
El líder no falla
Luis Suárez evitó un sofoco mayor del Barcelona, que respondió a la presión de Madrid y Atlético con un triunfo de poco fuste. La expulsión de Westermann en el 35' marcó a un Betis que no se dio por vencido hasta el 80', cuando Lucho embocó el 0-2. Iniesta sobresalió en un líder que jugó andando, como si estuviera exhausto.
Es más que probable que el Barcelona acabe ganando la Liga, pero emite síntomas extraños. No es normal, ni ante el Sporting ni en el Villamarín, que desperdicie medio partido con un ritmo lento, poco movimiento y escaso de agresividad. Se rebrinca Luis Enrique hasta la mala educación cada vez que le preguntan por la forma física, pero da la sensación de que sus futbolistas se regulan conscientes de que tienen gasolina para un ratito. El resto es cuestión de minimizar riesgos.
En todo el primer tiempo, con un Betis muy replegado, el Barça apenas generó dos remates a portería, uno de Jordi Alba tratando de hacer un Sylvinho (remató directo desde la banda, amagando con el centro) y otro de Neymar, que al menos participó más que en anteriores compromisos. Pero con la excepción de Iniesta, siempre claro con balón y en el pase, y Jordi Alba, la mejor opción para desbordar, no resultó complicado para los verdiblancos controlar los ataques del líder hasta la pausa.
Era imposible de prever el ratito loco de Mateu Lahoz, que tiró a la basura su manual de árbitro templado. Castigó cada falta con tarjeta, y en esa tormenta el gran perjudicado fue Westermann, que vio dos en siete minutos. Pura imprudencia la del central, que dejó a su equipo con diez con una hora larga por delante. Con guasa, el respetable cantó el "campeones, campeones" y el himno del Atlético, por chinchar al Barcelona más que nada.
El decorado cambió algo en el segundo tiempo, aunque sin exagerar tampoco. Contra diez y con una Liga por perder, el Barça colocó sus líneas en torno al área verdiblanca hasta obtener recompensa. Gran parte del mérito recayó sobre Iniesta, que apareció por todos lados para pivotar en la circulación azulgrana. En un pase estupendo de Neymar estuvo a punto de atinar Suárez con la zurda, y fue un aviso de lo que estaba por llegar. El tanto cayó de forma poco honrosa, con un centro llovido sin peligro aparente que buscó Adán muy lejos de su portería y pifió Pezzella en un intento absurdo de chilena. Mansa y amable, la pelota cayó en Rakitic, un ex sevillista, que empujó sin oposición. Adán abroncó a su central por la pirueta innecesaria, pero el meta tampoco estuvo fino en la salida. Será pasto de los memes. Su promesa de fastidiar al Barça pasa factura.
Esos memes no tendrán en cuenta un paradón del portero, como Hart ante Pepe, achicando la portería a Luis Suárez, que remató sin oposición a servicio de Messi. El caso es que el Villamarín comprendió que sólo un milagro daría una satisfacción. Y no sería porque el Barça no puso de su parte para amenizar la velada. Regularon los centrocampistas azulgranas y los puntas se adornaron en lugar de rematar, lo que permitió al Betis soñar. Era cuestión de llegar al último cuarto de hora a tiro de un gol y buscar la suerte en cualquier balón largo.
Entraron Musonda y Van Wolfswinkel para refrescar a los puntas, y se marchó Ceballos, tan revolucionado que coqueteó con la doble tarjeta. También lo hizo Alves, y los dos técnicos reaccionaron antes de poner a prueba el brazo ligero de Mateu. Con el 0-1 en el marcador una pelota larga para Riki VW probó la agilidad de Bravo y espabiló al Barça, que al fin cerró la función. En una jugada parada, con Iniesta y Messi pasándosela andando, la zaga bética dejó pensar a Leo y eso implica sentencia. Esperó la diagonal de Suárez, metió el pase y el uruguayo coronó sin pensar, como hacen los delanteros de instinto. Otra muesca en la Bota de Oro.
En ese minuto 81 el Barça se sintió a salvo, con sólo dos jornadas para certificar la Liga. La conjura de los canelones, esa comida de hermandad para lograr el doblete, funcionó a medias. En el electrónico, sin duda. En el juego no tanto. Está claro que a estas alturas lo que cuenta es amarrar los puntos. Como sea.
