
Eyjolfur B Eyvindarson, presidente de la Asociación de Amistad Islandia - Cuba. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
El presidente de la Asociación de Amistad Islandia-Cuba llegó por primera vez en 1975 con 19 años. Desde entonces, no ha dejado de regresar. Hoy, en el centenario de Fidel, explica por qué ser solidario con Cuba es también una forma de defender la soberanía de los pueblos.
Hay viajes que transforman la vida de quien los emprende. Para Sesar Eyjolfur B. Eyvindarson, ese viaje ocurrió en 1975, cuando con apenas 19 años pisó por primera vez la tierra de la que nunca podría separarse. “Me cambió la vida”, confiesa a Cubadebate sin titubeos. “No solo por aprender a bailar salsa, sino por conocer el ejemplo que Cuba da al mundo”.
Casi medio siglo después, el presidente de la Asociación de Amistad Islandia-Cuba regresa a La Habana en el año del centenario de Fidel Castro. Islandia y Cuba son dos islas, pero separadas por océanos y, sobre todo, por historias. “Yo crecí en Islandia bajo la influencia de Estados Unidos. La prensa siempre hablaba de Fidel como un dictador, que todo era malo, totalitario”, recuerda. Por eso, su primer viaje fue también un acto de rebeldía. “Vine para conocerlo, para saber algo por mí mismo”.
Desde entonces, ha regresado en seis ocasiones. Esta vez, llegó con la Brigada José Martí, pero también ha viajado con el Convoy de Nuestra América y en varias brigadas del Primero de Mayo. “Nunca había estado en agosto, que hace mucho calor”, ríe. “Pero ahora es el momento. Es el centenario, y me siento parte de este sentimiento, de esta realidad”.
—¿Qué significa Fidel para usted?
“Mucho. Realmente mucho. He investigado sobre el Che Guevara y otros héroes de la Revolución Cubana, pero Fidel es otra cosa. Conecta con todo el mundo. No solo por sus pensamientos, sino por su manera de comunicar, de unir. Es un mundo dentro de sí mismo”.
—Este año, el gobierno de Estados Unidos ha recrudecido su política contra Cuba. ¿Qué piensa de esas medidas?
“Primero, el 3 de enero con el caso de Venezuela, y luego el 29 de enero. Me puse muy triste. Fue un shock. Esto es la última fase del imperialismo. No sabemos cuándo va a terminar. Es un asedio, un genocidio lento. Tenemos que decírselo al mundo, aunque no todo el mundo quiera escucharlo. Pero tenemos que hacer que escuchen, porque es fundamental.
“Lo que hacen aquí, lo harán en casa, en Congo, donde sea. En Islandia, la gente vive en una burbuja. Pero el movimiento de amistad de Islandia es amplio. Quizás es por el sentimiento de ser soberanos y libres. Los islandeses, como los europeos del oeste, piensan que viven en democracia, pero es un teatro. Podemos aprender mucho de Cuba. También tenemos una deuda con el pueblo heroico cubano”.
—¿Qué significa Cuba para el mundo?
“Es la esperanza. Para mí es muchísimo amor. Es otra manera de hacer las cosas, otro mundo. Es un ejemplo increíble. A pesar de la guerra económica, de todo tipo de amenazas, sigue adelante. No sé qué otro país del mundo podría resistir tanto. Islandia ya se habría rendido en una semana. Cuba es el ejemplo de que podemos resistir y de que, al final, vamos a vencer”.
—¿Qué importancia tienen eventos como este coloquio, que reúnen a personas de todo el mundo?
“Es muy importante. Es todo. Como dije, al principio del año fue un shock. Pensé: ¿va a desaparecer la revolución? ¿El movimiento que pone primero al pueblo y no a las ganancias? Venir aquí hace que crezca el corazón de la solidaridad y la esperanza. Eso es lo más importante”.