The Handmaid´s Tale (El cuento de la criada) es quizás una de las series televisivas más inquietante de los últimos tiempos. Provocativa en extremo, incisiva en sus cuestionamientos y con una crudeza sin límites, esta producción indaga en zonas sensibles de la especie humana y habla sin temor sobre la opresión y la pérdida de la libertad. El miedo, los castigos corporales y las violaciones convertidas en ritual, coexisten con una extraordinaria puesta en pantalla y atraen los aplausos de la crítica especializada, pero también la atención de quienes se preguntan dónde termina la realidad e inicia la ficción.
Basada en la novela homónima de la escritora canadiense Margaret Atwood, la serie coloca su mirada en un futuro cercano donde la contaminación ambiental ha dejado estéril a la mayoría de las mujeres en los Estados Unidos. Ante la situación, un grupo radical toma el poder, asesina al Presidente, anula la Constitución e implanta la República de Gilead. En la nueva sociedad, profundamente fundamentalista y puritana, la mayor parte de los valores modernos desaparecen, la mujer pierde todos sus derechos y las que aún pueden engendrar descendencia importan únicamente como un objeto destinado a darle hijos a las familias más acomodadas.
A partir de aquí, las féminas solo pueden aspirar a escasos roles: unas pocas son las esposas infértiles de los líderes de la nación, pero el resto cumple funciones como criadas destinadas a la repoblación del país, empleadas domésticas o prisioneras condenadas a morir mientras limpian las zonas dañadas por la radiación. Sin embargo, ninguna tiene derecho a leer, pensar o expresar sus puntos de vista, porque aun con abolengo de señoras o esclavas sexuales conforman ese grupo inferior causante de las desgracias de la nación. Entre ellas vive la criada Offred, cuyo nombre apenas representa un signo más de sumisión. Si pertenece al Comandante Fred entonces debe llamarse como él.

Las amenazas corporales son recurrentes cuando las criadas olvidan sus normas básicas de comportamiento. Foto: Hulu.
Ese es uno de los grandes aciertos de la serie: el de la narración desde todos los espacios posibles, con un profundo simbolismo y una precisa estructuración de los diálogos. Desde el inmutable vestido rojo de las criadas —alegórico a la fecundidad, pero también a la sangre y al dolor—, pasando por sus actitudes, gestos y conversaciones preestablecidas, hasta la cofia para restringirles la visión de un mundo que ya no conocen, todo funciona para anular su individualidad y convertirlas en sujetos estandarizados.
Con diferentes niveles de lectura e interpretación, para algunos The Handmaid´s Tale significa una defensa del feminismo, mientras para otros representa una buena manera de reflexionar sobre sistemas de gobierno como el implantado por el Estado Islámico o frente al ascenso de tendencias neofascistas o de extrema derecha en algunos países del planeta. A nivel temático, la serie no obvia asuntos tan actuales como la cosificación de la mujer, el acoso a homosexuales, la ablación o las discusiones éticas sobre el aborto.
Sustentada por una milimétrica perfección y una extraordinaria pasión por los detalles, la directora Reed Morano utiliza cuanto elemento cree necesario para desandar la ruta de esta sociedad profundamente misógina e inhumana, mostrar la crudeza del momento y la angustia de unos personajes femeninos casi siempre al borde del abismo. Tanto la cuidada fotografía de tonos azulados u ocres, como la apuesta por el intimismo en las escenas, el uso puntual de la banda sonora y el óptimo aprovechamiento de unos primerísimos planos del rostro de Offred —interpretada magistralmente por Elisabeth Moss—, contribuyen a cerrar espacios y colocar al espectador justo en el centro de este drama asfixiante.
Para ello, esta criada tiene dos voces, una sumisa y temerosa y otra que solo conoce el espectador: rebelde, sarcástica, siempre punzante ante las exageraciones del régimen. Narrada por la protagonista a partir de recurrentes flashback y diálogos internos, aparece en pantalla la descomposición de la sociedad y su conversión silenciosa en la República de Gilead. “Ahora estoy despierta y veo el mundo. Antes estaba dormida. Así es como permitimos que sucediera. Cuando masacraron el Congreso no despertamos. Cuando culparon a los terroristas y anularon la Constitución tampoco despertamos. Dijeron que sería temporal, pero nada cambia de golpe”, recuerda Offred para explicar cómo el país arribó al actual estado de cosas.

La sobriedad en las escenas y un acertado uso de la luz aportan realce y matices a esta producción. Foto: Hulu.
Sin embargo, estas reflexiones articulan un discurso más anclado a la realidad y lanzan preguntas imprescindibles para el debate de estos tiempos. ¿El hecho de conquistar ciertos valores universales como la libertad, la democracia y la dignidad humana significa dejar de luchar por ellos? ¿Qué subsiste debajo de la xenofobia, la intolerancia, el individualismo extremo y los intentos por construir sujetos apolíticos o banales?
“Bienaventurados los mansos”, les recuerdan constantemente a las criadas en los centros encargados de formarlas para su nueva función, como si eliminar cualquier tipo de postura activa y hacer del conformismo una virtud fuera un objetivo esencial para concretar la dominación. Y de hecho lo es, porque la opresión existente aquí no queda solo en el aspecto físico, sino también psicológico, intelectual, cultural, el único modo de desmembrar una sociedad en su conjunto.
Con siete de los diez capítulos de la primera temporada ya emitidos y la garantía de al menos una segunda, The Handmaid´s Tale trasciende por sus excepcionales dotes técnicos y su fina adaptación de un clásico de la literatura canadiense, pero también porque dialoga de forma desinhibida sobre temas universales como la ideología, la moral, el humanismo, la política y los sistemas totalitarios y extremistas. Aun sin pretender erigirse en una obra profética o apocalíptica, tiene el mérito de evadir las posiciones complacientes y tocar zonas punzantes de un modelo que gusta verse a sí mismo como perfecto. Responder a las provocaciones de esta serie con inteligencia y análisis, enfrentarse a ella sin complejos y dispuesto a su arte, pero también al debate y los cuestionamientos, serían buenas maneras de vivir esta historia solo desde la ficción.

En esta sociedad no hay espacio para las iniciativas individuales y cualquier actividad implica el cumplimiento de un ritual. Foto: Hulu.

Todos los elementos que rodean a estas criadas funcionan como símbolos de su sumisión. El reglamentario vestido rojo, la cofia, la obligación de salir en parejas para vigilarse unas a otras, resultan buenos ejemplos. Foto: Hulu.