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Sufrida victoria del Real Madrid 2-1 sobre el Valencia

El centrocampista colombiano del Real Madrid James Rodríguez (d) disputa un balón con el jugador chileno del Valencia Fabián Orellana (i) durante el partido. (Javier Lizon - Javier Lizon / EFE)

El centrocampista colombiano del Real Madrid James Rodríguez (d) disputa un balón con el jugador chileno del Valencia Fabián Orellana (i) durante el partido. (Javier Lizon - Javier Lizon / EFE)

Sufrida victoria del Real Madrid sobre el Valencia (2-1), en un partido en el que los madridista han tenido el control del balón, pero en el que el Valencia, pese a perder ha generado más peligro. Un primer gol de Cristiano en una de sus pocas intervenciones acertadas y uno de Marcelo deshaciendo el empate logrado por Parejode falta, han dado el triunfo a los blancos. Cristiano desperdició el lanzamiento de un penalti. Importante triunfo del Madrid, en uno de los pocos partidos complicados que le quedaban.

La crónica

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Los días de lluvia son días mudos. Y más cuando son inesperados. Son días en los que parece que haya un acuerdo universal para que el único sonido que se oiga es el de las gotas impactando contra el cristal de la ventana. Un falso silencio que sólo es capaz de romper un grito desgarrador como el de Marcelo celebrando su gol, el del Bernabéu chillando un "Otra vez" por detrás de ese "Gooool" que se escuchaba bajo las nubes, el sonido de la Liga.

Necesitó el Madrid de nuevo desatar una locura desesperada para ganar. Se siente cómodo durmiendo en una cama de pinchos y parece inquieto cuando colchón y almohada son mullidos. El golazo de Parejo parecía hacer estallar la Liga, pero lo que hizo fue cortar el cable blanco, el que desencadena una serie de sinsentidos que empiezan con Morata tirando sombreros en un córner y con Marcelo chutando a gol con la pierna derecha.

Marcelo, el que no hizo falta en el Clásico, en aquel partido que el Madrid perdió porque es un animal de instintos, porque le puede la fe y la épica se le sale por las orejas. Marcelo, el que grita los goles como quien se lanza contra el enemigo en la batalla sin darse cuenta de que la acaba de ganar y su estandarse descansa en la red rival. Marcelo, el símbolo de la locura del Real Madrid, el que guardó bajo candado ese comodín que tiene el equipo blanco para pegarse un susto en la Liga.

Aunque de sustos vive el Madrid, continuamente, jornada a jornada. Un minuto tardó Santi Mina en mandar un balón al palo, aunque no sirvió de aviso para un equipo que jugó al tran tran, a un ritmo infinitamente inferior al de Riazor. Es lo tremendo de la plantilla de Zidane. Dos equipos completamente diferentes que conviven en el mismo vestuario y que tienen el mismo ADN. Ante el Valencia salió trotón y no supersónico.

El Madrid fue creciendo en dominio hasta que a Carvajal le cayó un balón en la banda. Le dio tiempo a controlarlo, sacarse un caramelo del bolsillo, quitarle el envoltorio, darle un par de pasadas en la boca y buscar a lo lejos a Cristiano con un centro medido a la cabeza que Ronaldo no falla ni en pesadillas.

El que sale en ellas es el que le amargó en la segunda parte. Parejo no pudo remediarlo y es comprensible. Tener a Modric cerca da ganas de abrazarle, de achucharle y no soltarle, pero la cosa cambia cuando se está jugando un partido y estás dentro del área. Cristiano plantó la bola en los once metros y Diego Alves se colocó sobre la línea. Como dos vaqueros del Oeste, con la diferencia de que el portero se tiró para detener la bala y no para esquivarla. Lo del brasileño ya no puede ser casualidad.

Y empezó a perdonar el Madrid. Hasta que Parejo mandó una falta a la escuadra a ocho minutos del final, para desgracia de su equipo. Porque a este Madrid o le marcas en el último segundo o nunca le cierras la tapa del cajón de madera. Lo que hizo ese tanto fue reactivarle, devolverle a la incomodidad, a la cama de pinchos. Donde reposa tranquilo el equipo que sigue dependiendo de sí mismo para ganar esta Liga.

El Barcelona goleó al Espanyol 3-0

barca-golea-al-espaynolEl Barcelona salió airoso del derbi. Encontró un resquicio entre los barrotes de la jaula 'perica' y escapó hacia la libertad para pelear por esta Liga hasta el último suspiro. Lo hizo con ayuda, con la que ofreció Jurado en un error garrafal que permitió abrir el marcador a Luis Suárez. Rakitic terminó de levantar el vuelo azulgrana y dirigió el rumbo hacia un necesario liderato que confirmó de nuevo el uruguayo con un tercer gol. Con una Liga de por medio, no hay trampa que engañe a este Barça.

Fue el derbi que más o menos todos esperaban. Un Espanyol incómodo, intenso, agresivo hasta el límite y con las ideas clarísimas. Tanto o más las tenía el Barça, que optó por el fútbol control, por asegurar la línea de pase, por mostrarse paciente en medio del manojo de nervios en el que se mueven los dos candidatos a esta Liga. Bajó las revoluciones y eso lo alejó del sufrimiento defensivo pero facilitó el trabajo del Espanyol. Así voló la primera parte, sin un solo disparo entre los tres palos, ni de unos, ni de otros.

El aviso de Jurado a los seis minutos en un disparo a quemarropa ante Ter Stegen fue una excepción dentro de la regla. Esa que mantenía a raya al Espanyol sin exigir a su defensa grandes esfuerzos. Necesitaba hilar fino, muy fino la MSN para encontrar un resquicio ante uno de los sistemas defensivos más sólidos de esta Liga.

Todo cambió con el regalo de Jurado. Una cesión inoportuna del centrocampista 'perico' sirvió un regalo a Suárez que el uruguayo no podía darse el lujo de desaprovechar. El tanto sirvió para acabar con las ataduras propias del rigor táctico y ahí encontraron huecos Messi y Neymar para agitar el partido.

Evitó Diego López el tanto del brasileño pero el sistema de Quique se tambaleaba en cada transición rápida de los azulgrana. El movimiento fue constante hasta que Rakitic terminó por derribar a los 'pericos'. Lanzó el contragolpe Messi y le puso al croata el tanto en bandeja de plata.

Aarón regala la sentencia

Ahí se acabó el derbi. Messi empezó a divertirse y el Espanyol entregó las armas. La cadena de errores 'pericos' se completó con un fallido despeje de Aarón que de nuevo agarró Suárez. El uruguayo, que pasaba por allí, se dio un pequeño homenaje tras varias jornadas sin ver portería.

Se reenganchó Suárez a una Liga que toca a su fin. La calculadora sigue igual y el Barça suma de tres en tres. Es todo lo que se puede hacer. Y, con partidos como el de Cornellá, no es poco. Aunque quizá sí termine resultando insuficiente.

(Con información de Marca)