
Vanesa y su primo Daniel. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Es una linda tarde y Vanesa salió a jugar. Ella es un pequeña de apenas dos años, que vive en el poblado de San Andrés, ubicado en el municipio pinareño de La Palma. Su padre, Yasmiel, apenas la ha podido disfrutar; es médico y lleva 20 meses en tierras venezolanas.
Todo es fiesta hoy en este verde campo, pues ya Vanesa supo que su papá regresa pronto, y no oculta la alegría en su andar sin frenos por todo el patio y el portal. Llega su primo Daniel en una modesta bici. Se suman los tíos Gabriel y Dani, y cada cual recibe su tarea desde tumbar una chirimoya, hasta improvisar un columpio.
La abuela Cary está feliz, y sucumbe a todos los antojos de los pequeños. El abuelo salió a buscar platanitos para merendar. Su mamá, Danay, pinta la casa y alista el portal, donde añora volver a mirar los atardeceres de este mágico valle, en el que hasta Fidel un día se vino a posar.
La espigas del sembrado de malanga nos despiden con su danza, como diciéndole al Sol: "No te apures que muy pronto juntos vamos a estar".

La abuela Cari. Foto Ismael Francisco/ Cubadebate.

"¡Ahí viene tío Dani!" Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Daniel y su bici. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

"Vanesa, con cuidado". Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

El tío Gabriel tras chirimoyas para los sobrinos. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Abuelo Manuel (Minguillo) trae plátanos que cosechó en su finca. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Vista que se contempla desde de la terraza de la casa de Danay y Yasmiel. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Espigas del sembrado de malanga frente al portal de la casa de Yasmiel y Danay. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.