
Foto: Nohema Díaz.
Por Katia Siberia García
Jaque, también, quiere decir fanfarrón, pero eso no le pega a los guajiros. Podrá haber quien exhiba un galaxi en su cartuchera de cuero tallado y cuelgue en su cuello dos cosechas de frijol, pero en el fondo, ningún guajiro es fanfarrón, ni vanidoso. De modo que "el jaque de los campesinos" es otro, aunque los tableros de ajedrez y los puntos ELO le sean tan o más ajenos, que el exhibicionismo barato.
La analogía se da en la tierra, porque los campesinos quieren producir más de lo que solicitan los contratos; de hecho, lo hacen, y ponen en jaque al Estado que solo puede asimilar una parte de sus cosechas, limitado por los escasos recursos, el paquete tecnológico o las capacidades industriales. Ellos, no obstante, cultivan a riesgo, a sabiendas de que los quintales son proporcionales al billete.
Fue así que en 2013 cumplieron lo pactado con todas las líneas productivas, excepto el tabaco y el arroz, y el excedente abarrotó las carretillas y puntos de venta, escenarios sin precios topados que exponen al consumidor a una oferta que, dicen, fluctúa con la demanda.
En la práctica eso significa que, si hay poco o, apenas, comienza la temporada, cuesta muy caro y, si se está pudriendo, entonces, solo caro; razón por la cual, "la abundancia" no se traduce, necesariamente, en superproducciones, sino en mercancía inaccesible para la mayoría.
Los propios campesinos culpan a los intermediarios de esta situación, pero la realidad les exige a muchos permanecer en el surco, dejando a un lado la comercialización. El Estado que, también, es uno, al menos, topa sus precios protegiendo a la población. Con los cuentapropistas... ya se sabe.
El presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), en la provincia de Ciego de Ávila, Hanoi Sánchez Medina, concientiza la disyuntiva y advierte sobre la inclinación de los cultivadores hacia productos que tienen un mercado seguro o generan dividendos sustanciosos. "El campesino debería saber a cuánto va a vender su cosecha, para poder calcular su costo y evaluar realmente su trabajo, pues a 3,00 pesos el plátano macho, la demanda puede ser de 10 quintales, a 1,00 puede ser de 30 y a 0,20 centavos, 1 000".
Aun con esas "limitantes" reconoce que hoy el territorio posee mayores potencialidades para cumplir lo que se exige y que se esperaban, por ende, mayores aportes de los usufructuarios. "Comenzamos a evaluar la situación productiva de las tierras, sin obviar las condiciones en que se entregaron, y hay un grupo que no le ha sacado el provecho que debía. Esto se analizará con la comisión agraria de cada municipio; primero para exigir mejores resultados, y luego, de ser el caso, para rescindir la tenencia."
No obstante, los más de 10 000 usufructuarios y casi 3 000 propietarios, adscritos a la ANAP, están conscientes, en su mayoría, del compromiso social de un labriego en tiempos de escasez e importaciones. Hace una semana, excepto los apicultores por falta de floración, acopiaban, de conjunto, lo pactado con el sector estatal en todos los renglones; y aunque unos 240 productores de leche no abonaban lo acordado, el extra de sus homólogos cubría "el bache".
En ese sector, el ganadero, se concentran varias problemáticas inquietantes. Hanoi las resume con la paradójica lamentación de un vaquero que se condolió en una asamblea: "Ahora a mi vaca le ha dado por parir solo hembras, estoy perdido". Lo que en cualquier lugar supondría desarrollo, acá equivale a complejizar la ya crítica situación del flujo vacuno, pues unas 4 600 hembras no tienen cabida en los terrenos de sus dueños, y el único comprador, la empresa estatal, tampoco alberga sitio para ellas. La paralización no ha inmovilizado a todos, si bien las alternativas lucen exiguas en medio de tamaño embotellamiento.
Sin embargo, la situación más grave que pesa hoy sobre los hombros del campesinado avileño, pesa tanto como el millón 800 000,00 pesos que se les debe. A ello ascendía la deuda el mes pasado, con vaticinios de incremento, debido a la crítica realidad financiera de las empresas agropecuarias que hoy, a su vez endeudadas, no disponen del capital suficiente para pagar las producciones entregadas o por aportar.
Hanoi se lamenta: "Hay campesinos a los que se les debe más de 100 000,00 pesos, y es complejo porque necesitan ese dinero para vivir, para invertir, incluso, en otras cosechas y continuar produciendo. Hay disgustos en las familias, problemas que se han generado con los impagos, y no podemos decir que la gente se sienta bien, pero entienden cuál es la causa, saben que no depende de la empresa, de la ANAP o de la Agricultura, sino del sistema que le impide al Banco realizar préstamos o permitir créditos a entidades que le deben, al mismo tiempo, enormes sumas.
"Sabemos que es un escenario grave. Ni siquiera podemos asegurar que pagaremos mañana, solo que sí se pagará, pero hoy no está en manos de la provincia hacerlo."
Al margen de esa crisis monetaria, el presidente de la ANAP destaca que se ha ganada en organización, con la mira puesta en delimitar peculiaridades en medio de lo general. "Nos estamos proponiendo, mediante el control, saber quién realiza los grandes aportes y quién permanece muy por debajo de la norma, porque, a veces, cuando se cumplen los contratos se cree que todo está bien y en esa cifra global hay especificidades que deben analizarse.
"Hay que controlar mejor para exigir más, saber quién desvía y, también, para conocer a quién se le dilata la compra del producto e intervenir, pues es muy engorroso que se le vire para atrás una cosecha de frijol al campesino, cuando el porcentaje de humedad que se exige es complejo alcanzarlo sin un secadero o en tiempos desfavorables."
Pese a esas complejidades, Hanoi reconoce que los más de 15 800 asociados de la ANAP han podido corresponder a los incrementos de la demanda contratada por el Estado y ofrece cifras que, en verdad, ponen en jaque al Estado porque lo que germina en los campos avileños excede, cómodamente, tales compromisos.
(Tomado de Invasor)