

A Freddy no lo pude entrevistar, precisamente, por estar aportando lo mejor de sí para recuperar las comunicaciones en la zona de acción del tornado. Su ejemplo es, sin dudas, una guía para los más de 300 trabajadores de Etecsa que desde el 28 de enero, a pocas horas del siniestro, comenzaron a laborar de sol a sol para «comunicar» a una ciudad herida que ahora se recupera a pasos agigantados.

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F4, par 5-672, regleta 11. La orden, clara y rápida, la da una mujer que trata de protegerse del sol mañanero. Un joven operario traduce sus indicaciones conectando dos finos cables en diversos sectores de lo que se denomina gabinete telefónico. Las indicaciones de la mujer son coordenadas para llevar los cables al lugar correcto: el abonado asociado a ellas.

Apenas son las nueve de la mañana en el reparto Chibás, del municipio de Guanabacoa, pero desde que despuntó el sol los operarios de Etecsa trabajan en el lugar. Aquí el tornado afectó algunas casas y dejó sin servicio telefónico a buena parte de sus habitantes.

La mujer bajo la sombrilla y el joven trabajan en lo que se conoce como gabinete integral o «inteligente». Es un armario de metal sembrado en el suelo que contiene los pares telefónicos de la zona. Los técnicos explican que hay varios tipos de estos equipos.

A unos los llaman flexibles, porque solo reciben el cable madre, cargado de pares telefónicos que luego se conectan a unas regletas y de ahí siguen su ruta por los postes hasta los hogares. Cada par se compone de dos finos cables, y una toma de las que entra en el gabinete puede contener varios centenares de ellos. El trabajo para recuperarlos tiene que ser de mucha precisión.

Lo mismo ocurre con los gabinetes «inteligentes». Estos equipos son una pequeña central telefónica. Además de albergar los pares tienen capacidad para brindar servicios de datos, contienen en sí mismos los abonados a los que sirven y se alimentan por fibra óptica. No obstante, requieren de un trabajo igualmente paciente para evitar una confusión al conectar los pares.

«Si nos equivocamos tenemos que hacerlo todo de nuevo», explica Jacinto Beltrán, un pinareño que con 31 años de experiencia en el sector de la telefonía ha contribuido a la recuperación en varios lugares del país luego de un fenómeno natural. Sus manos ayudaron a acortar distancias luego de los huracanes Matthew e Irma, por solo mencionar un par de ejemplos.

Jacinto explica que para descifrar las conexiones de estos pares se guían por un código determinado por los colores de los cables. El código lo conoce de memoria. Con sus manos trenza un amasijo de cables finos que, sumados, representan cien pares. En el piso, muy cerca, le esperan otros 1 100 pares más para ser procesados. Solo con esos, Jacinto y quienes le acompañan en el reparto Chibás deben ubicar 2 400 hilos de cables en gabinetes.

Evidentemente, recuperar un solo teléfono fijo no se resume en empatar dos cables. Odalys Rodríguez del Toro, directora Central de La Habana en Etecsa, confirma que el proceso no termina en el gabinete. Luego de puesto allí el par, este debe ser conectado a un poste —que generalmente alberga una caja con capacidad para diez pares—, y seguidamente es llevado hasta los hogares de los clientes.

De acuerdo con Lidia Hidalgo Rodríguez, vicepresidenta de Redes en Etecsa, el tornado dañó 16 204 servicios telefónicos en La Habana (aquí se cuentan residenciales, estatales, públicos y centros agentes). Además, se afectaron 23 parques wifi aunque, de milagro, solo por falta de electricidad: el meteoro no arrancó ni una sola de las antenas inalámbricas que dan servicio.

Hidalgo Rodríguez comentó, además, que 317 postes fueron al piso, y 96 cables conductores de líneas telefónicas se dañaron. Hasta el viernes Etecsa había recuperado el 42 por ciento de las afectaciones, número que este domingo podría haber crecido de forma dramática, pues el trabajo solo cesa cuando el sol se pone.

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Regla es hoy otro pueblo, comentan quienes estuvieron desde el primer amanecer luego del tornado. Al menos una buena parte de las calles están libres de escombros, aunque es evidente en muchas viviendas las heridas provocadas por este fenómeno. Camino sus calles en medio de un silencio inusual. En la «zona cero» de este municipio todavía no había energía eléctrica el viernes (este sábado ya fue restituida).

A falta del bullicio que hoy provoca la modernidad con sus equipos electrodomésticos, el ambiente es, en cambio, de herramientas en acción: allí se escucha un martillo neumático, allá suena una sierra, retumban las mandarrias y los martillos, repican las guatacas y los machetes.

Mientras esos sonidos de recuperación llegan hasta mis oídos observo la instalación de una nueva radiobase en el Centro de Telecomunicaciones de Etecsa local. El municipio contaba con una, y la que ahora se yergue estaba planificada en las inversiones del año. El tornado aceleró el plan, pues la empresa necesita reforzar la cobertura en una zona con alta densidad poblacional donde las llamadas son constantes.

Mariset Silvera Rodríguez es una joven que lleva apenas diez meses como inversionista del Grupo de Desarrollo de la División Territorial Este. Antes del tornado había «montado» dos radiobases. Ahora dirige las labores para ubicar su tercera obra en Regla. La oficina en la que trabaja se ha transformado en un centro de contingencia. Cables de varios tipos y unas baterías enormes forman parte de los muchos equipos que conforman la nueva radiobase en instalación.

Converso con Silvera y con Léster y Harold Díaz Rodríguez, hermanos que tienen a su cargo la instalación final de la nueva radiobase. Ellos trabajarán una vez que terminen los torreros, hombres encargados del ensamblaje de la estructura metálica.

Silvera Rodríguez detalla que además de la torre una radiobase se compone de antenas, radios y gabinetes que gestionan el tráfico. También cuenta con baterías para resistir un tiempo ante fallos de electricidad, el cual varía entre seis y ocho horas. En el caso de Regla y Guanabacoa, por ejemplo, luego del tornado Etecsa alimentó las radiobases con grupos electrógenos para que no dejasen de prestar servicio.

Mariset, Léster y Harold tienen cara de casi no haber descansado, pero aseguran que la nueva torre estará lista pronto. Ellos están al servicio de la recuperación. Ese eslogan está impreso en decenas de papeles pegados a los parabrisas de los autos de Etecsa que por estos días desandan la capital, y se materializa en constantes acciones.

Este domingo, por ejemplo, se preveía que todos los trabajadores que hubieran terminado en el reparto Chibás y en Regla se sumaran a las labores en Diez de Octubre, por tener este municipio redes telefónicas más complejas de recuperar. Allí los técnicos laboran durante horas colgados de postes, pues los pares están contenidos en gruesos cables que sobre ellos cuelgan.

«No descansaremos hasta recuperar todo con la calidad requerida. Este es un proceso complejo, pero haremos todo cuanto esté a nuestro alcance para lograrlo», me dice Mayra Arevich Marín, presidenta ejecutiva de Etecsa, mientras chequea cada detalle a pie de obra para que los capitalinos afectados puedan, nuevamente, descolgar sus teléfonos y decir «oigo» a la esperanza.

Regla contará con una nueva radiobase. Foto: Yurisander Guevara/ JR.

(Tomado de Juventud Rebelde)