Gareth Bale responde ante la ausencia de la BBC

Si una oportunidad te sonríe a los ojos, tienes que aguantarle la mirada hasta las últimas consecuencias. Y el Madrid no piensa pestañear en lo que queda de Liga. La cabeza privilegiada de Gareth Bale volvió a resolver un día complicado, un testarazo de campeonato para derribar un muro, físico y psicológico, que se empezaba a hacer demasiado alto para los de Zidane llegados al minuto 80 y que se derrumbó dejando a la vista el camino a la Liga.
De la Real poco más se puede decir que su última jugada. Falta peligrosa cerca de la banda, cerca del área, y con Rulli presto al remate. Illarra no la levantó un palmo del suelo y el partido se acabó.
Bien cerrado atrás, el equipo de Eusebio embreó la zona que cubría su defensa y la primera línea del centro del campo, haciendo imposible que el Madrid acampase allí. James, más voluntarioso que acertado, participó en las dos primeras ocasiones en una suerte que no parece reservada a alguien de su categoría pero que domina de lujo, la puntera. Con ella asistió a Bale, que chutó desviado, y con ella probó a Rulli, que respondió entonces y siempre.
Con muchos cambios en el once, el Madrid no se encontraba porque no encontraba a Modric. Luka es el puntito azul del GPS blanco, el que lo ubica, el que triangula su posición. El que coge al equipo por los hombros cuando está nervioso y lo tranquiliza. Pero empezó a jugar y a dominar. Aun en un partido poco vistoso, empezó a dejar detalles de los suyos, como controlar balones con el pecho como quien se aplica Vicks VapoRub hasta que se le derrama a la bota, y a encontrar huecos donde otros veían persianas bajadas. Sus recopilaciones de jugadas bien podrían tener la categoría de poemarios.
No encontraba camino el Madrid, pero por alto empezó a hacer sendero. Cada córner y cada centro acababa en remate. Empezó a pisar por ahí y acabó fabricando un puente aéreo que le serviría para ganar.
El minutero fue navegando en un mar de tarjetas, faltas e imprecisiones. Durante un buen rato pareció que el colorín colorado del Madrid en Liga se escribía en Anoeta y la depresión de juego se contagiaba al ambiente. Avisó Bale con una ocasión clarísima, cazó un zurdazo en un claro del área, pero el pie de Rulli le negaba el gol. Pero el galés se cambió la chaqueta, se quitó las referencias al Ejército de Tierra y se vistió de aviador.
Quedaban diez minutos y la Liga pasaba de guiñarle un ojo al Madrid a cerrarle el paso a sus pupilas. Isco tardó 75 minutos en salir y cinco en bautizar el gol. El malagueño, a veces redundante en el gesto, tuvo un par de acciones en las que oteó el tanto pero no encontró cómplice hasta el 80', donde miró a banda y surgió Lucas. El canterano colgó un balón que pareció más trozo de carne lanzado a una jaula de león hambriento, porque Bale saltó a por él como el niño al que se le escapa un globo. Pero Gareth lo alcanzó y lo remató a la red, el único imposible para Rulli en la tarde.
Sufrió el Madrid al final y Keylor tuvo que hacer de las suyas, pero la Real sigue sin ganar desde que tumbó al Barça y se volvieron los blancos de Donosti con tres puntos y una certeza. Por ellos no va a quedar. La han rondado, la han mirado y les ha sonreído. Pero para besar la Liga dependen de otros pretendientes.
Con Griezmann basta

Griezmann marca el 1-0 y lleva al Atlético a la cima a la espera del Barcelona.
Griezmann explicó en 42 segundos la diferencia entre un titular y un suplente. Se agradece la capacidad de síntesis exhibida por el francés en tiempos de discursos vacíos. Saltó al pasto junto a Fernando Torres, marchándose en el intercambio Óliver y Vietto, ay Óliver, ay Vietto, y en menos de un minuto había sacado el latigazo que decidió otro partido en el alambre, de ésos en los que el Atlético siempre parece a punto de caer, de esos en los que el Atlético casi nunca cae. ¿Y que hacían esos tipos en el banquillo? ¿Y que hacían junto a ellos Filipe, Koke, Saúl o Savic? Ésa, amiguitos, es otra historia.
