El cuero estaba dispuesto en mediocampo. El empedrado ardía bajo las cintas de luz del medio día. Habían pasado ya tres horas desde el primer toque que anunciaba un fin de semana de fútbol. Mas, los jugadores, transpirando sal y vinagre, mantenían el temple de un profesional. Tal vez, poco más. Cinco jugadores se repartían por equipo. Otros tantos esperaban al eliminado para ocupar su puesto para así intentar alguna genialidad. Pero el juego apenas comenzaba y la discusión era por la mejor portería o la posesión del balón. Al fin, el balón rueda. En Cuba también se juega fútbol.

Foto: Otmaro Rodríguez.

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