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Fue una Francia sin guion, como todas en el torneo. No empezó mal, pero tampoco acabó bien. Pogba fue lo mejor de un inicio prometedor que terminó en un final sombrío. En esos minutos del principio, eso sí, evidenció que el interés del Madrid por él tiene sustento. No se había visto hasta ahora en el torneo una versión suya tan arrolladora, mejorado también por el hecho de partir un poco más por la izquierda y no por la derecha. Su colección de detalles en los primeros 20 minutos fue apoteósica. Generó, asistió, pisó área y disparó con las dos piernas hasta hacer temblar la portería suiza. Sommer salvó en un tiro que se dirigía a su escuadra y luego fue el propio travesaño el que escupió fuera. Todo tuvo el sello de un Pogba colosal.
A ese ritmo francés era obvio que Suiza no resistiría. El problema de Francia, sin embargo, es que sus partidos son como gotas con las que llenar una palangana. No hay continuidad y no la hubo tampoco esta vez. Para colmo, cada transición suiza partió a los galos como a una oblea. En ese sentido se echó en falta el bombero defensivo que es Kanté, reservado anoche para evitar una amarilla que le dejara sin octavos.
Suiza vio que el parabrisas francés le permitía atisbar a Lloris, que empezó a inquietarse. Djourou tuvo la ocasión más clara en un córner convertido en cuadro abstracto por la débil defensa francesa. Embolo le siguió luego las intenciones, aunque Koscielny se cruzó de forma decisiva para evitar el gol. Para entonces ya había menos noticias de Pogba, quien, al igual que el resto de compañeros, se fue quedando sin pilas.
Los suizos pusieron en marcha su reloj y empezaron a tocar con facilidad. No parece difícil quitarle la pelota a esta Francia en su casa y eso es algo que debería inquietar al conjunto anfitrión. Para colmo, su defensa era una especie de flan casero en el que Rami ponía la leche, los huevos y el caramelo. Si Francia gana esta Eurocopa no será por su defensa.
A los galos les quedaba ese flautista solitario que es Griezmann y la posibilidad de que desde el banquillo entrara su graffitero de moda, Payet. El del Atlético, muy lejos del área durante todo el partido, se creó la acción con la que adelantar a Francia. Se la adivinó Sommer. De Payet hubo noticias más tarde al rematar al larguero un centro de Sissoko, que fue tomando la llave que Pogba dejó en su taquilla según avanzó el encuentro.
Francia prefería correr y no tenía ningún reparo en mostrarlo. Así, surgieron sus atletas y menguaron sus artistas. Creció Sissoko, también los laterales Sagná y Evra, al tiempo que Griezmann y Pogba eran ya casi historia en el partido. Las opciones de ganar se redujeron a alguna transición. Suiza sabía que con conservar el balón y no permitir contragolpes tenía el empate en el bolsillo. No concedió más que una falta que Payet estrelló en su compañero Sissoko, el reflejo final perfecto para lo que es la Francia actual: una selección azul, pero un equipo verde. Demasiado verde.

Un gol de Sadiku en la primera mitad derrotó a los rumanos y la selección albanesa podría meterse con tres puntos como una de las mejores terceras clasificadas. Foto: EFE
Albania hace historia
Albania ya no es la cenicienta del fútbol que salía al campo a colgarse del larguero y esperar un capazo de goles en contra. Lo que ha logrado De Biasi con este equipo da para una película. Le clasificó para la Eurocopa por primera vez y, hambriento como sigue, escribió en Lyon la gran gesta del torneo. Un cabezazo de Sadiku dibujó su histórica victoria y le deja con la opción de meterse en octavos como tercera de grupo.
Rumanía fue un fantasma sin el colmillo de Drácula. Es ya la primera eliminada. Salió mandona, con presión asfixiante y llegadas. La más clara fue una volea de Stancu que paró Berisha. Los albaneses tardaron 25 minutos en soltarse el pelo y ya no se lo recogieron. Ayudados en la salida de balón por los centrales y con buenos desdoblamientos de Hysaj, empezaron a creérselo. Avisó Lenjani, con un remate alto a placer aunque en fuera de juego, y Memushaj empezó a pasear su clase. Un triple fallo rumano de concentración fue aprovechado por Sadiku para ser el primer albanés en marcar en una Euro. Lila sacó con comodidad de banda hacia Memushaj, el del Pescara sirvió medido a su ariete, que cogió la espalda a Chiriches y aprovechó la salida en falso de Tatarusanu.
A Albania no le quedaba otra que conservar su gol como un tesoro. Cerró filas como pudo y jugó con la desesperación de su rival, al que ni valía el empate. Lo pudo lograr Florian Andone. El del Córdoba mandó un misil al larguero que encogió el corazón de Tirana y sus 25.000 enardecidos hinchas. La estrategia a balón parado, trabajadísima, estuvo a punto de darle el 0-2. Ahora se queda en Francia a esperar, disfrutar y quizás jugar más.
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Infografía: AS

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(Tomado de AS)