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¿Por qué la prohibición de Lula Da Silva exhibe la autocensura de los medios deportivos frente a las apuestas?

Luis Inácio Lula Da Silva. Foto: Archivo.

Los medios no están listos para hablar de las apuestas. Les incomoda el tema hasta optar por no tocarlo. Ni siquiera la prohibición por parte de Lula Da Silva en Brasil ha provocado que en los medios deportivos haya una conversación generalizada al respecto.

Entienden que dentro de lo mucho que pueden cuestionar del futbol no se encuentran las apuestas. Porque una o varias casas de apuestas son sus clientes principales.

Porque hace años que la industria del deporte depende en gran medida de lo que se genera a través de las casas de apuestas. Desde los equipos hasta los creadores. Desde las ligas hasta los periodistas.

Sobre las apuestas resulta complicado hablar con trascendencia porque las puertas se cierran. Los algoritmos se andan con tanto cuidado frente al tema que tienden a esquivar contenidos controvertidos al respecto.

A veces, incluso, por equivocadamente creer que se busca promover la ludopatía cuando lo que se pretende es exponer sus efectos sobre el deporte y la sociedad.

En los medios con el más mínimo contenido deportivo, se evade darle foco al tema por ir potencialmente en contra de patrocinadores activos.

Entre creadores, condicionados o por ingresos fijaos, por campañas en curso o por invitaciones a estadios, la prohibición también se deja pasar como tema de verdadera atención.

Para algunos, la decisión tomada por Lula Da Silva apunta a ser un parteaguas que equipare el debate sobre las apuestas a lo que ocurrió hace décadas con los patrocinios de la industria de los cigarros y el alcohol en el sector deportivo.

Las dos últimas, con claras afectaciones a la salud de los consumidores.

Las apuestas, también, con un notable potencial de afectar profundamente tanto la salud financiera de los aficionados como la estabilidad mental.

Entre los medios deportivos, por estar frente a un conflicto de intereses igual o más profundo que cuando aceptan ingresos gubernamentales o provenientes de una plataforma tecnológica, se prefiere hablar de las infracciones seriales del Manchester City que del impacto de las apuestas en distintos mercados.

El del Manchester City, aunque digno de toda la atención posible por el tamaño del escándalo, no deja de ser un fenómeno exclusivo de ciertos equipos.

El de las apuestas como protagonista cada vez mayor de toda actividad deportiva, y ahora con los mercados de predicción de casi cualquier actividad pública, se descarta para evitar contratiempos.

Ningún otro tema toca tantas sensibilidades como el de las cosas de apuestas en el deporte.

Ningún otro tema se evade de forma tan generalizada como el de las casas de apuestas en el deporte.

Los equipos entienden lo que significaría perder al patrocinador que se da por descontado.

Las ligas comprenden lo que significaría olvidarse de uno de esos patrocinadores de categoría que hacen que se vea bien el negocio.

Los medios deportivos, de por sí urgidos de dinero, se preguntan qué sería de ellos sin las casas de apuestas.

Los creadores quieren que los sigan invitando a estadios y a eventos VIP antes que ponerse a cuestionar con la misma efusividad con la que se profundiza en otros temas.

Lula Da Silva destapó la cloaca. Sin quererlo, por lo que representa para el futbol brasileño, podría afectar su propio juego en lo inmediato para hacer un bien social.

Habrá quien diga que vale la pena.

Abundan los casos de ludopatía que marcan la vida de las personas. Pero también sobran las razones por las que a las apuestas no se les cierran las puertas.

Hoy el deporte y las apuestas están tan relacionados que se obvia su presencia.

De ese tamaño es el problema que medios, periodistas y creadores deportivos optan por dejar pasar.

(Con información de agencias)