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De visita, el Eibar alarga el calvario del Real Madrid (+ Video)

cr7Los franceses, que por inventar inventaron hasta la Revolución Francesa, tienen la expresión 'L'esprit de l'escalier' para definir esa situación en la que se te ocurre la mejor frase, la respuesta más ingeniosa, cuando ya es demasiado tarde, cuando la discusión ya ha terminado. El Madrid antes era el típico presidente del club de debates, el que nunca se quedaba con la palabra en la boca y siempre tenía la frase a punto para zanjar cualquier conversación y salir victorioso.

Pero de un tiempo a esta parte le invade 'L'esprit de l'escalier' y se le deben ocurrir las mejores frases en casa, cuando el árbitro ha pitado el final, porque se le ha olvidado lo que es ganar. Lo que era un simple dolor de cabeza ante el Villarreal se convirtió en malestar en Las Palmas, en algo más serio en Dortmund y gripe ante el Eibar. Lo positivo para Zidane es que tiene dos semanas para sudar antes del próximo partido.

No, el Eibar no pagó la cuenta ni el pato de color amarillo. Al revés. Se plantó en el Bernabéu sin complejos y, donde otros hubieran cavado trincheras para sobrevivir al bombardeo final, ellos se dedicaron a inutilizar la artillería madridista. Desde el primer minuto demostraron que querían buscarle las cosquillas a un Madrid espesísimo. Fran Rico reavivó fantasmas con un cabezazo en el minuto 5. Remató absolutamente solo, sin nadie que le hiciera compañía, que es una mala costumbre que está cogiendo la zaga blanca, y contó con la colaboración de un Keylor que se quedó debajo del larguero y sacó unas manos blandas, segundo fallo en pocos días. A Navas no se le ha olvidado montar en bici, pero lleva mucho tiempo sin dar pedales y le cuesta mantenerse en equilibrio.

El público se movió en esa discusión interna entre pitar el mal juego o animar al equipo para buscar la mejora. Acabó ganando el sector crítico. Lo probó el Madrid por banda y se olvidó del centro. Y eso mató a un equipo con Kroos, Kovacic, Isco y Benzema, acostumbrados a abrir cajas fuertes con horquillas, que vieron inutilizadas sus mejores características mientras volaban los balones al área.

En uno de ellos, sin embargo, y porque al final tienen muchísima pólvora, Cristiano mareó a Capa y centró al segundo palo para que Bale, de cabeza, igualara el encuentro. Con más de 70 minutos por delante, noventa y nueve de cada cien dentistas apostaban por la victoria del Madrid.

Pero el Madrid sin Modric no es lo mismo. Es como una cerveza sin alcohol. Que sí, que tendrá el mismo color y todo lo que tú quieras, pero no. Y si a eso le sumas la baja de Marcelo y la lesión inoportuna de James a segundos del inicio, pues te queda un equipo plano y un entrenador que no fue capaz de cambiarle la cara. El principal argumento de los de Zidane para ganar era "Somos el Real Madrid y tendremos que acabar ganando" y a veces no vale con eso.

El Eibar dio una lección y acabó atacando hasta el 90'. El partido de Dani García, Pedro León, Capa o Fran Rico fue de sudor y quilates. No se esforzaron en negarle el gol al Madrid, la intención era ganar. La impresión del equipo fue fantástica y, aunque el empate en el Bernabéu valga lo mismo que el empate en Ipurua, la sensación también suma.

La sensación, precisamente, es lo que peor sabor de boca deja en el Bernabéu. No valía con ganar, pero es que ni se ganó. Había que disipar dudas y se acabaron abonando. Las próximas dos semanas sin fútbol se antojan largas en los despachos de Valdebebas, donde hay que buscar una fórmula que no es tan complicada como la de la Coca-Cola, se trata de que jugadores que están entre los mejores del mundo jueguen bien. A Zidane le toca hacerse mayor como entrenador.

(Con información de Marca)