No se trata de que Simeone tirara de los que no son habituales, sino de que Simeone tiró a la vez de todos los que no son habituales. Y entre ellos había tipos cuya ausencia de los terrenos se contaba por meses, a los que en ocasiones ni siquiera se incluía en la convocatoria y que poco a poco habían caído en el olvido rojiblanco. Sería cuestión de analizar caso por caso, pero los hay además que parecían y parecen dar por buena esa situación, sin rebelión alguna contra el orden establecido. No hace falta señalar desde aquí, primero porque es de mala educación, después porque ya lo haría el propio cuerpo técnico con sus cambios.
Total, que sobre el césped del Calderón apareció un Atlético absolutamente desnaturalizado. El Cholo y su gente conocerán mejor que nadie el desgaste físico y mental de los que se batieron el cobre el miércoles y tendrán que batírselo otra vez el martes, Múnich espera, pero el detalle, permitan que lo llamemos así aunque detalle no era, es que la escuadra rojiblanca se jugaba la suerte liguera. Y no parece aún el Atlético en condiciones de apostar al todo o nada las temporadas. Como la cosa salió bien, eso sí, hay que tragarse las líneas anteriores. Una vez escritas, por supuesto, que la crónica está aquí para ser rellenada, pero el caso es que hay que tragárselas.
Óliver, Vietto, Thomas...
En tropel aparecieron los mencionados Óliver y Vietto más Jesús Gámez, Thomas o Kranevitter, de los que no había demasiadas noticias últimamente. De los del Bayern apenas sobrevivían Oblak, Juanfran, Giménez y Gabi, completándose la alineación con Lucas y Correa. Y el Rayo, tan contento. Jémez también había dado una vuelta a su equipo, pero en su caso obligaban las bajas. Llorente arrancaba en mediocampo, pero con tendencia a retrasarse para ayudar a los centrales en la salida del balón, sobre todo después de que éstos pifiaran un par de ellas en el arranque. Tuvo cierta salsa el Atlético de los primeros minutos, pero mucho más que su juego tuvieron que ver esos errores de una zaga, la franjirroja, que sin daños que lamentar acabó afianzándose.
Juan Carlos sacó una gran mano a Correa, pero Oblak trabajaba tanto o más que él. No demasiado, pero tanto o más que él. Volvió a repetirse, por cierto, una escena contemplada apenas tres días antes, pero que no deja de sorprender en el Calderón: el visitante saca desde la esquina y un tipo cabecea absolutamente solo. Entonces fue Javi Martínez, ayer fue Amaya. Ni una ni otra acabaron en la jaula, pero la sospecha general es que un tercer despiste en el Allianz no terminaría igual. En el otro lado la cosa iba de mal en peor: Vietto pasaba la vida en fuera de juego y aun así perdía carreras, Óliver se ha convertido en una sombra y Thomas deja mucho que desear tácticamente. Los chispazos de Correa no resultaban suficientes.
Sorprendió el primer movimiento de Simeone, o de Burgos, o de quien fuera: el sentimiento unánime desde el punto de vista rojiblanco es que movimiento debía haber, porque aquello se iba al garate, pero con lo que no se contaba es con que desapareciera de escena Gabi. De escena en lo que al verde respecta, porque a la que se retiró al banquillo agarró el pinganillo, suponemos que para mantener contacto directo con Pablo Vercellone, a la sazón preparador de porteros, que llevaba otro como el del capitán y que, curiosamente, se sentaba en el palco al lado del Cholo. Como dijo en su día el gran Gila, "alguien ha matado a alguien..."
Funambulismo rojiblanco
El Rayo iba a más por minutos y no había tiempo que perder desde la perspectiva local. En el minuto 54, el Atlético agotó los cambios. En el minuto 55, el Atlético había marcado. Griezmann aprovechó su primera carrera para buscar y golpear la pelota con la fe que les había faltado a otros. Aquí un titular, aquí unos suplentes. El resto fue el habitual ejercicio de funambulismo, angustioso por el dominio visitante, pero sobre todo porque el calendario agoniza y ya no concede error alguno. No es que hubiera oportunidades claras, y si las hubo se compensaron con las contras locales, pero por allí andaban Miku, Javi Guerra e incluso Manucho. Gente con aviesas instenciones, sin duda.
El que manda es Oblak, sin embargo, así que fue cuestión de esperar un tiempo para que cayera otro 1-0 con sus correspondientes tres puntos. Y ahora, a Múnich. Con la gente fresca. Estuvo a punto de salir mal, pero salió bien. Para la próxima vez ya lo sabe el Atlético: los experimentos, con Griezmann.
(Tomado de Marca)