Convención Mundial del Deporte: Las lecciones de Sochi

Joel García, enviado especial de Trabajadores

Sochi.— Por espacio de seis jornadas, los decisores del deporte mundial, incluidas las grandes empresas e industrias que le mueven las piernas hoy, se reunieron en esta ciudad rusa, convocados por SportAccord en su Convención Mundial, que incluía asambleas de federaciones internacionales, talleres, conferencias, promociones, entrega de premios y un sinnúmero de actividades imposibles de cubrir todas desde el periodismo.

Desde el primer día, las críticas al Comité Olímpico Internacional (COI) del máximo organizador del evento, Marius Vizer, hicieron estallar reacciones reales (varios federativos pidieron salir de inmediato de la que algunos consideran la segunda entidad deportiva más poderosa) y mediáticas en función de buscar el ojo de una tormenta que a ratos parece demasiada intensa y complicada de entender.

No era esa la esencia de la Convención, pero terminó siéndola hasta el final, con disculpas intercaladas del también titular de la Federación Internacional de Judo por la forma de expresar su opinión, aunque seguía pensando lo mismo; tensiones y divisiones claras de bandos en los pasillos del Centro de Exposiciones, y muy pocos acuerdos de cómo curar la enfermedad “de más y más dinero” en una actividad sociocultural que todavía puede salvar y motivar, por suerte, a millones de personas en el mundo.

SportAccord, dígase de una vez, fue la más beneficiada de toda la polémica vivida, pues quienes no la conocían fijaron su vista en ella como una contraparte importante al COI; en tanto para quienes ya sabíamos de sus casi cinco décadas de creada con nombres y formatos diferentes al actual, también nos alarmó la táctica usada por su presidente para hacerse sentir en medio de un pastel del que pican con un poder de decisión mayor el COI, la Asamblea de Comités Olímpicos Nacionales (ACNO) y la propia entidad dirigida por Vizer desde el 2013 y hasta el 2019, tras su relección aquí..

Quizás de las cosas que menos hablaron los medios fue de la cara positiva y estimulante que vimos por estos días en la propia Convención con las clases magistrales en las Zonas de Demostración Deportiva; de la preocupación manifiesta por reconocidos académicos acerca de las novedosas formas y productos para doparse, o la excesiva comercialización de los atletas hoy al punto de identificar sus nombres a partir de las marcas que lo patrocinan.

La exhibición en los stands de todos los eventos principales del deporte mundial hasta el 2019; intercambio directo con una industria creciente: creación de software, montaje de ceremonias, marketing de eventos; y la posibilidad de tener a primera mano ministros, federativos, presidentes de Comité Olímpicos Nacionales, entre otros, son otros de los aciertos a destacar de este foro anual, al que lamentablemente Cuba no asistió.

Es de lamentar también que América Latina y África volvieran a quedar fuera de los debates y de exponer sus ofertas –recordemos que esta es la 13 edición-, pues con excepción de algunos dirigentes al más alto nivel de México, Uruguay y Perú, del resto del continente fue imposible encontrar un delegado. ¿Es que acaso solo europeos, asiáticos, árabes y estadounidenses tienen la verdad absoluta sobre el presente y futuro de esta actividad física y sociocultural?

Con toda razón no faltó quien comentara a este periodista que si algún país podía mostrar y decir cosas respetables en este campo eran los cubanos, desconociendo incluso que muchos de los productos que tenemos hoy en la informática y medicina deportiva, por solo poner par de ejemplos, podrían no solo ser expuestos aquí, sino que de seguro ganarían muchos interesados.

Sochi, donde pocas veces vimos el termómetro por encima de los cinco grados, dejó lecciones por doquier, pero la más importante: es necesario conocer el terreno de competencia para no vivir de espaldas a él. Todo lo demás se queda en la memoria de quienes presenciamos a orillas del Mar Negro el inicio de una nueva era en el movimiento deportivo internacional. Que nadie lo dude.