
En este segundo capítulo del podcast “El Siglo de Fidel”, Marxlenin Pérez conversa con René González Sehwerert, Héroe de la República de Cuba, desde el Memorial de la Denuncia.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Bienvenidos, esto es “El Siglo de Fidel”, un espacio de recordación y homenaje de la vida, la obra y el pensamiento de Fidel Alejandro Castro Ruz o sencillamente Fidel. Soy Marxlenin Pérez y hoy estaré conversando con el Héroe de la República, René González, precisamente aquí en el Memorial de la Denuncia.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Bienvenido.
René González Sehwerert: Hola, buenas tardes.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Gracias por aceptar nuestra invitación a hablar de Fidel.
René González Sehwerert: Gracias a ustedes por invitarme.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Yo te propongo René que empecemos por esta sala, que justamente es la sala que representa todos los planes de la CIA contra nuestro país desde, por supuesto, el triunfo de la Revolución.
René González Sehwerert: Desde antes.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Y desde antes. Yo creo que se impone empezar por algo que fue una gran coincidencia, pero es una coincidencia afortunada. Y es que tú naciste el 13 de agosto, pero bueno, de 1956, pero eso incluso le agrega misticismo porque son 30 años después de que naciera Fidel en el año ′26.
René González Sehwerert: Exacto.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Un poeta diría que tú y Fidel ya estaban atados a la misma estrella, una estrella que los une en épocas históricas y en fechas de nacimiento. Yo quisiera que en tu vida de René joven, ese que tenía inquietudes ya desde el principio, que mostraba cierta madurez a pesar de ser muy joven, que quería ser piloto, que se interesaba por las cuestiones del mundo, de la vida del país, pero también internacional. ¿Cómo llega Fidel a ese René? ¿Cómo supiste de Fidel? ¿En qué momento? ¿Temprano? ¿Tarde?
René González Sehwerert: Para mi generación, Fidel forma parte de esa área gris en la que tú empiezas a adquirir conciencia. Uno a veces trata de recordar, qué es lo primero que yo recuerdo. Y Fidel forma parte de esa área, yo había nacido en Estados Unidos, vine para Cuba con cinco años en el ′61, y de una manera natural Fidel empezó a ser parte de nuestra vida. Lo recordamos así, de la misma forma que recordamos a los familiares más cercanos, que eventualmente en un momento tuvimos conciencia de su existencia y de que eran parte de nuestra vida, y para mi generación Fidel pasó a ser parte de mi vida de esa manera natural. Una vez que llegué aquí, Fidel estaba en todos lados. Pleno año ′61, había ocurrido ya Girón, el país estaba en plena efervescencia, y me encuentro con un país que es Fidel, y de esa manera, tan natural, entró a la vida nuestra como un niño más de mi generación. Yo llego en octubre del ′61, y entonces en aquella época había un programa nacional de becas de primaria, y tuve la suerte de ser becado en Santa María del Mar, Loma, era una beca muy bonita, donde se respiraba entusiasmo, nuestros maestros eran macarencos, de Minas de Frío, jovencitos, un poco más jóvenes que nosotros, todos venían llenos de cuentos, de ideas, le imprimían mucha alegría a todo. Y ese programa de becas era muy seguido por Fidel, Celia, había una señora, Elena Gil, que era una educadora cubana de aquellos tiempos, que estaba frente a ese programa, y Fidel era visita asidua a la escuela.
En esa escuela confluimos repatriados, ellos pusieron muchos repatriados ahí, con hijos de combatientes, de los dos bandos, después supe, que de hecho Teté Puebla atendía a los hijos de combatientes del ejército de Batista, y coincidimos todos, combatientes rebeldes, hijos de combatientes del ejército de Batista, repatriados…
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿Qué mezcla, eh?
René González Sehwerert: Sí, pero ahí nadie sabía qué cosa era nadie, yo pienso que era la obra de Fidel en pleno funcionamiento. El paso de Fidel por esa época, primero marcó a nuestros padres, y hay que remontarse un poco antes de la Revolución. Yo como te decía, nací en Estados Unidos, mi madre siempre fue un poco más integrada desde el punto de vista político, de muy joven. Cuando llegó a Estados Unidos era adolescente, y trabajó en los sindicatos, siempre estaba tratando de defender a los pobres, buscándose problemas, mi papá no era tan político, era más bien muy escéptico, estaba cansado de los políticos, no quería saber de eso, encontró la oportunidad de irse a jugar pelota allá, y se fue. Allá se conocieron, luego los dos se politizaron, se unieron al movimiento 26 de Julio, y ya desde esa época Fidel era parte de la vida de mis padres. Luego del triunfo de la Revolución mi padre viene de visita, un poco que para confrontar su escepticismo con la realidad, porque los americanos decían barbaridades de la Revolución, la gente del 26 decía lo contrario, y el viejo viene, y cuando llega vence su escepticismo y es que deciden venir para Cuba.
