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Cuando los números se inflan

Beisbol 50 Serie Cienfuegos

José Dariel Abreu no cumplió las expectativas en el derby de jonrones. Foto: Ricardo López Hevia

Por: Aliet Arzola Lima, estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana.

José Dariel Abreu no ganó el derby de jonrones del juego de las estrellas. Algunos lo presagiaron con una seguridad pasmosa, sin embargo, yo esperaba más del cienfueguero, aunque no me asombra para nada que Alexander Guerrero y Reutilio Hurtado hayan minimizado su figura en la espectacular competencia.

Quedó sembrado y otros se disputaron el "privilegio" de retarlo, galardón que la próxima temporada debe ser para el torpedero tunero por su condición de monarca.

Pero continuemos sobre la estela del corpulento inicialista de la Perla del Sur, quien esta temporada parece dispuesto a quebrar cuantos récords ofensivos existan en la Isla. Transcurrida apenas la mitad de la campaña, "Pito" es líder de los bateadores con alto promedio de 447 y encabeza los batazos de vuelta completa (23) y las remolcadas (58), aspectos que lo convierten en el fenómeno del momento del béisbol cubano.

Pocos ponen en tela de juicio su innata capacidad para producir con el madero en ristre, pero se le ha magnificado en exceso, y no lo digo porque haya fracasado en el derby ante su público, pues el éxito en estos festivales depende de un don especial y hasta cierto punto de suerte, y en muy pocas ocasiones coincide el líder jonronero con el vencedor de la prueba.

Por ejemplo, en las Grandes Ligas estadounidenses, durante la última década solo Ryan Howard, inicialista de los Phillies de Philadelphia, ganó en la misma temporada el derby de cuadrangulares y el título de máximo jonronero, honorario que no alcanzaron Luis González, Jason Giambi, Garret Anderson, Miguel Tejada, Bobby Abreu, Vladimir Guerrero, Justin Morneau, Prince Fielder o David Ortiz, los de más vuelacercas en los diez fines de semanas de estrellas precedentes.

Abreu tiene maneras de gran pelotero y marcará una época con esos batazos de enormes dimensiones, aunque todavía le resta un largo camino para poder ser comparado con los grandes jonroneros de Cuba. No dudo de su fuerza, pero tampoco lo hago de las notables deficiencias que presenta en el cajón. Las bolas del centro del plato hacia fuera son un dolor de cabeza, así como los lanzamientos movidos con inteligencia, dígase slider, curva o sinker, por solo mencionar los más utilizados en el clásico del patio.

No hace mucho el derecho avileño Vladimir García lo maniató con sliders localizadas lejos del home, justo la mecánica que otros serpentineros no han utilizado para contrarrestar su poder, desatado 15 veces ante hombres de escaso kilometraje como los capitalinos Maykel Hidalgo, Liuber Franchialfaro y Yordanis López, el pinero Jesús Amador, los yumurinos Yasmani Arias, Youser Aguilar y Joel Suárez, los granmenses José Armando Peña, Lázaro Blanco y Alexei Alarcón, los holguineros Rolando Mella y Juan Alberto Cruz, así como Reinier Verano (PRI), José Luis Padrón (HAB) y Alaín Sánchez (VCL).

He ahí las víctimas del "gran Pito", todas integrantes del extenso club de serpentineros cubanos que día tras día le ponen en bandeja de plata los cuadrangulares a nuestros bateadores, que sí, tienen calidad y fuerza, pero creo que no tanta como para que diez jugadores o más sobrepasen la cifra de 20 jonrones, algo que doy por seguro.

El mal está, lo peor es que muchos no lo quieren ver. El reflejo más cercano fue el juego de las estrellas, con marcador digno de un cerrado duelo de balonmano. Cierto, no estuvieron los mejores en el box, sino los de mejor performance hasta el momento, pero este hecho no justifica la monumental paliza, que confirma un hecho: los lanzadores están a años luz del bateo.

Los toleteros gozan a sus anchas e inflan sus números serie tras serie. No es de extrañar que los hombres del momento dejen en el olvido todos los récords ofensivos de las generaciones anteriores, que si bien utilizaron el aluminio, enfrentaron a un pitcheo medio de mucha mayor calidad que el actual. ¿Soluciones?, pocas se avizoran, el panorama luce nublado y la lluvia de vuelacercas, salvo milagro divino, no se detendrá.