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Esta tarde vi llover...

Tienen los aguaceros de esta Isla una intensidad inolvidable. Últimamente no solo se trata de una caída vertical de las aguas, sino de señores vendavales que levantan hojas de árboles, papeles, y que espantan la calma de quienes fueron tomados por sorpresa a la intemperie o en frágiles amparos.

Las lluvias de estos días nos recuerdan esos temporales tan magistralmente contados y descritos por Alejo Carpentier en su literatura. Uno sabe, cuando llueve con ganas, que está viviendo la aventura de una ciudad tropical que de pronto parece estar haciendo agua como navío en medio de la tempestad, mientras los portones se estremecen, los guarda vecinos se balancean, y alguna calles desaparecen sumergidas.

Cuando escampa, luego de tanto apuro por ponernos a buen resguardo, reina una calma húmeda, un goteo discreto que pocos advierten, y una pureza deliciosa en el aire.

Así lo ha sentido Kaloian en uno de los últimos días lluviosos que tuvo La Habana. Mientras contemplaba un aguacero bajo un portal de La Habana Vieja, logró echar en su equipaje algunas escenas atrapadas con su lente, como prueba de lo que puede suceder entre cubanos cuando las nubes se abren en dos sobre nuestro ajetreo diario.

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian

En una esquina. Foto: Kaloian