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Obama se reconstruye: Wisconsin amenaza con repetirse en otros estados

wisconsin-protestas-ap1Por Miguel Marín Bosch
Tomado de La Jornada

El pasado viernes el presidente Barack Obama hizo algo que no había hecho desde que llegó a la Casa Blanca, hace dos años: vetó una propuesta en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se trata de un texto promovido por la autoridad palestina y coauspiciado por más de 120 de los 192 miembros de la ONU. Pedía que el consejo declarara ilegales los asentamientos israelíes en los territories ocupados desde 1967.

La representante de Estados Unidos, embajadora Susan Rice, se valió de un poco de acrobacia diplomática para justificar el veto de su país. Entre otras cosas dijo que Estados Unidos rechaza en los términos más fuertes la legitimidad de la actividad de Israel en materia de asentamientos. La conclusión lógica de esa posición hubiera sido un voto a favor de la propuesta palestina.

El momento es particularmente delicado para Estados Unidos en vista de los acontecimientos en Medio Oriente y el norte de África. Si Egipto logra transformarse en un país democrático, los palestinos, en especial los habitantes de Gaza, encontrarán nuevos aliados en El Cairo. Washington se ha visto lento y torpe. Pero no es la primera vez. Tardó en pronunciarse en el caso de Túnez y luego titubeó cuando la revuelta popular se extendió a Egipto. Primero pareció preferir la permanencia del presidente Hosni Mubarak para luego distanciarse de él.

Ciertamente los egipcios no guiaron sus acciones por lo que decía o dejaba de decir la Casa Blanca. Pero a no pocos les sorprendió el abismo entre la posición asumida por Obama el 28 de enero y lo que les había dicho el 4 de junio de 2009 en El Cairo. Entonces, en un discurso de corte académico, pidió al mundo musulmán que se encaminara hacia regímenes democráticos.

Al estallar la revuelta en la plaza Tahrir, Obama apoyó al gobierno de Mubarak y lo alentó a entablar un diálogo con los manifestantes para lograr una mayor democracia y mejores oportunidades económicas. Pero hizo caso omiso de la demanda principal de los manifestantes: ¡fuera Mubarak! Ahí se equivocó Obama y perdió una oportunidad para cambiar la imagen de sucesivas administraciones estadunidenses.

Desafortunadamente para muchos de sus admiradores, Obama ha multiplicado sus tropiezos. Es más, Obama nos presenta un buen ejemplo de lo que le puede ocurrir a un político con instintos nobles y una decencia innata y con principios bien definidos, cuando menos intelectualmente. En su campaña presidencial de 2008 dijo muchas cosas que resonaron entre un electorado harto de ocho años de George W. Bush. Planteó la necesidad de una sociedad más justa y equitativa.

Una vez en la Casa Blanca, empero, el candidato idealista empezó a transformarse. Frente a una enorme crisis financiera se rodeó de muchos economistas y funcionarios que de alguna manera la habían propiciado. Afortunadamente tomó una serie de medidas que seguramente resolverán la crisis a mediano plazo. Por ahora tiene que vivir con los problemas derivados del enorme déficit fiscal al que recurrió para hacer frente a esa crisis.

Luego se embarcó en una reforma del sistema de salud que finalmente logró pero que jamás debió dejar en manos de los dirigentes demócratas en el Congreso. Aquí la sombra de lo ocurrido en la administración del presidente Bill Clinton jugó un papel importante.

En 2009 logró también enderezar las negociaciones con Rusia en materia de armas nucleares. Y se atrevió (como lo había enunciado en su campaña) a ir más allá de negociar acuerdos para limitar y reducir un poco los arsenales nucleares existentes. En Praga, en abril de ese año, esbozó su visión de un mundo libre de esas armas. ¿Un visionario en el poder en Washington?

No tardó en defraudar. Muy pronto cambió su discurso para insistir más en que otros no obtengan armas nucleares, olvidándose de su propia propuesta de eliminar las ya existentes. Peor aún, ha aumentado notablemente el presupuesto para seguir desarrollando y administrando el arsenal nuclear estadunidense.

Otro ejemplo. En 2008 Obama prometió cerrar la prisión en Guantánamo. Hoy ahí sigue ese ejemplo de los excesos de Bush que tanto criticó como candidato.

Ahora, tras la derrota electoral de los demócratas el pasado noviembre, Obama ha decidido reinventarse. Como si fuera un juguete mecano, se está reconstruyendo. Hoy se rodea de colaboradores que son del agrado de los hombres de negocios. Habla más como militante de las cámaras de comercio y ha dado pasos que nadie hubiera imaginado hace dos años, como ratificar las concesiones que en materia de impuestos había concedido Bush a los más ricos.

¿Dónde quedó el candidato Obama? ¿De quién es la culpa? ¿De Obama, cuya linda retórica durante la campaña de 2008 despertó un gran entusiasmo entre los jóvenes? ¿Del electorado, que se dejó llevar por las propuestas de un político inexperto? Unos dicen que se está posicionando para relegirse en 2012. Seguramente lo logrará, pero a un precio muy alto: no conseguirá pasar a la historia como un presidente excepcional.

En noviembre pasado los habitantes de Wisconsin eligieron al republicano Scott Walker como su gobernador. Ahora Walker ha desatado una tormenta al presentar un plan para recortar el presupuesto del estado y de pasadita eliminar los derechos de los trabajadores del sector público a negociar sus prestaciones. Lo que está ocurriendo en Wisconsin amenaza con repetirse en otros estados. Se dice que Wisconsin es el Túnez de Estados Unidos en la lucha entre el gobierno y los sindicatos de trabajadores del estado.

Pero Walker no ha hecho más que poner en práctica las ideas que lo llevaron a la gubernatura de su estado. Ha sido consecuente con su programa electoral y quiere cumplirle a su electorado. ¿Hay algo mal en que un político en el poder haga lo que como candidato prometió que haría?