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José Jacinto: de mi historia propia y verdadera

Puente de la Concordia, en la ciudad de Matanzas.

"Puente de la Concordia" sobre el río Yumurí, en la ciudad de Matanzas.

Por más que vuelva y le repita a toda persona que se interese en cantar alguna de mis composiciones: "no les inventes las notas, no les cambies la letra, a mí las canciones no se me ocurren, yo las compongo..." Otro es el caso de esta que titulé José Jacinto. Ella  -literalmente-- se me apareció. Estábamos a 5 de noviembre de 1974. Yo había tomado el llamado "tren de Hershey", que cubría el trayecto entre la pequeña estación habanera de Casablanca y otra similar en Matanzas, a orillas del Yumurí. Dos horas y media dando tumbos a derecha e izquierda parando y parando tanto, que una vez conté como 36 embarcaderos identificados con los nombres más curiosos que pueda imaginar mortal alguno.

Empezó a sonar en mi cabeza el nombre del poeta, engarzado en un esquema melódico que no paraba de reclamar mi atención. No pude resistirme, en medio del tedioso balanceo del cuerpo sobre el asiento duro en un camino mil veces recorrido sin freno para escapar hacia otros aires, mirar un río frente a frente, levantar los ojos sin pena delante de la luna y descubrir el juego de la neblina a medianoche por entre los faroles, caminando suelta sin despertar curiosidad. Un hilillo de música persistía por entre los matojos que, con tanta frecuencia, cubrían el camino a diestra y siniestra, haciendo pareja con la línea del tren. No pude resistirlo y me dejé llevar. A la altura de las dos terceras partes del trayecto había crecido, casi completa, aquella conversación con el poeta que había enmudecido por amor durante los últimos veinte años de su vida. Acababa de hacerse el milagro que venía deseando, con el anhelo de abrir caminos nuevos para mi canción. Todo era verdad en sus estrofas: mis ratos de contemplación en el parquecito junto a la Catedral, donde una vez acerté a ver pasar la luna llena matancera por detrás de un par de pinos que  escoltaban la estatua del poeta. Ya tenía las dos primeras estrofas, que no hacían otra cosa que contar su cuento. Tenía el final, de veras preocupante pero macizo, inamovible, donde -después de ofrecerle al bardo enamorado mi canción bajo la forma de un galán de noche, no pudo ocurrírseme otra cosa que levantar un Acta "en la ciudad de Matanzas, a los catorce días del mes de noviembre, junto a su nombre".

José Jacinto Milanés

José Jacinto Milanés

No era aquella la fecha real pero tampoco cabía, con el vuelo que había conseguido la frase en letra y música, sustituir algo tan rítmico y sonoro como "a los catorce días del mes de noviembre" por la fecha real -día cinco--. No encajaba y la dejé tal como quiso nacer. No obstante, quería conseguir más elementos para concluir la parte central de la pieza así que, tan pronto dejé los bultos en la casa de los amigos queridos donde recibía hospitalidad, tomé de la mano al más pequeño de la familia y me dirigí al Museo. Allí me esperaba la razón que daba sentido a la fecha instalada en la última frase: en una urna, junto a un par de zapatos y al manuscrito de un poema que vagamente recuerdo como "la lágrima de amor", una esquela mortuoria convocaba a los vecinos de la ciudad para asistir a los funerales del poeta, fechados-para- el-14-de-noviembre.

No podía dejar pasar esta caprichosa conjunción del día domingo con la fecha 14 de noviembre, cuando ya la grisura de aquellos tiempos pasó a la historia y la canción, hecha y derecha, no se ha cansado de generar episodios bellos -curiosamente, siempre en camino. A continuación, la letra y las gracias por haberme escuchado el cuento.

JOSÉ JACINTO

José Jacinto:

no sé si usted me reconoce entre los vivos

porque suelo llegarme a su parque

cuando está la luna

detrás de esos pinos

José Jacinto:

no sé si usted alguna noche

me ha confundido

con un fantasma

cuando la niebla es densa sobre la ciudad

y  yo camino

José Jacinto:

qué suerte tuvo usted que perdió la razón

clamando a gritos

por el único amor

antes de haber sabido que ningún amor

--absolutamente ningún amor-

es infinito

José Jacinto Milanés:

permítame poner

este galán de noche

en la ciudad de Matanzas

a los catorce días del mes de noviembre

junto a su nombre

José Jacinto

Almendares, 14 de noviembre de 2010