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Putin presenta la receta contra el abismo mundial

El presidente de Rusia, Vladímir Putin. Foto: Kristina Solovieva/ Sputnik.

El mundo está al borde de una catástrofe donde lo que está en juego es la propia existencia de la humanidad. Es muy probable que las futuras generaciones no tengan nada que aprender de nuestra época. Y es que, si nada cambia, la falta de un mañana impedirá que existan registros que cuenten qué fue nuestra era; un desenlace que podría darse pronto.

No obstante, sí hay salida y radica, básicamente, en que Occidente asuma la realidad en vez de tratar de preservar, cueste lo que cueste, su hegemonía unilateral. Así es el diagnóstico ofrecido esta semana por el presidente ruso, Vladímir Putin, en un nuevo encuentro anual del prestigioso Club Internacional de Debates Valdái.

Una de las claves de la situación en la que nos encontramos ahora es la arrogancia y autoconfianza de Occidente, factores que condujeron a una de las crisis más graves de la actualidad, es decir, el conflicto ucraniano, que podría adquirir un rumbo verdaderamente apocalíptico por la insistencia de sus autores en ir escalándolo en un desprecio total a las causas que lo provocaron.

No fue Rusia la que inició la guerra, la inició Occidente al no dejar a Moscú otra opción que defenderse con armas ante una evidente agresión, con la incorporación de Ucrania en las estructuras de la OTAN en un grave atentado contra la seguridad nacional del gigante euroasiático, así como los tanques, los misiles y la aviación militar utilizada contra la población rusa de esa exrepública soviética, señaló el jefe del Kremlin.

¿Para qué? Para impedir que Rusia resurgiera como uno de los polos de poder en el tablero geopolítico mundial. Por el contrario, los círculos que se impusieron en Occidente tras el colapso de la Unión Soviética soñaban con el mismo escenario para su sucesora. De allí la imparable expansión de la OTAN hacia el Este, así como la vanidad de todos los esfuerzos rusos por buscar entendimientos e incorporarse al llamado sistema de países civilizados, cuya respuesta a Moscú fue un claro y rotundo no.

Esa misma arrogancia y autoconfianza son las que hacen que Occidente prosiga en ir escalando la espiral conflictiva, subestimando la capacidad de respuesta ante sus planes, como el de imponer un bloqueo al enclave ruso de Kaliningrado. Sí, el poderío económico y militar de la OTAN es colosal, pero por eso precisamente Moscú tendrá que recurrir a todos los arsenales a su alcance, incluidas armas nucleares, donde Rusia adelanta, y con creces, al potencial agresor. Y también es precisamente por eso que urge la necesidad de romper una lógica que, de continuar, puede conducir a una “irreversibilidad fatal”.

El asunto se vuelve infinitamente más grave teniendo en cuenta la tendencia hacia la incorporación de la inteligencia artificial en el tema militar, tecnología que está aumentando la eficacia de los medios de guerra y, entre las consecuencias, el carácter destructivo de los conflictos, con la agravante de unas decisiones erróneas sin la participación del ser humano que podrían acabar con todos.

¿Por dónde pasa la solución? Por el abandono de las actitudes egoístas –con intentos agresivos de lograr ventajas unilaterales, sin importar los riesgos– y la vuelta al esquema en el que las potencias responsables, aunque siempre rivalizaron entre sí, igualmente buscaron formas de convivencia en aras de mantener la estabilidad.

Así es como fueron creadas estructuras como la ONU. La crisis que atraviesa este organismo se debe a que su composición ya no refleja la situación real, en la que un Occidente en declive procura usurpar sus riendas sin reconocer el innegable peso adquirido por el sur y oriente globales. En este contexto, el presidente ruso volvió a respaldar una reforma de las Naciones Unidas que les dé un merecido lugar a naciones de Asia, África, América Latina y Oriente Medio.

“Más tarde o temprano, el viejo hegemón tendrá que reconocer las realidades de un mundo multipolar. Esto es inevitable —basta con observar las tendencias en el desarrollo de la economía global—, y tendrá que aprender a cooperar con los países de la mayoría global basándose en el respeto a sus intereses fundamentales”, manifestó.

¿Y cuál es la alternativa? Un abismo inevitable en unas circunstancias en las que las principales potencias mundiales poseen armas capaces de borrar la vida de la faz de la Tierra.

“Si queremos vivir —y todos queremos vivir—, entonces, como dije una vez en un discurso público, vivamos en armonía y busquemos juntos la manera de lograrlo”, dijo Vladímir Putin.