
Foto: Pedro Pablo Chaviano/ ALBA Movimientos.
La disputa por las ideas, la cultura y la comunicación ocupó este viernes (7) un lugar central en los debates de la IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos, que reúne en La Habana, Cuba, a movimientos populares de distintos países del continente.
El panel “El socialismo en la batalla ideológica y cultural” reunió al director de Casa de las Américas, Abel Prieto; a la periodista y representante del Instituto Nacional de Formación Política de Morena, Alina Duarte; y a Nina Fideles, directora de Brasil de Fato, para discutir los desafíos de construir herramientas para la disputa hegemónica y fortalecer la organización popular.
Frente a representantes de movimientos de todo el continente, las intervenciones coincidieron en señalar que la comunicación no puede ser pensada como una tarea secundaria dentro de la disputa política. Por el contrario, constituye un terreno estratégico en el que se enfrentan proyectos de sociedad, se construyen sentidos y se forman sujetos políticos.
“La colectividad de las ideas”
Nina Fideles abordó esa disputa como una batalla contra la concentración de los medios de comunicación y señaló que la estructura mediática de Brasil reproduce, en buena medida, la misma lógica de poder que históricamente concentró la propiedad de la tierra y expulsó a trabajadores rurales y campesinos de sus territorios.
“En Brasil, el 70 % de los medios de comunicación sigue estando en manos de cinco grandes familias, que históricamente son las mismas que expulsaron a trabajadores rurales y campesinos de sus tierras y concentraron la propiedad de la tierra”, afirmó.
Disputar los medios, sostuvo, también forma parte de un proyecto orientado a transformar a las personas y las relaciones sociales. “No se trata solamente de distribuir los canales; también tenemos que formar cuadros políticos y técnicos en comunicación para hacerlo y considerar las condiciones materiales para llevarlo adelante”.
Al rescatar los procesos colectivos de los movimientos sociales y frente a los desafíos impuestos por las lógicas de hiperindividualización y narcisismo, Fideles señaló: “Nosotros tenemos que tener cuidado con los falsos héroes de la comunicación, precisamente por la centralidad que hoy tiene la comunicación”.
La directora de Brasil de Fato señaló que esa centralidad obliga a mirar más allá de la producción de contenidos y a preguntarse por el recorrido que estos realizan y por sus efectos: quiénes los reciben, qué estímulos generan y qué transformaciones producen. En ese sentido, remarcó la necesidad de diferenciar entre audiencia, alcance e impacto político, teniendo como referencia permanente el objetivo político que orienta la comunicación.
Asimismo, planteó la necesidad de que los movimientos sociales apuesten por la articulación entre profesionalismo y organicidad con las causas populares. En esa línea, recuperó el pensamiento de Paulo Freire para explicar la relación entre comunicación y formación política.
“Paulo Freire decía que no basta con saber leer que ‘Eva vio la uva’; es necesario comprender cuál es la posición que Eva ocupa en su contexto social, quién trabaja para producir la uva y quién obtiene las ganancias de ese trabajo. Así como Paulo Freire tenía como objetivo alfabetizar formando sujetos críticos, nosotros debemos comprender la comunicación como un proceso de construcción de sujetos.”
“Pretenden que naturalicemos la barbarie”
Abel Prieto situó la disputa en el terreno de la cultura. Para el escritor, allí también se desarrolla una batalla política decisiva, en la medida en que el capitalismo es presentado como “un orden natural vinculado al progreso y la prosperidad”, mientras se intenta instalar la idea de que “el socialismo es un proyecto fracasado y sin sentido”.
En ese escenario, Prieto expresó su preocupación por la forma en que la ultraderecha ha asumido la batalla cultural, hasta el punto de estudiar a intelectuales como Gramsci “incluso con mayor rigor que sectores de la propia izquierda”.
“Yo creo que sí hay que dar la batalla cultural. Vivimos una coyuntura en la que la batalla cultural es un aspecto vital de la lucha política. Tenemos que disputar con nuestras ideas y nuestras verdades. Tenemos que encontrar la forma de abrir fisuras en esta ofensiva masiva destinada a idiotizar a la población. Es una batalla muy dura, pero una batalla que tenemos que ganar”, afirmó.
Poniendo como ejemplo el caso de Cuba, que sufre un “genocidio silencioso”, señaló la necesidad de que las organizaciones y los movimientos se articulen para desmontar las mentiras y distorsiones construidas contra “las causas justas”, que deben enfrentar un verdadero “diluvio” de fake news, manipulaciones y falsedades utilizadas para legitimar la barbarie.
La comunicación como organizador colectivo
La periodista xochimilca del Instituto Nacional de Formación Política de Morena, Alina Duarte, insistió en la importancia de que quienes integran los movimientos sociales asuman con profesionalismo el debate de ideas y la comunicación, así como cualquier otra tarea que desempeñen.
Duarte sostuvo que la batalla de ideas requiere precisión y una comunicación capaz de orientar la práctica política de la militancia. “La comunicación debe servir para ampliar y llevar el debate a todos los espacios y territorios, allí donde nos encontremos”, afirmó.
Un ejercicio que, planteó, necesita apoyarse en una memoria histórica que permita comprender de dónde se viene, una lectura clara del presente y, a partir de allí, definir hacia dónde avanzar.
“Falta masificar el trabajo comunicacional dentro de las bases, dentro de nuestra militancia, como una forma de disputar ese sentido común, en donde las derechas nos llevan de calle”, sostuvo al señalar uno de los desafíos para disputar un sentido común en el que, según consideró, las derechas llevan ventaja.
En su argumentación, recuperó experiencias históricas en las que los medios fueron concebidos como instrumentos vinculados a grandes debates colectivos. “En algún momento tuvimos estos grandes medios de comunicación que eran producto de los grandes debates colectivos”, recordó.
A partir de esa idea, mencionó al Iskra y al Pravda, vinculados a la Revolución Rusa, y también recordó el Correo del Orinoco, impulsado por Bolívar, tradición en la que ubicó a Patria, el periódico fundado por José Martí.
“¿Qué tenemos ahora? Tenemos la monetización clara de las ideas. Los influencers viven de monetizar ideas individuales y hacerlas pasar por colectivas”, afirmó.
A modo de autocrítica, señaló que las organizaciones populares han dejado de construir espacios colectivos de debate junto a medios de comunicación capaces de orientar y organizar a la militancia.
“Nuestras organizaciones muchas veces han renunciado a tener espacios de debate colectivos, con sus medios de comunicación colectivos que orienten, organicen —en esta idea leninista—, porque él decía que el periódico no solo estaba para informar, sino que, sobre todo, era un gran organizador; que organice, motive a la militancia y construya el mundo que queremos.”
El desafío, planteó Duarte, es recuperar esa dimensión colectiva de la comunicación en un escenario que exige revisar permanentemente las herramientas políticas y organizativas.
“Todos los días tenemos un nuevo horizonte y urge, en ese sentido, estar a la altura del momento histórico, sentarnos, reunirnos y pensar que la revolución la vamos a construir solo entre todos y todas, que aquí nadie se salva solo”.