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Testimonios del horror en Guatemala

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Máxima García, superviviente del genocidio guatemalteco. Foto: Javier Bauluz.

El Tribunal de Mayor Riesgo ha condenado este viernes al dictador guatemalteco José Efraín Ríos Montt a una pena de 80 años de prisión inconmutables por genocidio y crímenes contra la Humanidad por la muerte de 1.771 indígenas ixiles a manos del Ejército entre 1932 y 1983. Los testimonios de las víctimas durante el proceso judicial son escalofriantes.

Para preservar la dignidad de las víctimas, la jueza Jazmín Barrios, presidenta del Tribunal Primero A de Mayor Riesgo, les pidió que se cubrieran el rostro y a los periodistas que no revelen sus nombres. Apoyada por traductores, una de las mujeres relató cómo los soldados la amarraron de los pies y la violaron con saña, y aunque no recuerda cuántos fueron, aseguró que “muchos”.

La mayoría de los hechos relatados se registraron en un destacamento que el Ejército instaló en la comunidad de Xalbal, en el municipio de Ixcán, al norte, en la frontera con México, donde según las víctimas fueron llevadas decenas de mujeres a las que los militares utilizaron como “esclavas sexuales” durante varias semanas.

Julio Velasco, una de las personas que testificó, recordó cómo en la época que gobernó Ríos Montt, cuando él tenía 8 años, fue capturado por un oficial del Ejército en la comunidad de Biscán y llevado a un campamento militar en Nebaj, donde presenció torturas a compatriotas solo por el hecho de no hablar castellano. Según el testigo, la gente que era capturada por los soldados era trasladada a una aldea y quemada con gasolina.

(Con información de El Huffington Post)

“Unas personas que ya habían escapado de una masacre pasaron avisando que no hay que confiar en el ejército porque venía arrasando pueblos. Nosotros, con esa advertencia, al escuchar las explosiones, nos fuimos de la aldea (…) Cuando llegó el ejército a la aldea no encontró a nadie porque todos habíamos evacuado (…) Al día siguiente el ejército quemó todas las viviendas, todas las chozas”.
– Edwin Canil
“A una de mis hijas, menor de edad, los soldados le abrieron el pecho y le sacaron el corazón”
– Francisco Velasco
“Me acuchillaron y tengo cicatrices de cuando me violaban, ya no podía caminar y me tiraban como una pelota. Yo tenía que cocinar para ellos para que no me mataran”.
– Víctima anónima
“Mi tío iba por un camino con su hija y una nieta, cuando se toparon con una patrulla militar. Lograron agarrar a las muchachas. A la niña, de siete años, la mataron, porque fueron muchos los soldados que pasaron sobre ella”.
– Víctima anónima
“Algunos soldados estaban enfermos de sífilis o gonorrea. La orden fue que estos pasaran los últimos, cuando los sanos ya habían violado a la víctima”
– Testigo
“Estábamos sentados, con mi mamá y mis tías y mis primos, esperando a mi papá, que había salido a ver dónde estaba el ejército; en ese momento, de manera indiscriminada, sin preguntar por qué estábamos ahí, [los soldados] apuntaron sus armas y empezaron a disparar a todos los que estábamos ahí”
– Edwin Canil
“Vivía en los terrenos de mis suegros con mi esposo. A las ocho de la noche llegaron los soldados a sacar a mi esposo. A las nueve regresaron los soldados y me llevaron a un campo como a 20 cuadras de mi casa. Los soldados que me violaron eran como 20: Yo estaba temblando del susto, no tenía conciencia”
– Víctima anónima
Me dejaron desnuda, otras personas me regalaron ropa. Tenía un hijo de 30 días. Cuando regresé a mi casa todo estaba quemado. Quemaron a mi hijo. Era un bebé todavía.
– Víctima anónima