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Rita La Caimana: Cera para reivindicar

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Lil Rodríguez junto a Bola de Nieve.

Lo supe por Prensa Latina, la agencia de noticias que da a la cultura, sus expresiones y divulgación no el espacio de las sobras ó el relleno de la jornada diaria, sino el podio destacado de la formación de las naciones.

Cuando lo leí el impacto fue profundo. ¿Un Museo de Cera en Cuba?. ¿Un Museo donde están Compay Segundo, Bola de Nieve, Carlos Puebla, Sindo Garay y Beny Moré, entre otros? Un Museo donde el arraigo y la identidad se hacen votación popular  para transformarse en espectaculares figuras de cera para la permanencia y la reivindicación? ¿Un Museo de Cera que no está en La Habana sino en la oriental ciudad de Bayamo, tierra que cuenta en los orígenes y desarrollo del Son?

Sin aguantar las ganas, solicité la visa y boleto en mano fui a tener a Bayamo, la histórica ciudad fundada en 1513  (54 años antes que Caracas) y a la que ya había visitado en unas cuantas oportunidades para apreciar los coches inmortalizados por Adalberto Álvarez, las puertas quemadas por sus heroicas mujeres, que dieron origen a "La Bayamesa" y el lugar donde reposan los restos del increíble Sindo Garay.

Restauraciones permanentes, espacios acogedores, habitantes plenos de moral y luces y una limpieza impresionante ratificaron lo que puede hacer un buen gobierno local.

Le llegué desde Santiago de Cuba pasando por la delicia visual de San Luis, Palma Soriano, Contramaestre, poblados y ciudades donde el esfuerzo digno es el mismo. Y es que en esas zonas la calidad humana no se sacrifica ni dosifica.

Luego de caminar un buen trecho del impactante Paseo (boulevard) de Bayamo, lo vimos. Allí, flanqueado por otros locales igualmente acogedores incluyendo el Acuario de la ciudad estaba el Museo de Cera, él único de Cuba y posiblemente el único del Caribe. Y de una entramos en el recinto que inaugurado como galería en julio de 2004 pasó a ser museo con todas las de la ley en diciembre de 2007.

Cera musical

Con los amigos y colegas que acompañaron el periplo nos introdujimos en un espacio absolutamente sorprendente. Parecía que íbamos a presenciar un concierto, de tanta luminaria junta y de tanto sabor esperando. En una esquina el Beny (Ya sabemos que Moré escribía su nombre con una sola N), mas allá Carlos Puebla sentado y como dispuesto a hacer sonar su guitarra, un poco más acá Sindo Garay hasta con cigarro, y el Bola con su piano y todo, y Compay Segundo con su eterna sonrisa... y de repente vi a la mujer con su faldón y cabellos al aire. "¿y ésta, quién es?" me pregunté. Y allí estaba como dama de gloria Rita, La Caimana. "Carajo, entonces existió. No es cuento".  Todos se dieron cuenta del impacto. A un lado de la imagen un escrito propio de los trabajadores del Museo evidenció el afecto y las convicciones.

Rita no fue cantante, ni tampoco fue científica, pero el pueblo de Bayamo y los cubanos en general reconocen en ella la gracia y la ocurrencia asociada a una etapa terrible de la historia de Cuba. Como pasa en nuestros pueblos y ciudades, Rita caminaba de arriba abajo las calles de la ciudad  arrastrando su pobreza como aquél "Napoleón" que tan profundamente retrató Alí Primera. Y Alí decía: "La sociedad no se lava: se destruye o se construye, pero según quien lo haga".

A Rita no le lavaron el rostro. Le reconstruyeron la vida transformando su condición sin quitarle el don que la hace inmortal: el baile. Y es que Rita, La Caimana aliñaba sus caminatas con el baile espontáneo cada vez que escuchaba un son montuno, una guaracha, una rumba. Y bailaba tan bien, que entonces los transeúntes le premiaban con su aplauso y colaboración monetaria. Como sería el asunto que "Los Compadres", los auténticos, los Hierrezuelo, le dedicaron un tema que puso a circular el nombre y el arte de Rita por todo el mundo. "Como baila Rita, la Caimana". Y miren que hay versiones y versiones de esta guaracha y hasta grupos musicales con el nombre de esta bayamesa. "Bayamo tiene dos cosas/ que no las tiene La Habana/ una historia muy hermosa, y una Rita La Caimana".

El Estado Cubano se hizo cargo de la vida de Rita y de sus hijos. Tuvo hogar y descanso y cuando falleció, hace algunos años, la noticia adquirió rango nacional de primera página. Rita murió en Bayamo reivindicada como patrimonio de una ciudad que se respeta a sí misma.

Y entonces resulta que los hacedores de las imágenes de cera, los integrantes de una familia (Barrios) del poblado de Guisa, en la misma provincia de Granma (cuya capital es Bayamo) se hicieron eco de ellos mismos y de todos los pobladores. Así Rita, La Caimana, junto a Sindo, Beny, Compay, Puebla, Bola, Polo Montañéz y otras figuras, y junto a un hermosísimo bosque de cera que contiene a la flora y fauna de la zona, le espera, ya no sólo para reivindicar la vida y obra de los cultores populares sino los entornos y la historia contada y cantada de la isla con forma de caimán.

El impacto que produce el Museo de Cera de Bayamo  por la reivindicación de la Diversidad Cultural se parece al que se produce cuando se está al frente de las esculturas hechas por José Villa Soberón, quien bajó a las estatuas de los pedestales y las colocó en las calles (Beny Moré), en las plazas (John Lennon) y hasta en recintos de cotidianidad (Hemingway en su bar preferido, el Floridita). Lo mejor es que los cubanos en ese sentido se deslastraron del euro centrismo invasor y colocaron la vitalidad de su cultura plena, diversa y una en el centro de su reconocimiento. En ese camino de limpieza estamos muchos pueblos en el Caribe y el continente. El desagravio también es historia.

Detrás de Rita se lee:

rita-la-caimana"Bayamo ha visto andar por sus calles no sólo a insignes patriotas y figuras relevantes de la cultura, la ciencia y el deporte; también han desfilado personajes de gran arraigo popular. Ellos representan el patrimonio inmaterial y constituyen parte de nuestro folklore.

La sociedad cubana posee un universo de personajes típicos que son reflejos de la abundante fusión de culturas presentes en el devenir histórico y en el itinerario formativo de la nacionalidad. Tal mezcla de saberes y sensibilidades son las bases de la diversidad cultural que nos caracteriza.

Tal vez alguien crea que no existieron, que son el producto de la riqueza imaginativa del pueblo. Ellos forman parte de nuestra cultura y, por consiguiente, nos seguirán siendo entrañables, cercanos, necesarios."