
El escritor cubano Leonardo Padura Fuentes.
Por Carlos E. Morales
Este sábado, antes del mediodía, ya Leonardo Padura había escrito palabras como para llenar dos capítulos de su próximo libro: es el precio de ser un autor de culto, y que encima tiene amigos y admiradores que esperan una dedicatoria personalizada…
Esta vez, el pretexto fue la presentación de la edición cubana de su más reciente novela, Herejes, indagación sobre la presencia judía en Cuba, que nos trae de regreso al entrañable antihéroe Mario Conde, más viejo, más nostálgico y más herido, pero dispuesto a cuidarse de ciertos prejuicios inherentes a la cuarta edad.
Aunque no hubo divulgación, la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba estaba repleta. Colegas, familiares, viejos cómplices, amigos, seguidores y snobs acudieron a una presentación que podría darnos una idea de cómo será la cosa en la cercana Feria Internacional del Libro, o sea, largas colas y cierto molote.
Los asistentes tenían tantas ganas de garantizarse un ejemplar, que una buena parte salió de la sala a marcar en las mesas de venta sin esperar a oír lo que Padura tenía que decir. Claro, tampoco era tanto, pues el Premio Nacional de Literatura 2012 cree firmemente que los autores no deben hablar en sus propias presentaciones.
No hacía mucha falta, pues Marilyn Bobes y Rafael Grillo hablaron maravillas de la novela y afianzaron en el público las ganas de comprarla. Marilyn fue exhaustiva y rigurosa en su análisis, mientras Grillo fue más práctico: al final, él sabía que dijera lo que dijera, la gente igual se leería la novela.
Para Marilyn, esta es quizás la más ambiciosa, madura y mejor novela del autor de Vientos de Cuaresma. Aquí funde el policial con la indagación histórica y social, mientras la trama discurre en la intemporal lucha del ser humano en busca de su libre albedrío. “La literatura de Padura desafía a este mundo audiovisual que parece desplazarla, una decadencia de la cual también somos responsables los escritores”, señaló.
A su vez, Grillo relató como Padura “saboteó” hace cuatro años la presentación de una novela suya en una Feria: desde su estrado, tuvo que ver cómo sus amigos se marchaban a la inolvidable presentación de El hombre que amaba los perros. Estima que ningún escritor cubano tiene esa especie de culto que forman los “padurólogos”, y resaltó cómo Herejes ratifica que la vida es “un escuálido y conmovedor proceso de aprendizaje de la vida misma”.
Padura fue consecuente y habló poco, pero sus criterios siempre son noticia. En primer lugar dedicó esta edición al culpable de esta novela, y quien seguramente iba a ser su primer lector, si la muerte no se lo hubiera llevado: Jaime Sarusky. Entre las muchas lecciones sobre la cultura hebrea que le dio, el recordado “Tigre” le enseñó cómo un judío-polaco podía ser más cubano que muchos cubanos.
Agradeció a muchas personas. A su amigo Arturo Montoto el haberle mostrado a Rembrandt desde la perspectiva de un artista plástico. A su primera lectora y editora Vivian Lechuga, por señalarle que “una mierda es una mierda”. A su esposa Lucía Coll, por lo de siempre. También dedicó unas palabras a otro entrañable personaje que destilaba cubanía, el arquitecto Mario Coyula. Mencionó a muchos más, hasta que comprendió que alguno podría quedarse fuera, y pasó al libro.
Herejes le tomó cuatro años de investigación y trabajo, y tras la dura pelea cubana contra los demonios de la ineficiencia poligráfica, ya está a disposición del lector cubano, cuya fidelidad le ha asegurado el que considera el premio más importante, porque nadie lo puede amañar: el Puerta de Espejos que concede la Biblioteca Nacional al autor más leído en la red de bibliotecas del país.
Espera, dijo, que esta obra fortalezca la relación de comunicación forjada durante años con sus lectores. La definió como una novela polifónica, sin trabas, más bien con pasadizos que faciliten el diálogo, y sobre todo que invitan a reflexionar y a abrirse a nuevos universos. En particular destaca su intento de comprender a esa tribu urbana que despierta tanto prejuicio, los “emos”, víctimas ahora del rechazo de quienes antaño fueron rechazados por sus mayores.
Algunas preguntas quedaron en el aire, como el título de su nuevo proyecto de libro, o su opinión sobre la actuación del Cuba en la Serie del Caribe, pero había mucha gente esperando por una dedicatoria suya. Y a mí no me gustan las colas.
(Tomado de Cuba Contemporánea)