
La IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos se celebró en La Habana, con la participación de 190 delegados de 27 países.
Hoy en día enfrentamos una coyuntura grave. El trabajo político que realicemos ahora determinará en qué condiciones enfrentaremos la ofensiva imperialista y militar que EEUU pretende eventualmente llevar a cabo contra China. Nuestras acciones hoy nos colocarán en el lugar de espectadores, como refuerzo político o económico de los EEUU o como constructores de nuestros propios destinos.
Lo que enfrentamos el día de hoy no es Trump, sino un imperio en crisis. Y un imperio en declive es más peligroso, no menos.
No podemos pensar que, al terminar esta administración, las condiciones cambiarán en nuestro favor. La agresión no termina en 2028, y no debemos esperar que negociaremos términos aceptables con un hegemón debilitado —su debilidad es exactamente lo que lo vuelve más violento.
Por lo tanto, debemos construir salidas que no pasen por el fin del mandato de Trump. La claridad política sobre lo que el imperio construye es fundamental. No es suficiente denunciar, es necesario entender lo que plantea para evitar su desenlace.
Sumándose a ese cuadro, que es profundamente adverso, está el repliegue de los proyectos progresistas de la región. Ambas realidades se interrelacionan.
El imperio aprendió que no puede con todo
EEUU adopta hoy una visión “más realista”, pues aprende, a duras penas, que no puede abarcar todo a la vez. Antes de 2025 presenciamos una estrategia de máxima extensión que buscaba debilitar a Rusia, intimidar a China, sostener a Israel, controlar América Latina, todo al mismo tiempo. Esta ambición, implantada tras la caída de la Unión Soviética, suponía recursos ilimitados y la ausencia de una resistencia.
En 2025 se derrumban las ambiciones imperiales, pues Rusia no fue debilitada como esperaban, China resistió la guerra económica y el genocidio en Gaza tuvo un costo político que Washington no calculó. Desde ese momento de reorientación, EEUU ha buscado los siguientes objetivos principales:
- Consolidar la ocupación sionista, a través del debilitamiento de Irán.
- Destruir cualquier proceso antiimperialista en América Latina.
- Mantener o ampliar la capacidad militar en África y Asia, que hoy no son escenarios de primera orden, pero que en algún momento pueden serlo.
Como bien sabemos, Irán demostró una capacidad de contrarrestar el avance imperialista, pero es necesario, al igual, reconocer que ante esa agresión sionista e imperialista aún no hay una resolución duradera. Los ataques continuos en Líbano y Palestina, y el esfuerzo permanente por armar a las naciones del Golfo, pintan un cuadro de inestabilidad permanente.
Por qué el repliegue vuelve al imperio MÁS peligroso
Estados Unidos hoy reacciona a dos crisis estructurales que se alimentan entre sí:
- Crisis de hegemonía (afuera)
- Crisis económica, política y social (adentro)
Ante la necesidad de recuperar influencia y legitimidad, elige el camino más violento: es lo que el Tricontinental nombra como hiper-imperialismo: un imperialismo que ya no construye consenso ni mantiene coaliciones, que actúa de forma unilateral porque calcula que puede y porque ha perdido condiciones materiales para una coerción económica como medida única.
En nuestro continente hemos vivido históricamente la política de la Doctrina Monroe. Aquí, como en ninguna otra región, los EEUU poseen palancas de influencia estructurales que permiten accionar la intervención de forma permanente. Estas incluyen el sistema económico y financiero, la articulación política, la influencia cultural e ideológica y el despliegue militar. Es fundamental aseverar que ninguna de estas palancas funciona sin la colaboración activa de nuestras élites nacionales.
Inmediatamente después de la inauguración del ciclo progresista en la región, los EEUU, junto con las élites continentales, organizaron una contraofensiva política e ideológica contra la izquierda. Introdujeron ideas y pensamientos que penetraron dentro de nuestra propia base social. Ideas como:
- El populismo no permite al Estado tomar medidas importantes para salir del hoyo económico en el que estamos - Milei.
- La colaboración del Estado con las organizaciones delictivas hace del pueblo víctima de su propio gobierno - Noboa, de la Espriella.
- La economía de Estado es fundamentalmente corrupta y concentra privilegios y riqueza en la funcionalidad pública - Miami Cubans.
- La economía de Estado no permite el desarrollo y aprovechamiento de los recursos de nuestros países - María Corina.
- La izquierda defiende estilos de vida que no respetan los valores tradicionales del grueso de la población - Bolsonaro.
- La izquierda defiende ideas arcaicas y se opone a la modernidad y la globalización, encerrándonos en un mundo atrasado - Bukele.
- La ley y el orden son centrales para el bienestar del pueblo y se deben defender a toda costa - Bukele, Noboa, de la Espriella, Bolsonaro, PAN.
- La izquierda manipula al pueblo, simula políticas de beneficio social, pero fundamentalmente roba y corrompe la institucionalidad pública - PAN, PRI.
A partir de esta doble narrativa de radicalidad discursiva y combate a la izquierda, han cumplido exitosamente con los objetivos de diseñar enemigos nacionales (la izquierda en todas sus expresiones) y justificar la violencia contra ella y el pueblo. Esto constituye un fenómeno internacional que se vuelve evidente con la renovación del macartismo y que, en cada región, posee características particulares.
