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Periodistas y auditores cubanos debaten sobre lucha contra la corrupción

Fotos: Yoandry Avila

Fotos: Yoandry Avila

Por Lilibet Enriquez Infante

¿Cómo la prensa cubana puede contribuir a la lucha contra la corrupción, las ilegalidades y las indisciplinas sociales sin caer en el periodismo sensacionalista, pero sin renunciar a la veracidad, profundidad e importancia que tiene hoy para nuestro país este tema? Tal fue la interrogante que el espacio Catalejo hizo a Gladys Bejerano, contralora general de la República y vicepresidenta del Consejo de Estado de la República de Cuba, en el espacio Catalejo de la Upec.

Gladys Bejerano comenzó su disertación haciendo un breve recorrido por la creación de la Contraloría General de la República, el 1 de agosto de 2009, como órgano auxiliar de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y explicando sus principales funciones, entre ellas orientar el control económico y ejecutar acciones en otras actividades de mayor trascendencia para el país con el fin de prevenir hechos de corrupción.

Esclareció que frenar y liquidar la corrupción como fenómeno figura en el objetivo principal de la Contraloría.

Habló de diferentes acciones que se ejercen por esa institución, entre ellas el control en la elaboración, ejecución y comprobación del presupuesto estatal. No solo nos ocupamos de detectar hechos delictivos y de corrupción, sino trabajamos para buscar la eficiencia y evitar los derroches. La entidad se concentra en las grandes inversiones, en los esquemas financieros (exportación e importación) y en los programas urgentes de la Revolución, como la entrega y el uso de las tierras, por ejemplo.

Señaló, además, las directivas que se aplican en las auditorías que se realizan anualmente y que tienen siempre en consideración los planes de cada ministerio. Velamos por la eficiencia y hacemos recomendación a las instituciones con el espíritu de que puedan optimizar su trabajo.

Dijo también que debemos ser más exigentes para evitar y prevenir, “esa es la responsabilidad de todos los que administran y organizan los recursos de nuestro país”, sentenció.

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Fotos: Yoandry Avila

Con ese objetivo, el documento que constituye el patrón para el Sistema de Control Interno, diseñado e implementado a través de un sistema de normas y procedimientos, que contribuyen a prevenir y definir los riesgos internos y externos, Gladys Bejerano hizo referencia a la Resolución 60.

En su artículo 6, de los principios básicos, queda establecido que los órganos, organismos, organizaciones y entidades deben cumplir con: a) legalidad (normas legales y procedimientos en correspondencia con lo establecido en la legislación vigente, para el diseño, armonización e implementación de los Sistemas de Control Interno), b) Objetividad (se fundamenta en un criterio profesional a partir de comparar lo realizado de forma cuantitativa y cualitativa, con parámetros y normas establecidas), c) Probidad administrativa (se relaciona con el acto de promover con honradez la correcta y transparente administración del patrimonio público y en consecuencia exigir, cuando corresponda, las responsabilidades ante cualquier pérdida, despilfarro, uso indebido, irregularidades o acto ilícito), d) División de funciones (garantiza que los procesos, actividades y operaciones sean controlados y supervisados de manera que no pongan en riesgo su ejecución, contrapartida y limiten su revisión), e) Fijación de responsabilidades (las normas y  procedimientos estructurados sobre la base de una adecuada organización, que prevean las funciones y responsabilidades de cada área) f) Cargo y descargo (íntimamente relacionado con el de fijación de responsabilidades. Debe entenderse como el máximo control de lo que entra y sale), g) Autocontrol (obligación que tienen los directivos superiores, directivos, ejecutivos y funcionarios de los órganos, organismos, organizaciones y demás entidades de autoevaluar su gestión de manera permanente; y cuando proceda, elaborar un plan para corregir las  fallas e insuficiencias y dar seguimiento al mismo en el órgano colegiado de dirección, comunicar sus resultados al nivel superior y rendir cuenta a los trabajadores).

Bejerano aseguró que cualquier entidad corre los riesgos de tener manifestaciones corruptas. “Hay que tener profesionalidad”, dijo, pues una persona que no esté preparada puede minimizar cualquier hecho. Por eso, la propia Contraloría tiene un departamento de auditoría interno, de control, pues “la corrupción es un proceso de descomposición, que empieza por las indisciplinas y las ilegalidades”.

