
La investigación publicada por el Observatorio de Medios de Cubadebate el 24 de agosto de 2026 reconstruyó una trama de relaciones empresariales, comunicacionales y políticas que conecta al empresario argentino Fernando Cerimedo con Miami y Washington. Registros societarios, expedientes de lobby, consultores, medios ideologizados y vínculos con figuras del ecosistema republicano estadounidense permitieron identificar la infraestructura situada detrás de esas conexiones.
Este segundo trabajo examina el otro extremo del circuito: qué ocurrió cuando el nombre de Cerimedo irrumpió en la conversación pública latinoamericana.
Conviene recordar quién es Fernando Cerimedo. Consultor político, empresario de la comunicación y estratega digital argentino, es fundador de La Derecha Diario y directivo de la consultora Numen. Su participación en campañas asociadas con Javier Milei, Jair Bolsonaro, Rodrigo Paz y Nasry Asfura, junto con sus conexiones con actores del ecosistema MAGA estadounidense, lo convirtió en uno de los operadores más visibles de las nuevas derechas latinoamericanas.
Diversas investigaciones periodísticas y judiciales también lo han relacionado con estrategias de desinformación y manipulación de la conversación digital. Actualmente se encuentra bajo detención preventiva en Bolivia, imputado por la presunta tentativa de feminicidio contra su expareja, Nadia Beller. Además, enfrenta investigaciones por supuesto enriquecimiento ilícito y por presuntos vínculos con actividades de narcotráfico y encubrimiento.
El marco teórico de este análisis procede del artículo de Olga Rosa González Martín e Hilda Saladrigas Medina: “El complejo militar industrial cultural: sus ramificaciones entre el imperialismo y el absolutismo cultural”, publicado en 2026.
Las investigadoras del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana amplían el concepto clásico de Complejo Militar-Industrial para incorporar sus articulaciones con los medios de comunicación, Hollywood, los deportes, los videojuegos y las redes sociales. Desarrollan la noción de absolutismo cultural para describir una fase más profunda que la simple exportación de productos culturales: la homogeneización de las narrativas y la colonización de los marcos mediante los cuales una sociedad interpreta la realidad.
El caso Cerimedo permite trasladar esa reflexión al terreno de la comunicación política digital. La hipótesis de este trabajo es que una red transnacional de consultores, tecnologías, medios y operadores vinculados al ecosistema MAGA adapta y amplifica en América Latina marcos políticos surgidos o reforzados en Estados Unidos hasta presentarlos como expresiones aparentemente propias de cada realidad nacional.
“El absolutismo cultural alcanza su mayor eficacia cuando ya no necesita presentarse como estadounidense”.
Cuando un discurso procedente de la guerra cultural norteamericana puede aparecer en Argentina como argentino, en Brasil como brasileño, en Honduras como hondureño o en Bolivia como boliviano —aunque en esos países circulen actores, tecnologías, símbolos y marcos interpretativos semejantes—, ya no estamos únicamente ante la exportación de una ideología. Estamos ante la construcción de un sistema transnacional de producción del sentido político que opera bajo la lógica del absolutismo cultural.
El modelo deja de percibirse como importado y consigue naturalizarse como una expresión autónoma de cada contexto nacional. No se limita a difundir determinados mensajes, sino que contribuye a establecer las categorías desde las cuales se identifican los problemas, se legitiman los actores y se definen las alternativas consideradas posibles.
A partir del caso Cerimedo, el Observatorio de Medios de Cubadebate se pregunta si un actor relevante de este entramado puede insertarse en escenarios nacionales diferentes y ser reinterpretado de manera funcional en cada contexto político. Los datos analizados indican que sí: Cerimedo aparece incorporado a relatos distintos según el país.
Metodología: qué mide —y qué no mide— esta base
Se exportaron las publicaciones de páginas públicas de Facebook que mencionaban a Fernando Cerimedo o a su empresa, Numen. Después de eliminar duplicados y filas de resumen generadas por la plataforma, la base quedó integrada por 5.286 publicaciones únicas, fechadas entre el 1 de enero de 2022 y el 30 de agosto de 2026. En conjunto, acumularon 4.716.893 acciones —comentarios, reacciones y compartidos— y 38.956.924 vistas de video hasta la fecha de extracción.