En América Latina vivimos dos expresiones de la violencia intervencionista, que se encuentran articuladas entre sí. Por un lado, la intervención militar directa en el Caribe, Venezuela, y las amenazas a Cuba, Panamá y México.
Por otro lado, vivimos la desestabilización de territorios por organizaciones criminales. Debemos entender el potencial desestabilizador de las organizaciones criminales y armadas con motivos políticos particulares. Existe un precedente histórico acerca de la inserción de grupos armados que disputan al Estado el monopolio de la violencia y la manera como eso debilita las capacidades de resistencia y de defensa de la soberanía de los Estados. Han existido milicias secesionistas como en el caso del Congo, donde, en vísperas de la independencia, Bélgica incita al separatismo para frenar la consumación del proyecto libertador. En Donetsk, al igual, las milicias han actuado como verdaderos proxies de los EEUU, amenazando la soberanía de la Federación Rusa. También hemos conocido las milicias del fundamentalismo religioso que, desde Afganistán hasta Malí, generan verdaderas crisis de gobernabilidad que debilitan cualquier proyecto democrático o soberano.
En América Latina, la existencia de organizaciones delictivas permite que una serie de objetivos que favorecen el proyecto imperialista se cumplan:
- Justifican la presencia militar de EEUU.
- Legitiman procesos represivos de “mano dura” (Ecuador, El Salvador; próximamente Perú, Colombia).
- Destruyen el tejido social, provocando la migración forzada y generando ciclos de violencia interminables (Haití, Honduras, México). En su conjunto, esta destrucción del tejido social mina la organización y la resistencia, pues el pueblo vive en permanente modo de sobrevivencia.
- Fortalecen a la derecha de la “mano dura”, que propone asertividad en el combate al crimen organizado y contrasta con la postura ambigua de la izquierda.
- Justifican la persecución de la supuesta “narco-izquierda” y la total deslegitimación de la izquierda.
En el marco global, la violencia se ha instalado como mecanismo para garantizar la dominación del imperialismo o, en mínima instancia, el no alineamiento con China, Rusia e Irán. Hagamos un breve recorrido:
En Asia-Pacífico y Asia Oriental avanza una militarización sin precedentes (Australia, N. Zelanda, Filipinas), en tanto política y diplomáticamente los EEUU estimulan a fuerzas políticas anti-China en Corea, Taiwán y Japón. En conjunto, se busca alinear un frente político e ideológico que prepare el terreno para una incursión militar.
En el sur de Asia, hoy únicamente existen gobiernos de derecha, de los cuales los EEUU esperan colaboración en materia económica, política y militar. En el caso de India, hay un proceso largo de alinear la potencia a los intereses de EEUU, a pesar de los atrasos que eso implicaría para el desarrollo del país.
En África subsahariana existe la mayor presencia comercial y de intercambio tecnológico chino fuera de Asia. El continente está sumergido en conflictos violentos por el control de recursos y territorio (Sudán, Somalia, Etiopía, Malí/Burkina/Níger, Congo, Nigeria). Resulta inverosímil que estos embates no cuenten con apoyo externo, particularmente de los EEUU, su aliado sionista, y las antiguas metrópolis de la Unión Europea.
En Asia Occidental y Norte de África, el proyecto sionista avanza a pesar de las contradicciones, la resistencia y el rechazo global al Estado de Israel. La consolidación del sionismo y la normalización de este aún cobrará miles de vidas en una región que ha vivido décadas de guerras interminables.
Lo que nos exige el momento actual
En esta coyuntura, nuestra primera obligación es partir de análisis claros y objetivos. Debemos nombrar la agresión como lo que es: una crisis del imperialismo, no un rasgo de un presidente. Esto nos vacuna contra la trampa de creer que otra Casa Blanca cambiaría la política imperial.
En segundo lugar, debemos abandonar la ilusión del salvador externo. Ni una elección en EEUU ni la multipolaridad nos van a salvar. Es verdad que la multipolaridad abre espacio, pero estos espacios deben ser ocupados por nuestra propia fuerza política y proyectos nacionales. La liberación será obra de nuestros pueblos o no será.
En tercer lugar, debemos construir desde donde estamos, ahora, reconociendo el trabajo que nos resta a partir de la retomada de principios organizativos que fuimos abandonando:
- Objetividad en el análisis.
- La lucha como principal mecanismo para generar transformación.
- El trabajo político abordado de manera metódica y no espontánea.
- El internacionalismo como una espina dorsal de la estrategia de resistencia. Nunca antes poseímos condiciones tan favorables para construir un movimiento de masas contra el imperialismo y, sin embargo, no lo hemos construido en su máxima expresión porque nos ha faltado enraizarlo en la base y comprenderlo como trabajo permanente.
Conclusión
El mito de la invencibilidad está perforado. EEUU lanzó una guerra para demostrar dominio y fue forzado a negociar en los términos del Estado que quería destruir. Buscó destruir la revolución cubana y la encontró, una vez más, implacable. La ventana se abrió un poco más, fruto de esas resistencias que demuestran que no actuamos contra una dominación eterna y todopoderosa. Lo que hagamos con esa ventana depende de nosotros.
Compañeras y compañeros, hoy más que nunca, ¡Patria o Muerte, Venceremos!