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El único nivel de consumo alcohólico saludable es cero, afirman científicos

El consumo de alcohol, incluso a niveles moderados, se asocia con un mayor riesgo de resultados cerebrales adversos.

“Es necesario que los países revisen sus políticas de control del alcohol y evalúen cómo estas pueden ser modificadas para bajar todavía más los niveles de consumo”, advierte un grupo de investigación de la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, que en las conclusiones de un estudio sentencia que solo el consumo cero es bueno para la salud.

La publicación, aparecida en la revista especializada The Lancet, señala que el uso del alcohol es reconocido por los científicos como factor clave de riesgo de morbilidad, y relacionado por estos con 60 enfermedades agudas y crónicas.

Aun así, su asociación con temas de salud sigue siendo compleja, debido al posible efecto protector del consumo moderado en algunas condiciones médicas.

“Algunas investigaciones sugieren que bajos niveles de consumo de alcohol pueden tener efectos positivos en cardiopatías isquémicas, diabetes y otras enfermedades. Esa teoría sigue siendo una cuestión abierta, y ha sido retada por recientes estudios”, indica el artículo en The Lancet.

El estudio toma en cuenta estimados del uso de alcohol, muertes atribuibles al alcohol y DALYs (Disability-Adjusted-Life-Years) o AVAD (años de vida ajustados por discapacidad) en 195 países o territorios entre 1990 y 2016, en ambos sexos y en cinco grupos de edades comprendidas entre los 15 y los 95 años, o más.

Mediante 694 fuentes de datos sobre consumo alcohólico a nivel individual y de población, así como 592 estudios prospectivos y retrospectivos sobre los riesgos del consumo de alcohol, los científicos generaron estimados sobre la prevalencia de los consumos actuales, abstención, la distribución del consumo entre tomadores según cotas de tragos diarios (definidos como 10 g. de alcohol puro), muertes atribuibles al alcohol y AVAD.

“Ajustamos los estimados de ventas de alcohol para tomar en cuenta el consumo de turistas y el no reportado; segundo, hicimos un nuevo meta análisis de riesgos relativos para 23 enfermedades relacionadas con el alcohol, y tercero, desarrollamos un nuevo método para cuantificar el nivel de consumo que minimiza el riesgo general para la salud”, explican los autores.

Como resultado del estudio, a nivel global el uso de alcohol fue identificado como el séptimo factor de riesgo tanto para enfermedades como para AVAD en 2016, y estuvo relacionado con el 2.2 por ciento de las muertes femeninas y el 6.8 por ciento de las masculinas.

Entre la población de 15 a 49 años, fue el principal factor de riesgo en 2016, relacionado con el 3.8 por ciento de las muertes femeninas y el 12.2 por ciento de las masculinas.

En el grupo poblacional de 50 años o más, los tipos de cáncer fueron la causa de una parte considerable (27.1 por ciento en el caso de las mujeres, 18.9 entre los hombres) de las muertes atribuibles al consumo de alcohol en 2016.

Según los modelos empleados, el nivel de consumo de alcohol que minimizó los daños a la salud fue cero tragos estándar (unidad de 10 g. de alcohol puro) por semana.

“El uso de alcohol es un factor principal para la morbimortalidad a nivel global y causa pérdidas de salud sustanciales. El riesgo de mortalidad por diversas causas, y por cáncer específicamente, aumenta con niveles de consumo crecientes. El nivel de consumo que minimiza los daños a la salud es cero”, reiteran.

Y concluyen: “Los resultados de este estudio sugieren que las políticas de control de alcohol deben ser revisadas a nivel mundial, reenfocándose en los esfuerzos para reducir el consumo a nivel general entre la población”.

Entre otras cuestiones, el artículo advierte que el del alcohol es “un colosal problema de salud global y que pequeñas reducciones de afecciones de salud mediante bajos niveles de consumo son superadas por el incremento en el riesgo de otros males relacionados, incluido el cáncer”.

“No hay nivel seguro de consumo de alcohol”, recalcan.

Entre las formas más efectivas y menos caras de reducir los daños relacionados con el alcohol, refieren la reducción de la asequibilidad a través de las cargas impositivas o las regulaciones de precios, incluida la fijación de un precio mínimo por unidad, además de regulaciones del marketing y restricciones de la disponibilidad física del producto.

“Este enfoque no debería de extrañar, pues estas son las medidas más eficaces para reducir los daños relacionados con el tabaco”, afirman.

“Estas enfermedades, vinculadas con conductas poco saludables, facilitadas por entornos insalubres y estimuladas por intereses comerciales que ponen la ganancia de los accionistas por delante de las trágicas consecuencias en seres humanos, son la cuestión sanitaria dominante en el siglo XXI”.

(Con información de The Lancet (PDF-Inglés) / Traducción de Cubadebate)