Fotos: Yoandry Avila

Fotos: Yoandry Avila

Por ello, esa es, precisamente, uno de los principales puntos de mira actualmente: las violaciones de las normas y la legalidad. “Nadie puede estar fuera de control, no es persecución ni agobio, es supervisión y revisión”, sentenció, “las personas hacen cumplir o no las normas”.

Un trabajador tiene derecho a tener una opinión diferente y a decirla, pero mientras no se cambie tiene la obligación de cumplir lo que está establecido, porque si cada quien hace lo que cree ¿cómo se organiza el país?, preguntó Bejerano.

Otro aspecto de estudio es la falta de exigencia de los cuadros, a cada nivel correspondiente. Ya sea por cansancio, falta de autoridad moral o incompetencia. No eludió el tema de la pérdida de valores en algunos que no dicen toda la verdad, la distorsionan o mienten. El no ejercicio de la crítica y la autocrítica, la pérdida de combatividad y otros comportamientos negativos también merecieron algunas reflexiones por la contralora general de la República.

La participación de los trabajadores en la toma de decisiones y aplicación de las regulaciones también fue un tema mencionado. “La dirección tiene que darle información a los trabajadores”. No basta con que se dicten las obligaciones, cuando ellos deben ayudar a conformarlas. ¿Cómo participan las personas si no conocen? Es un tema muy difícil en el que estamos empecinados, dijo.

La responsabilidad colateral, un aspecto clave para el cumplimiento de las obligaciones a cada nivel, también se trató en Catalejo. Si están los problemas tienen que aparecer los culpables, dijo la contralora, “no podemos ser jefes solo en los momentos buenos”. Primero hay que prevenir, pero exigir también educa. El cuadro no puede tener miedo, si es honesto a qué le teme.

Si nadie se siente responsable de lo que está pasando, ¿cómo resolver los problemas entonces? Esa es otra interrogante pendiente en la sociedad actual.

Bejerano aseguró que periodistas y auditores deben juntarse para lograr un trabajo de fondo, unir fuerzas en los dos lenguajes.

¿Tiene una estrategia de comunicación la contraloría? ¿Cuál es la política de información pública de la Contraloría?, fueron algunas de las preguntas iniciales que hicieron los periodistas participantes en Catalejo. La contralora respondió: Tenemos una estrategia de comunicación, pero debemos conversar con la prensa, que no sea un trabajo de ocasión, aconsejó. Se lo difícil que es la labor de la prensa cubana, lo que no significa que no pueda mejorar y no creo que la prensa no haya actuado con respecto al tema de la corrupción, pero podríamos alcanzar mejores resultados si trabajamos juntos, auditores y periodistas.

Fotos: Yoandry Avila

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Sería muy bueno publicar estadísticas sobre cómo están los indicadores en el año, más que casos específicos, comentó un colega. A lo que Bejerano respondió que las estadísticas solo ayudan cuando se utilizan para estudiar casos, tendencias. No sería una información confiable como estadística meramente.

“No tengo objeción a publicar todos los casos, pero no hay que estar resaltando cada día este fenómeno”, dijo.  Hay que hacer investigaciones profundas, mantener un flujo constante de información, para educar y prevenir.

¿Qué evita que los periodistas hagan sus investigaciones y las publiquen?, se le preguntó, y respondió:  No tenemos facultad para negar ninguna investigación periodística. Es el medio de prensa quien decide. Pero si debe haber un trabajo conjunto, no para decir al periodista lo se publica o no, más bien para ofrecer información, aclarar conceptos y brindar apoyo especializado.

Otro colega consideró que la prensa no está haciendo lo que debe. Tenemos que reconocer  que hay corrupción. Eso es lo primero. Y si no lo denunciamos podríamos hacernos cómplices, advirtió.

Por su parte, Antonio Moltó, presidente de la Upec, expresó que no podemos venir aquí a enjuiciar a la prensa. El secretismo es parte de un problema superior, el verticalismo, que cegó a algunos. Esta organización está abriendo espacio a la discusión y al diálogo, está tendiendo puentes para enfrentar los desafíos que tenemos.  Nosotros amplificamos el poder de las instituciones estatales, que es, justamente, el mismo del pueblo. A ese pueblo nos debemos nosotros.

La prensa “no puede ser una caja de resonancia simplona de los acontecimientos”, sentenció Moltó.

(Tomado de Cubaperiodistas)