Hace unos seis años, el juego de play off entre Gallos y Leones devino espontánea coreografía gigante donde un montón de gente intercambiaba golpes al compás de palabrotas, en una danza misteriosa que le dio la vuelta al mundo.
Luego, en 2014, el partido Villa Clara-Matanzas se transformó en espectáculo de artes marciales cuando un hombre bate en mano obligó al otro a ser Steven Seagal y esquivar un par de swines.
Por último, hace poco, el choque entre Leñadores y Cocodrilos se contagió de las hazañas de la lucha cubana en los Olímpicos de Río y regaló un pasaje memorable con proyección incluida sobre un jugador y espectacular barrida al árbitro.
Definitivamente, la magia del béisbol nunca para de asombrarnos.