Por Rosa María de Lahaye Guerra
Entrevista a Edwin Mejías, santero venezolano

Consultas, invocaciones, limpiezas, protecciones, recetas, oraciones, despojos, orientaciones, misas espirituales, fiestas religiosas, baños, alquileres de salones, tatuajes, bautizos, entrega de santos de addimú, trabajos para recuperar amor, salud, dinero, empleo...
Soperas, collares, tinajas, trajes de ceremonia, mazos, esencias, perfumes y extractos (nacionales e importados), sahumerios, calzado, esteras, platones de barro, platos blancos, sombrillas, mantones, plantas, velas, tableros de Ifá, cocos, maracas, inciensos, agua bendita, cremas corporales, cintas, bastones, cestas, pilones, ildés, chivos, gallinas, pollos, palomas, guineas, coronas, libros, librillos y revistas, imágenes, pinturas de santos, tabaco, ron, tijeras, navajas, pinceles, pinturas en general, peines, libretas, limpiadores de aura, desinfectantes energéticos para el hogar...
R.M.L.G.- Es un mundo de servicios y objetos que se necesitan para los rituales de la santería...
E.M.- Sólo los que recuerdo por arribita...
R.M.L.G.- Edwin, ¿cuánto está costando una iniciación acá en Venezuela? ¿Conoce lo que cuesta en Cuba?
E.M.- Es para mí un placer darle a usted esta entrevista, pues en el tema religioso nuestros países están muy emparentados. Aunque me salga un tanto de su pregunta, quisiera contarle que mi iniciación fue en Cuba en el año 79. Cuando todavía no había ningún boom allá de estas religiones y todo se hacía con una seriedad extrema (no estoy queriendo decir que ahora no la haya), y también me decían mis padrinos que debía tener la boca cerrada. En aquel entonces mi ceremonia no fue muy, muy cara. No recuerdo con precisión el coste total, porque, bueno, en mi caso, se incluye además unos boletos de avión y unos cuantos días de hospedaje. Pero, con todo, no recuerdo haber caído en bancarrota. Y usted está viendo, mi nivel de vida es modesto, y así fue siempre. A diferencia de muchísimos casos que conozco, no entré en esta religión ni por salud, ni por problemas con la justicia, ni para pedirle nada a los santos. Entré por convencimiento religioso, si es que de convicción se puede hablar en este campo. Entré porque creo tener vocación para ayudar a las personas.
El problema de las iniciaciones en este momento no consiste tanto en lo que uno tiene que invertir en ellas, sino en determinar a quién le va usted a entregar el santo o con quien va a compartir su fe. Hay mucha proliferación de falsos religiosos. No soy del criterio que es un fenómeno exclusivo de hoy, pero lo que sucede es que hoy toma dimensiones alarmantes. He visto, con estos ojos..., aparecer una casa de santo en una madrugada, y cuando usted viene a ver, y en dependencia del "carisma" de los dueños de la casa, en un mes tienen más ahijados que yo en treinta años. Es algo que no debemos cansarnos de denunciar. La comunidad religiosa debe cerrar filas de verdad.
Tengo entendido que un santo ahora mismo en Cuba está costando entre 16000 y 20000 dólares, muchísimo menos que en Estados Unidos y en España, y la mitad de lo que cuesta aquí. Eso mismo es tema constante entre nosotros: ¿por qué si en Cuba está la cuna, en estos otros lugares es donde toman a la jutía por el rabo?
R.M.L.G.- Puede que tenga su explicación en que en estos países que usted menciona existe un gran mercado, incluso, hasta Empresas de Venta y Distribución de todo tipo de productos religiosos, o como les llaman, esotéricos.
E.M.- No sé. Puede que tenga que ver. Esas empresas no sólo venden una diversidad de productos, sino que también necesitan mucho personal que trabaje. Se crea una gran red comercial que necesita subvención. Aquí en Venezuela esas Empresas están en todos lados y ahoritica se convierten en trasnacionales. No, no se ría...
R.M.L.G- ¿Son caras sus consultas?
E.M.- Yo no las considero caras. Yo consulto gratis a muchísima gente.
R.M.L.G.- ¿Puede indicarme algunos precios, para tener idea?
E.M.- Eso depende de la persona, de sus posibilidades; también de si son venezolanos o extranjeros. Por supuesto que no le voy a cobrar igual al venezolano pobretón que al europeo que se pagó un pasaje para cruzar el océano.
R.M.L.G.- ¿Vienen con frecuencia extranjeros?
E.M.- No es muy frecuente, pero vienen extranjeros, porque uno trae al otro, el otro manda al otro, y así...
R.M.L.G.- ¿Uno al mes? ¿Dos al mes?
E.M.- Sí, digamos, dos o tres al mes.
R.M.L.G.- ¿Y cuánto les pide?
E.M.- Puede ser el equivalente de 20 y hasta 50 dólares, depende.
R.M.L.G.- ¿Y en el caso de trabajos más complejos? ¿Los ha hecho? Por ejemplo, una rogación.
E.M.- Eso puede llegar hasta 100 dólares y más.
R.M.L.G.- ¿Y a los venezolanos? ¿Cuánto costaría consagrarle un collar a un venezolano?
E.M.- ¿A los venezolanos del barrio? Para eso tiene que traer el collar, tiene que traer un animal; y le pongo el derecho de santo, según el número del santo, no mucho. Pero, entiéndame bien: si aquí se aparece una señora con cuatro brillantes, llena de brillantes, a esa sí le tengo que cobrar caro. Ella tiene que pagarle al santo, porque a los santos les gusta todo eso también.