Soy el Che Guevara, dicen que dijo aquel Ernesto, presintiendo que se comenzaba a alzar sobre su propio nombre y sobre la manera en que era nombrado, para ser algo más que lo que era… para volverse la forma en que nuestros pueblos cinco siglos sometidos, comenzaban a llamar a su rebelión incandescente, a su fuego sagrado, a su cuerpo desangrado.
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