
El 11 de abril de 2002 América Latina vivió uno de los episodios más importantes que marcaron la historia contemporánea. No solo fue el golpe de Estado contra el presidente venezolano Hugo Chávez sino que dejó lecciones que están vigentes catorce años después.
Ese día se evidenció, por un lado, el verdadero rol de cierto poder mediático al servicio de grupos tradicionales que buscaban recuperar, rompiendo el orden constitucional, el poder perdido en democracia; y, por otro lado, la importancia de un pueblo que siempre estará dispuesto a salir a las calles a defender a su gobierno, siempre y cuando sienta que sus necesidades son atendidas.
El 11 de abril fue el corolario de una campaña orquestada desde los sectores políticos de derecha, del empresariado y las grandes corporaciones mediáticas venezolanas para desgastar al gobierno revolucionario del presidente Chávez desde el primer día que asumió el poder.
En múltiples videos y documentales expuestos en internet se puede apreciar el ataque sistemático contra el gobierno del presidente Chávez, quien en los apenas tres años que tenía en el poder había impulsado transformaciones para que la riqueza de uno de los mayores países productores petroleros del mundo se invierta en proyectos sociales y no quede en las manos de las transnacionales y de unas pocas familias privilegiadas de Venezuela, como había ocurrido históricamente.
La desinformación y la imposición de un Estado de opinión desde los medios, polarizó a este país de 30,8 millones de habitantes que buscaron en las calles la solución a sus demandas. Unos, por un lado, querían la salida del gobierno constitucional y otros, en cambio, la continuidad del orden democrático.
Los discursos incendiarios de un sector de la oposición calentaron el ambiente y derivaron en violentos enfrentamientos en las calles de Caracas el 11 de abril de 2002. Ese fue el escenario propicio para que ciertas cadenas informativas distorsionen la realidad de lo que ocurría en las calles y plazas a favor de los intereses de un golpismo que ya se había confabulado para sacar del poder al comandante Chávez.
Un episodio clave de la desinformación fueron los acontecimientos del puente Llaguno cuando una importante cadena televisiva venezolana hizo aparecer a un grupo de chavistas como los autores de una masacre de ciudadanos de la oposición cuando realmente esos partidarios del gobierno lo que hacían era defenderse de una policía municipal armada al servicio de la oposición que los cercó en dicho paso peatonal caraqueño.
Esa icónica imagen de un chavista disparando que dio la vuelta al mundo fue, según las grandes corporaciones mediáticas, la prueba de la violencia chavista y la razón por la cual se justificaba el traspaso del poder en Venezuela.
Horas más tarde, el mandatario era tomado prisionero por militares golpistas y llevado a una base militar donde quedó incomunicado. Mientras tanto, el golpismo representado en el entonces presidente de las cámaras de la producción, Pedro Carmona, lo posesionó como presidente de la nación, sin existir de por medio un pronunciamiento de alguna instancia legal.
Como testigos de la asunción del gobierno de facto estuvieron representantes de la prensa, militares, de la iglesia católica, entre otros actores.
La prensa en sus titulares celebraba el fin del chavismo, pero al mismo tiempo imponía un silencio informativo respecto de las multitudinarias protestas que se habían organizado en las calles que demandan el regreso de su líder, el comandante Chávez.
La inédita presión popular motivó a un grupo de militares leales con el orden constitucional a rescatar al mandatario y posesionarlo nuevamente en el poder en la madrugada del 14 de abril.
Carmona, la oficialidad golpista y decenas de actores vinculados con el atentado a la democracia Estado huyeron del país para evadir la justicia y seguir asediando al proceso político de la Revolución Bolivariana.

El comandante Hugo Chávez retornó al poder el 14 de abril luego de una gigantesca presión popular contra el golpe de Estado propiciado por poderes tradicionales venezolanos. Foto: PSUV
Hoy, 14 años después de la revuelta golpista que dejó centenas de víctimas, los mismos sectores que violentaron la democracia, aupados en una mayoría legislativa pretenden dejar sin castigo estos acontecimientos amparados en una Ley de Amnistía, algo que es rechazado por el gobierno del presidente Nicolás Maduro, sostiene el periodista venezolano José Vicente Rangel.
El también exvicepresidente considera que el plan para derrocar al gobierno revolucionario no solo tenía como objetivo desalojar del poder al comandante bolivariano sino que el verdadero objetivo era eliminar la Constitución de 1999, la más avanzada y democrática que ha tenido el país suramericano.
“Se trataba de un golpe contra el Estado social, de derecho y de justicia, en ella consagrado; contra los cambios sociales, económicos y culturales que se estaban operando, y contra el protagonismo político que venía asumiendo el pueblo venezolano”, detalló Rangel en su columna El Espejo.
Reflexiona que los pueblos de América no se pueden estancar en el recuerdo, pero tampoco se debe auspiciar la amnesia colectiva, por lo que demanda “estar más alertas que nunca” y no subestimar las intenciones que “con descaro” manifiestan opositores a los gobiernos progresistas de la región sobre la necesidad de arremeter contra el orden constitucional.
(Tomado de la agencia pública de noticias http://www.andes.info.ec/es/noticias/enemigos-democracia-permanecen-vigentes-luego-14-anos-golpe-gobierno-hugo-chavez.html" >Andes)