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Científicos sitúan en Asia nuevas emisiones de gases que amenazan la capa de ozono

El agujero en la capa de ozono fue detectado a inicios de los años 80.

Científicos han detectado un alza en las emisiones de químicos claves en la destrucción del ozono, pese a que la producción de esas sustancias fue prohibida en todo el mundo. Si los nuevos aportes de gases continúan, podrían retrasar por una década la recuperación de la capa que protege al planeta de las dañinas radiaciones ultravioletas.

La fuente de las nuevas emisiones de cloro-fluoro-carbonos (CFC) ha sido rastreada hasta el este de Asia, pero los especialistas advirtieron el miércoles que una ubicación más precisa requerirá una investigación más profunda.

Los CFC, que tienen una persistencia en la atmósfera de 50 a 200 años, fueron usados por largo tiempo en aerosoles, como aislamiento y en aparatos de refrigeración y aire acondicionado, hasta que a finales de los 80 fue adoptado el Protocolo de Montreal, que regulaba la producción y consumo de esas sustancias y fijaba 1996 como límite para su abandono total en el Primer Mundo, mientras que los países en desarrollo contaban con un plazo mayor.

El consenso para el acuerdo se logró tras largas negociaciones y luego del descubrimiento del agujero en la capa ozono sobre la Antártida a inicios de la década de 1980.

Desde 2007 no ha habido reportes de producción del CFC-11, el segundo más dañino de los CFC. Sin embargo, un aumento en la concentración de ese gas fue detectado por Stephen Montzka, de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU, y otros científicos que monitorean la presencia de químicos en la atmósfera.

Según los expertos, las evidencias sugieren que los aportes de CFC-11 “provienen de una nueva producción no reportada a la Secretaría de Ozono del Programa de Medio Ambiente de la ONU, lo cual es inconsistente con la fase de cese de la producción de los CFC para 2010 acordada en el Protocolo de Montreal”.

Erik Solheim, director ejecutivo de ONU Medio Ambiente, señaló que si las emisiones no se reducen o son detenidas, “tienen el potencial de ralentizar la recuperación de la capa de ozono. Por ello es clave que identifiquemos las causas precisas de estas emisiones y tomemos las medidas necesarias”.

La tasa de las fugas había estado declinando establemente hasta 2013, cuando estaciones desde Groenlandia hasta el Polo Sur detectaron un abrupto cambio en el declive, que comenzó a ser más lento. Se inició entonces una investigación que descartó como causa algún cambio en las formas en que la atmósfera distribuye y destruye el CFC-11.

También fueron descartadas la destrucción de viejos materiales en que estuviera presente el gas, y la generación del CFC-11 como subproducto en algún proceso químico industrial.

El hecho de que las cantidades detectadas representaban un aumento de 25% en las emisiones globales desde 2012 convenció a los científicos de que se trata de una producción masiva, a espaldas de lo que los gobiernos han estado asegurando a la ONU sobre el abandono de estos gases.

“Si estas emisiones cesaran pronto, su influencia en la fecha de recuperación de la capa de ozono sería menor. Si permanecen, podría haber una demora de diez años o más”, recalcó Montzka.

(Con información de The Guardian)