Presentación de Silvio Rodríguez, Niurka González, Oliver Valdés y Trovarroco en Bello 26, La Lisa, con Vocal Sampling y Juan Nicolás Padrón como invitados.
En Bello 26 todo lleva ese nombre: el reparto, el parque, la guarapera, el mercado..., como si cada uno fuera nomás la extensión de cierta esencia común que trasciende las particularidades, y una misma forma alcanzara para nombrarlos a todos. Bello 26 basta, es suficiente.
Podría tomarse como síntoma de poca originalidad; y sería de hecho una suposición legítima, pero descartada de plano en cuanto se mira las casas, en cuanto se ve a su comunidad, se oyen las palabras, se advierten las rutinas, los hábitos que puedan identificarse a simple vista... y todo resulta vivo, dinámico, diverso.
Uno de los centros del reparto es un mercado que abastece a alrededor de 406 familias, y se encuentra en un estado constructivo deplorable que afecta la calidad del servicio y aqueja a todos en la comunidad. A otros, además, los entristece: a quienes lo construyeron hace ya muchos años, y dedicaron tiempo y esfuerzo en levantarlo, como Alejandro Cabrera. Construir, cifrar esperanzas en una obra, en su perdurabilidad, invertir en la promesa de lo que será.
Él dice que a lo que no "se le pasa la mano", se deteriora, sufre el descuido, la indolencia, el desamor; aunque nadie sepa bien de quién es la responsabilidad. Acaso un poco de todos, probablemente de unos más que de otros. El hecho es que el mercado en ruinas es de pronto metáfora: es el trabajo de hace tiempo reducido a ruinas, es la promesa que no se cumple, que se esperó y que (¿afortunadamente?) se espera todavía, por obra de alguna fe.
Y de fe, de creer, sabe Alejandro, Padrino de religión de no pocos. "La fe te ayuda a luchar", pero no como solución inmediata a los problemas, sino como fuente de energías con que hacer, con que obrar, en una dimensión bien palpable, con carne y con hueso, en concreción y no en vana idea o espiritualidad desentendida de este mundo.
Albañil de oficio, vive en Bello 26 hace treinta y ocho años. Cuando se mudó ya hacía diez que trabajaba en la construcción, y seguiría haciéndolo por otros treinta. Acostumbrado al trabajo duro desde su niñez en Cienfuegos, hijo de carpintero y vendedora, agradece la vida que ha tenido, a pesar de las penas, de penas tan grandes como la hija única que vivió 49 años, y no más.
Alejandro no sale de su zona, dice, a buscar nada. En su casa permanece la mayor parte del tiempo; por eso escuchó desde allí, quizás en su sala, entre sus figuras, rodeado de las imágenes de sus deidades -querida compañía-, acaso desde el jardín, entre matas de plátano con hojas enormes que ceden a la brisa y hacen música, diciéndose que la felicidad cuesta pero existe, porque él la ha conocido.
Así asistió al concierto, desde la distancia corta que separa su hogar del escenario ocasional, un hombre de 80 años que no tiene mayores aspiraciones que conservar fe y fuerza para seguir luchando, para seguir siendo él.

Atributos. Foto: Alejandro Ramírez

Cuando no se juega dominó. Foto: Alejandro Ramírez

Mercado Bello 26. Foto: Alejandro Ramírez

Despachando. Foto: Alejandro Ramírez

Padrino. Foto: Alejandro Ramírez

Alejandro Cabrera. Foto: Alejandro Ramírez

Vocal Sampling: la voz, todo instrumento. Alejandro Ramírez

Viento y metal. Foto: Alejandro Ramírez

Asomo al ritmo. Foto: Alejandro Ramírez

El hijo de Argelia y Dagoberto. Foto: Alejandro Ramírez