
El palacio La Periquera es la casona señorial que preside el pueblo, y donde han ocurrido los más importantes acontecimientos. El parque que tiene en frente, con justicia llamado Calixto García, es uno de los más grandes de la isla. Foto: Eli Florens Martínez.
Por costumbre, el español de Europa o del nuevo Mundo, dejó siempre un espacio vacío, plaza le llamó hasta que la influencia del idioma inglés hizo que ya no le dijéramos así, sino parque. Es Holguín el mejor ejemplo de la dicha tradición, y tanto que en la isla esta ciudad se conoce como la de los parques.
Aquí los historiadores hacen un esfuerzo heroico por explicarnos a los naturales o foráneos llegados las formas de ser, creer y pensar del holguinero, pero todavía no es suficiente, y la prueba está en los miles de difuntos que asoman su “rostro” en los mares de documentos que se atesoran y que dan cuenta de los interminables parentescos, de las dinastías de primos; gente esa que los historiadores científicos contabilizan y acomodan en tablas trabajadas en Excel, y que pierden el rostro cuando se convierten en demografía. No hay programa para computadora que sea fiel a la justa forma de lo impreciso.
Los ojos que tenemos, hechos como están a lo “ya” visto, son incapaces de ver más allá de lo que pudiera explicarse. Lo inexplicable solo puede sentirse. Debe ser por eso que los humanos somos unos sentidores de lo que brota de las cosas, que es el tiempo. Y Holguín llega este 4 de abril de 2024 a sus primeros 304 años.
En saludo a la fecha la Oficina de Monumento y Sitios Históricos de la localidad y la página en Facebook “Holguín en Fotos” convocaron a los vecinos a retratar el lugar de la ciudad que prefieren. Estas fueron las fotografías que recibimos.

Es la loma de la Cruz, con su escalinata, que parece una cicatriz, lugar de perenne peregrinación. Hasta la luna viene de visita, a veces. Foto: Elismar Medina.

La Catedral de San Isidoro de Holguín, majestuosa y modesta, es el primer edificio del viejo pueblo. Después de él fue que se construyeron los demás. Foto: Anier Zaldívar.

Las calles rectas es característica de la ciudad, que vista desde la altura, parece un tablero de ajedrez. Foto: Jorge Alejandro Reyes Toro.

La estatua del General en el parque que lleva su nombre, marca el punto cero de toda la geografía de la ciudad. Y detrás, cálido, el teatro Eddy Suñol, principal coliseo local y uno de los edificios más vistosos del art decó local. Foto: Yohannia Luperón Cobas.

El angelote de Holguin, que es como le dicen a la estatua, no es un ángel. Es una réplica de Nice, la representación griega de la victoria. Foto: Emilio Felipe Martín Obregón.

El momento exacto en que un rayo del sol alumbra el día holguinero, viniendo desde la lejanía y jugando, como los muchachos, detrás de los edificios de dieciocho plantas. Foto: Rodolfo Batista.

La vieja iglesia San José, con su torre doblemente centenaria y su reloj puntualísimo, que marca el tiempo holguinero. Foto: Óscar Alejandro Flores Osorio.