Sobre este universo se identificaron también las referencias a MAGA y a su repertorio político e ideológico asociadas con Cerimedo y Numen. Para ello se emplearon grupos reproducibles de palabras clave relacionados, entre otros temas, con Donald Trump, MAGA, la confrontación entre “libertad” y “comunismo”, las denuncias de fraude electoral, el rechazo de la izquierda y otros encuadres recurrentes de la guerra cultural estadounidense.
Estas categorías pueden solaparse y permiten medir la presencia de determinados términos y asociaciones, pero no constituyen un análisis de sentimiento, no determinan la posición política de cada publicación ni prueban adhesión ideológica. Esos elementos no son objeto de este análisis.
El país consignado en la base es el atribuido por el proveedor a la página o propiedad que publicó el contenido; no corresponde necesariamente a la ubicación de su audiencia. En 286 publicaciones este campo no contiene información. La base, por tanto, permite estudiar cómo las menciones a Cerimedo y Numen se relacionan con actores, símbolos y marcos interpretativos del ecosistema MAGA en diferentes espacios nacionales.
Cinco años comprimidos en trece días
La primera evidencia no muestra una expansión regular, sino una concentración extraordinaria. Entre 2022 y 2025 aparecen 690 publicaciones; entre enero y junio de 2026, apenas 42; y entre julio y agosto, 4.554. Más aún: 4.545 publicaciones —el 85,98% de toda la base— se difundieron entre el 18 y el 30 de agosto de 2026.

Figura 1. Publicaciones únicas por período. Fuente: elaboración propia.
Este comportamiento permite distinguir entre actividad y visibilidad. Durante buena parte del período comprendido entre 2022 y el primer semestre de 2026, Cerimedo operó con una exposición pública relativamente limitada, pese a participar en campañas, empresas de comunicación y redes políticas de alcance regional. La escasez de menciones no significa que permaneciera inactivo, sino que su trabajo se desarrollaba principalmente detrás de candidatos, medios digitales, consultoras y dispositivos de intervención en redes sociales.
Como mostró la investigación anterior del Observatorio de Medios de Cubadebate, mientras Cerimedo conservaba ese bajo perfil público, su infraestructura empresarial y comunicacional se encontraba en funcionamiento. Numen, La Derecha Diario, sus alianzas con otros consultores y sus conexiones con actores del ecosistema MAGA estadounidense conformaban una red capaz de prestar servicios políticos, producir contenidos, intervenir en conversaciones digitales y trasladar métodos de campaña entre distintos países. A ello se sumaban las declaraciones del propio Cerimedo sobre el empleo de trolls y la creación de cuentas artificiales, así como denuncias e investigaciones posteriores sobre posibles granjas de bots. Estas evidencias permiten hablar de una maquinaria activa, aunque no autorizan a atribuir automáticamente todas sus operaciones a una dirección centralizada desde Estados Unidos.
El salto registrado en julio y, sobre todo, en agosto de 2026 coincide con la detención de Cerimedo en Bolivia y con las denuncias públicas formuladas en su contra. A partir de ese momento, un operador que había trabajado con relativa discreción se convirtió en objeto de escrutinio regional. La conversación ya no se limitó al proceso judicial boliviano: comenzó a reconstruir retrospectivamente su trayectoria como consultor, su relación con Javier Milei, su actuación en Brasil y sus conexiones con campañas, empresas y actores políticos de México, Chile, Honduras y otros países.
El acontecimiento no creó de repente las conexiones transnacionales: hizo visibles relaciones que ya existían.
El acontecimiento funcionó así como un revelador. No creó de repente las conexiones transnacionales, sino que hizo visibles relaciones locales que ya existían, pero permanecían dispersas y eran observadas de manera fragmentaria en cada país. Lo que en Argentina podía parecer una estructura vinculada al mileísmo; en Brasil, un dispositivo asociado al bolsonarismo; en Bolivia, una consultoría integrada a la política nacional; y en Honduras, una intervención electoral específica, comenzó a percibirse como parte de un entramado regional más amplio.
Por eso sería incorrecto presentar la curva como prueba de una presencia digital que creció de manera sostenida desde 2022. Muestra algo diferente: la distancia entre el funcionamiento silencioso de una infraestructura política y el momento en que un acontecimiento crítico permite reconocer públicamente sus conexiones. El caso judicial disparó la visibilidad de Cerimedo, pero también permitió observar cómo una misma red de consultores, medios, tecnologías y marcos ideológicos había adquirido expresiones nacionales distintas en América Latina.
