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La «lucha»

Foto: Trendmantra.

Lo ajeno no se toca, recalcaba mi vieja cada día, como si aquella máxima del comportamiento honrado pudiera correr algún riesgo de debilitarse ante las tentaciones de la vida. Nada podíamos llevar a Casa que no fuera nuestro, si antes no se justificaba plenamente un hallazgo o un regalo bien habido. Robar era una palabra ofensiva y dura. Ser acusado de ladrón entre los muchachos del barrio era una ofensa terrible, que con toda seguridad conducía a una riña y a exaltados argumentos para demostrar la inocencia ante semejante insulto.

Cuando a mi abuela le robaron la Chiva (Carolina, un ejemplar caprino que nos alimentó de pequeños) un sentimiento colectivo de repulsa se expandió por el vecindario, después se supo la identidad del autor que para la fecha ya estaba tras las rejas por otros fachos similares que diezmaron la fauna doméstica por la zona. Su familia sintió vergüenza de las acciones del delincuente y trajeron hasta nuestra casa una chivita pequeña como gesto de desagravio.

Décadas después, hace ya poco tiempo, en una de mis visitas al terruño salió a relucir el tema de los hurtos y otras acciones similares. Había molestia en mucha gente porque algunos se empeñaban en no usar la palabra robo y sustituirla por “lucha”, así entonces el antiguo ratero que convirtió en chilindrón la chivita de abuela, era ahora nada más y nada menos que un “luchador”. El bodeguero de antaño repudiado en aquellos tiempos después de haber proclamado extraoficialmente que la libra solo tenía 14 onzas, ahora con seguridad habría recibido cuando más una tímida crítica ante “su noble lucha”.

Marcelo chicharrón, fue casi expulsado en su momento del gremio barrial que se encargaba de vender bocaditos de carne de puerco asado en los Carnavales, al ser descubierto mezclando porciones de dos pobres gatos con las masas del mamífero nacional; sin embargo, ahora es “Maestro de Lucha” y no precisamente grecorromana o libre, sencillamente el tipo apadrina a tres o cuatro timbiricheros que hacen y deshacen a costa del más tradicional de los sándwich cubanos.

Incluso Josefina, ha tildado de “esforzada luchadora” a Mercedes (conocida por FARMACUBA dada su disponibilidad de medicamentos que vende ilegalmente) a pesar de que terminó ingresada en urgencias del policlínico, después de intoxicarse bebiendo un líquido dulce que la susodicha le aseguró era el preciado Novatropín.

Lamentablemente contra esas y otras “luchas” la lucha es dura y no se ganará el combate mientras el rechazo social ante toda manifestación de robo no se afiance y otra vez se ponga de moda aquel adagio martiano que bien clara deja las cosas: La pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí.

(Tomado de La Bicicleta)