Un sueño del tamaño de una cuchara
Si le preguntas a un niño qué es más divertido, te dirá sin pensarlo que jugar; y ese jugar implica correr, dejarse rodar por el suelo, meter los pies en el charco más ínfimo del patio; aunque luego la madre, de camino a casa, pregunte molesta si ella lo ha dejado en el círculo infantil o en la agricultura. La hora menos divertida, en cambio, será siempre la de la siesta.
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