En ese sentido, el pico de menciones no mide la fecha de nacimiento de la red, sino el momento de su exposición pública. La maquinaria operaba antes de que la conversación regional pudiera verla como una maquinaria.
Conversación transnacional con acentos nacionales
Las páginas atribuidas a Argentina publicaron 2.264 piezas (42,83%); las de Bolivia, 1.480 (28,00%); México, 402 (7,61%); Brasil, 243; Chile, 188; y Honduras, 128. La distribución no mide el interés de las poblaciones: mide qué páginas incluidas por el proveedor produjeron contenido.
Una precisión importante: el país atribuido a cada publicación corresponde a la página o propiedad que produjo el contenido, no necesariamente a la ubicación de su audiencia. Lo significativo es la localización narrativa. En Argentina, Cerimedo aparece ligado a Milei y a La Derecha Diario; en Bolivia, al caso judicial y a la política local; en México, a declaraciones sobre una eventual intervención electoral y a actores nacionales; en Brasil, a las narrativas de fraude posteriores a 2022; en Chile, a controversias sobre campañas digitales y cuentas de “troleo”; y en Honduras, a la elección disputada de 2025.
Los conteos de palabras refuerzan esa pluralidad: “Bolivia” o “Rodrigo Paz” aparecen en 2.313 publicaciones; “Milei”, “Argentina” o “libertario”, en 1.532; “Bolsonaro” o “Brasil”, en 411; términos de fraude o elección, en 327; Honduras y nombres asociados, en 115; Trump o MAGA, en 63. Una publicación puede pertenecer a varias categorías.

Figura 2. Volumen diario, 18–30 de agosto de 2026. Fuente: elaboración propia.
Del imperialismo cultural al absolutismo cultural
El punto decisivo no es que todas las publicaciones repitan un mensaje estadounidense. De hecho, muchas cuestionan a Cerimedo. El punto es que un repertorio político nacido o reforzado en la guerra cultural norteamericana —fraude electoral, antipolítica, líderes plebiscitarios, medios militantes, segmentación, trolls, “libertad” contra “comunismo”— puede ser traducido por actores locales hasta dejar de parecer importado. De ahí que la tesis del absolutismo cultural resulte útil como hipótesis interpretativa.
Foreign Policy llamó “caudillo courtship” al desplazamiento de dirigentes latinoamericanos que buscan acceso y validación en el ecosistema MAGA mediante relaciones personalizadas con Donald Trump. El concepto describe el gran centro de legitimación. El caso Cerimedo permite mirar el nivel intermedio: consultores, firmas digitales, medios, influenciadores y operadores que adaptan los marcos políticos de la transnacional derechista a campañas nacionales.
La investigación previa de Cubadebate documentó esa infraestructura mediante registros societarios, expedientes FARA y un memorando NUMEN–Latin America Advisory Group. Fuentes periodísticas han reconstruido además la participación de Cerimedo en la estrategia digital de Milei y la difusión de afirmaciones infundadas sobre las urnas brasileñas. En Brasil, autoridades y observadores no hallaron evidencia de fraude capaz de invalidar la elección de 2022; separar esa verificación de las narrativas políticas es indispensable.
Los macrodatos obtenidos de Facebook aportan la capa que faltaba: cuando el nombre del operador se vuelve noticia, cada país lo incorpora a su propio conflicto. Esa localización es compatible con la tesis de que el absolutismo cultural alcanza mayor eficacia cuando ya no necesita presentarse como estadounidense.

Figura 3. Categorías no excluyentes basadas en palabras clave. Fuente: elaboración propia.
Aquí aparece uno de los rasgos más profundos del absolutismo cultural: el sistema funciona mejor cuando deja de parecer impuesto. Como señalan Olga Rosa González e Hilda Saladrigas, a diferencia del imperialismo cultural clásico, donde resulta relativamente visible la relación entre un centro que produce y una periferia que recibe, aquí la periferia comienza a reproducir, adaptar y legitimar por sí misma los códigos procedentes del centro.
Washington ya no necesita producir cada mensaje. Los actores locales los territorializan, los mezclan con conflictos nacionales y los presentan como respuestas autóctonas a problemas argentinos, brasileños, hondureños o bolivianos. Lo universal no sustituye a lo nacional: aprende a hablar con acento nacional.
