
Cristina Bolaños y Medardo Vitier padres de Cintio Vitier y una foto a los 13 años de edad.

Cintio Vitier y Fina, junto a José María y Sergio, sus hijos, y el nieto, José Adrián. En la imagen de la derecha, los espos Vitier junto a Bella García Marruz, hermana de Fina, y Eliseo Diego.


En el acto de entrega del Premio Juan Rulfo 2002, en la Feria Internacional de Literatura de Guadalajara, México.

Cintio Vitier, Eliseo Diego, Bella, Fina y Agustin Pi en Arroyo Naranjo.

Con amigos en el Hotel Vedado, de La Habana, donde vivieron Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí en la década del 30 del siglo pasado, durante el exilio del franquismo.

Con la cantautora Liuba María Hevia (derecha) y la pintora Flora Fong.

Con escritores cubanos. Entre ellos, Dulce María Loynaz, Eliseo Diego, Miguel Barnet y José Antonio Portuondo

En el diario Juventud Rebelde. (2005)
Cintio Vitier nació en, Cayo Hueso, La Florida, el 25 de septiembre de 1921. Su padre fue el ensayista y educador Medardo Vitier. Graduado de Doctor en leyes. En 1938 publicó su primer libro, Poemas, con una presentación de Juan Ramón Jiménez. Está casado con Fina García Marruz. Perteneció al grupo de poetas que hizo la revista Orígenes (1944-1956). Ha trabajado como profesor en la Escuela Normal para Maestros de La Habana y en la Universidad Central de las Villas. De 1962 a 1977 fue investigador literario en la Biblioteca Nacional "José Martí". Dirigió la edición crítica de las Obras completas de Martí en el Centro de Estudios Martianos hasta 1987 y la edición crítica de Paradiso, de José Lezama Lima (Madrid, Colección Archivos, 1988). Traducido a varios idiomas. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1988, también le fue conferido el Premio "Juan Rulfo" correspondiente al año 2002. Al morir el 1ro de octubre en La Habana presidía el Centro de Estudios Martianos.
De él diría el poeta José Lezama Lima:
Cintio ha sido un perenne viajero de la esperanza, un golondrinero estanciado y sedentario que echa a volar pájaros con el dorso púrpura de su lengua. Es el soñador urdiendo en la filigrana, acarreando polen en el entresijo florecido del monte. Su fe no se detiene ni hace caso a los límites, porque es un risueño promisor y una criatura confeccionada de sucesivos candores. Incluso sus bravuras estuvieron siempre untadas del rocío vespertino de quien no guarda rencor ni para las alimañas.
José Lezama Lima