Por Roberto Josué Labaut

Roberto Josué Labaut
Kilómetros de una trenza caótica decora como encaje rígido las fachadas de La Habana. Belleza, ritmo y fortaleza se tejen por toda la ciudad con disimiles diseños. Nos cuentan historias que van desde los ecos de la eufonía de un padre martillo a la joven que suspira detrás de unos barrotes perfectamente formados.
El tiempo las ha golpeado aún más fuerte que el maestro herrero, aquel que aprendió el oficio de su padre y este a su vez de su abuelo. El legado puede ser seguido hasta llegar al mismísimo Efesto cuando aporreaba metales en la fragua del Olimpo, pero siempre con igual maestría, que aquel día, en que bautizaron al yunque. Hoy, aunque revestidas con corazas de un óxido que sabe a mar, se levantan inexorables mitad fortaleza, mitad arte.
(Tomado de Mi Malecón)

Roberto Josué Labaut

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