El ecosistema MAGA ofrece numerosos ejemplos de este desplazamiento, como ha mostrado de manera tan pedagógica el caso Cerimedo. Dirigentes latinoamericanos incorporan sus símbolos y categorías; algunos intervienen directamente en debates culturales estadounidenses; otros buscan el reconocimiento de figuras de ese universo político o convierten su proximidad a Donald Trump en capital político interno.
Aparece incluso una segunda audiencia: determinadas acciones realizadas en América Latina están dirigidas simultáneamente al electorado nacional y al mercado político de atención y legitimidad situado en Washington, Florida y el ecosistema MAGA. Trump deja así de funcionar únicamente como presidente de Estados Unidos y adquiere, para determinados sectores de la derecha regional, una función adicional como productor transnacional de legitimidad política.
El caso Cerimedo resulta especialmente útil porque permite observar la infraestructura situada debajo de esa circulación cultural. Su importancia analítica no deriva solamente de sus posiciones ideológicas, sino de encontrarse en la intersección entre consultoría electoral, medios, redes sociales, tecnologías de datos y relaciones políticas transnacionales.
En Cambridge Analytica, Alexander Nix hablaba de personalidad, comportamiento y persuasión electoral. Promocionaba la empresa como un emporio que utilizaba datos para “cambiar el comportamiento de la audiencia”. Antiguos empleados describieron las técnicas como auténticas operaciones de “guerra psicológica”. Cerimedo invoca la narrativa, datos, comunicación emocional, algoritmos y construcción de sentido común. El primero lo formulaba principalmente desde la ingeniería conductual electoral; Cerimedo lo integra en una estrategia política de largo plazo que denomina “batalla cultural permanente”.
La relación documentada con Brad Parscale, socio de Cerimedo y símbolo de la dimensión tecnológica del ecosistema MAGA, añade una pieza decisiva: conecta a un operador latinoamericano con capacidades profesionales y tecnológicas procedentes directamente del ecosistema electoral de Trump. De este modo, una misma red puede transportar no solo narrativas, sino también personas, tecnologías, conocimientos electorales, mecanismos de segmentación y relaciones de poder.
Esto introduce, además, una diferencia importante respecto de la propaganda tradicional. En el entorno digital no es necesario que millones de personas reciban exactamente el mismo mensaje. El proceso suele funcionar a la inversa: audiencias diferentes reciben mensajes adaptados a sus preocupaciones nacionales y locales, pero esos mensajes pueden conducirlas hacia un repertorio interpretativo común: libertad frente a comunismo, pueblo frente a élite, patriotas frente a globalistas, elecciones legítimas frente a fraude, valores tradicionales frente a wokeness.
La homogeneización no ocurre necesariamente en el contenido concreto del mensaje, sino en las categorías mediante las cuales se interpreta la realidad.

Gráfico. Imperialismo cultural y absolutismo cultural: comparación aplicada al caso Cerimedo.
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Conclusiones
El caso Cerimedo ilumina un sistema transnacional de producción de sentido en el que conviven acceso político, tecnología electoral, medios ideologizados y traducción local. La base de Facebook que hemos analizado muestra su huella pública: 5.286 publicaciones, 635 páginas y una circulación en al menos 25 categorías nacionales con dato disponible.
La conclusión sólida es doble. Primero, el actor fue inteligible simultáneamente en varias arenas nacionales: no apareció como un agente extranjero idéntico en todas partes, sino como pieza de relatos argentinos, bolivianos, mexicanos, brasileños, chilenos y hondureños. Segundo, esa plasticidad narrativa ayuda a explicar cómo un repertorio transnacional puede naturalizarse localmente.
La conclusión que los datos no sostienen sería más ambiciosa: que las 5.286 publicaciones fueron coordinadas, que las métricas equivalen a influencia electoral o que Facebook prueba una cadena de mando desde Trump hasta cada teléfono.
Precisamente porque evita esas afirmaciones, el análisis refuerza la pregunta teórica de González Martín y Saladrigas: el poder cultural contemporáneo no opera sólo diciendo qué pensar; también disputa las categorías con las que se vuelve posible pensar la política.
El imperialismo cultural explica cómo viajan las ideas. El absolutismo cultural, tal como aparece desarrollado en este trabajo, ayuda a explicar cómo dejan de parecer ideas importadas.