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De la Escuelita de Médiums

antropologia1Entrevista a Huberta Von Wangenheim, Doctora en Antropología por la Universidad Libre de Berlín.

R.M.L.G.- Me hablabas hace un instante de una escuelita de médiums...

Hubi- Esta es una escuelita que se forma de manera espontánea, y que cuando yo la pasé cumplió su primer año. Hubo una celebración bien animada por el aniversario.

Es un espacio donde se reúnen mujeres (en lo fundamental, y algún que otro hombre gay), unas veinte más o menos, que nos veíamos todas las semanas para aprender a pasar muertos a ver, a percibir, a rezar, a concentrarse, a llegar al estado mental y emocional que requiere una misa, esa manera de hablar que es muy ritualizada.

R.M.L.G.- ¿Quién enseñaba en la escuelita? ¿Alguien dirigía?

Hubi- Había siempre alguna persona mayor (como en la Santería) que de alguna manera dirigía, pero en realidad la dirección era compartida, no había una jerarquía definida porque más bien se trataba de un intercambio de experiencias, nadie era conductor de todo lo que allí sucedía. También a la hora de comenzar podía aparecerse alguna persona que aportaba en algún sentido al colectivo.

R.M.L.G.- ¿Y cómo se organizaba un día en la escuelita? ¿Qué sucedía?

Hubi- Como te decía, era algo abierto, pero familiar, madres e hijas, vecinos y amigos. Era un número fijo de personas que nos conocíamos, hasta por el nombre. Y cuando, por alguna causa faltaba alguien, se le  preguntaba seriamente el por qué de su ausencia. Era como una obligación social participar. Es decir, como una red social, informal, pero con sus reglas.

Comenzábamos a las 8 de la noche y se terminaba antes de las 12, pues después de esta hora se trabaja para el mal, como sabes. Comenzábamos chismeando un poquito en la sala de la casa, y luego entrábamos en el cuarto donde estaba la bóveda. La estructura, al principio, era como el de una misa. Nos poníamos alrededor de una mesa, rezábamos, cantábamos los cantos espirituales y luego comenzaban a aparecer los muertos. Claro, muertos de mucha luz que nos podían iluminar, pero también los muertos con los que se pasaba susto o entraban en crisis. Casi todos los que estaban en el momento que pasé la escuelita eran religiosos, varias santeras o en camino de hacerse santo. Algo interesante para mí fue constatar que aquel era un paso para aproximarse a la santería, por lo que tenían que trabajar lo espiritual en profundidad. Al finalizar cada día nos despedíamos con una taza de café, unas charlas más o menos prolongadas y los temas más diversos que imaginar se puede. De ahí conozco hasta detalles de cómo esas personas vivían y pensaban su vida en general. Alguna vez en lugar de café tomábamos un poco de cerveza y la situación se tornaba mucho más animada, como es lógico.

Yo me enteré allí de dramas cotidianos, de cuestiones muy íntimas, y teníamos que crear también un espacio de protección, porque lo que ahí se decía tenía que quedar allí. Era un evento netamente terapéutico, pues se resolvían todos los problemas individuales

R.M.L.G- Interesante...

Hubi- Esa experiencia fue como el corazón de mi investigación.

R.M.L.G- ¿Y cómo las personas podían acceder?

Hubi- Nadie mandaba a nadie a la escuelita. Se iban enterando a partir del contexto, recuerda que el grueso era familiares, o amigos, o vecinos, o santeros que trabajaban juntos.

R.M.L.G- Me decías que fue el corazón de tu tesis.

Hubi- Imagínate, permitió imbuirme en una parte importante de la vida religiosa habanera desde bien adentro y desde su cotidianidad. Aquello era un fiel reflejo de lo que sucedía afuera de la escuelita. Aprendí a percibir en esta cultura religiosa. Tú conoces que las diferentes religiones tienen diversas formas de percibir y devolver la espiritualidad. La conclusión de la experiencia sobrepasó lo esperado por la antropóloga, y llegó a la persona. Era todo tan teatral y sucedían cosas tan fuertes, que mucho de aquello se guardará en mis diarios de campo. Cuestiones tan densas que no me animo por ahora a compartir. De la misma manera que percibí el sentido del humor de los religiosos. Se la pasaban dando "chucho" como decían. El humor que tiene, a veces, función de consuelo en los rituales de trance. Ese contraste entre la religión protestante de la que provengo a través de mi familia en Alemania,  y estas religiones  acá, es muy fuerte. Los mismos cuerpos de los relatos míticos estaban repletos de chistes, maldades y todo tipo de situación jocosa. Me gustaba ese tono relajado distante de la pedantería y seriedad extrema de las otras. Eso como sabes, muestra para nosotros los antropólogos, otra cara del estudio cultural en que estaba metida; me refiero a las identidades.

R.M.L.G- ¿Te costó como alemana integrarte a ese grupo de la escuelita?

Hubi- Para nada. Siempre me trataron como una más. Con mis derechos y con mis obligaciones. Y siempre me decían que en el tiempo de la escuelita, tenía que dejar de observar, de entrevistar, porque tenía que involucrarme, según ellos, de la misma manera que el resto., para sacarle todo el provecho posible. Y lo agradezco.