Ya traían a Fidel consigo, habían estado en el Comité Pro Trato Justo a Cuba, habían estado en manifestaciones contra la invasión de Girón en Chicago, ahí tuvieron contacto con muchos revolucionarios exiliados, y ya cuando vienen, traen a Fidel consigo. Yo pienso que Fidel entra de una forma muy natural en la vida de nosotros, y entra a través también de la justicia que hace la Revolución, o sea uno aprende a ver la obra de la Revolución, que es lo que estaba haciendo respecto al racismo, respecto a la mujer, respecto al campesino, respecto al obrero, respecto a los pobres. Mis padres se integraron inmediatamente, de cuerpo entero a la Revolución. Mi padre murió comunista y mi madre va a morir comunista, y a partir de esa integración, de la defensa del país, de todo aquel ambiente que nos transformó a todos nosotros como generación, fue entrando Fidel, pero sobre todo a través de su obra y de su palabra. Yo pienso que cuando se habla de Fidel hay que empezar por decir, entre sus muchas virtudes, es la coherencia entre su palabra y su obra. Un hombre que no solamente sabe hablar y hacerlo bien, sino que su obra, su trabajo y su vida demostró que lo que él decía lo sentía y creía en eso.
Dra. C. Marxlenin Pérez: La fuerza del ejemplo.
René González Sehwerert: Exacto, y por eso es que Fidel inspiró la confianza que inspiró hasta el final de su vida. Yo pienso que Fidel estuvo presente aun desde antes. Para mí fue una transición natural. Yo siempre he dicho, yo era un piloto felizmente casado, con una hija, aspirando a ampliar mi familia. Nunca pensé ser un espía ni meterme en nada de eso. Siempre fui un revolucionario, ante todo. Y cumplí las tareas que la Revolución me fue asignando hasta ese momento. Algunas me las busqué también, porque yo no tenía que ir a Angola. Fui, exigí ir y fui. Pero hasta ahí. Yo estaba haciendo mi vida como piloto y se me aproximaron los compañeros de Minint para proponerme esta misión. Yo pienso que ya Fidel había formado un revolucionario en mí, como lo había hecho entre tantos jóvenes de mi generación.
Yo recuerdo que los compañeros me dijeron, mira, esto es una tarea difícil, si tú dices que no, no pasa nada, tú sigues con tu vida. Aquí no pasó nada, no hablamos contigo. Piénsalo. Yo les dije, no, yo no tengo que pensarlo. ¿Qué hay que hacer? ¿Estás seguro? Piénsalo bien. No, no hay que pensarlo. Yo creo que Fidel nos había hecho ya revolucionarios. Habíamos ido a Angola. Yo inclusive fui voluntario al servicio militar porque yo tenía ciudadanía norteamericana cuando entré en el servicio, me presenté y lo hice, o sea que ya Fidel estaba en mí de una manera, repito, natural. Y repito, por sus obras, por su ejemplo, por su palabra, por sus ideas, por su internacionalismo, por su sensibilidad humana, por su capacidad política, por su poder de convencimiento, o sea, todas esas cosas habían actuado en un joven como yo. Y cuando se me planteó la tarea, sencillamente dije que sí. Y bueno, lo único que le dije a ellos fue que yo no estaba seguro de que pudiera cumplirla, que eso es un problema que tenían que resolverlo ellos.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿En qué sentido? ¿Cómo crees?
René González Sehwerert: Porque yo soy muy extrovertido, no me gusta la doblez, no me gusta engañar, lo que pienso se me va. Y entonces, no me veía entre contrarrevolucionarios, no me sentía. Pero le dije, es un problema que ustedes tienen que resolver y ustedes dirán. Al final, sí, el sentido del deber, nuevamente, y sale otra vez la figura de Fidel, me permitió hacerlo y hacerlo bien. Pero Fidel estuvo a lo largo no solamente de la misión, sino desde mucho antes, ya estaba sembrado en nosotros. Si acaso habría que decir que durante la misión ellos me ayudaron a sembrarlo más, porque conocerlos, estar cerca de ellos, saber cómo piensan en realidad, no lo que dicen en público, sino lo que piensan, lo que sienten, te hace defender la Revolución todavía con mucho más ahínco y con un compromiso aún mayor.
La primera etapa es la convicción absoluta de que Fidel no te va a dejar solo.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Abandonado. Como no dejó en el yate Granma, no dejó abandonado a aquel expedicionario que cayó al mar.
René González Sehwerert: A Roque. Exacto, o sea, esa convicción siempre estuvo ahí, eso no flaqueó nunca, eso era una certeza absoluta. Sabíamos que iba a tomar tiempo, o sea, sabíamos que no era fácil, que era complejo. Hubo, por supuesto, un tiempo en la cárcel de incomunicación, hasta que poco a poco se fueron logrando las vías de comunicación a través de la familia y, por supuesto, el primer mensaje fue de Fidel, de apoyo, de respeto, de admiración, con esa generosidad que él desbordaba. Hasta que ya se pudo hacer público el asunto y vino la campaña.
Nosotros escuchamos el discurso en el Cotorro.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿Sí? ¿Lo pudieron escuchar?
René González Sehwerert: Lo pudimos escuchar. En esa época comprabas un radiecito en la cárcel y con eso nos arreglábamos para escuchar Radio Rebelde y aquel día cuando dijo la frase ¡Volverán! Yo estaba con Ramón en la misma celda, él estaba arriba y yo estaba abajo y aquello fue emocionante. Después vino el momento en que él se desmaya y Ramón me miró y yo le veía los ojos aguados y él me los veía a mí también. O sea, vivimos todo ese momento con mucha intensidad. Y luego, por supuesto, la campaña que se desató, hay que utilizar esa palabra, porque desató una campaña por todo el mundo en la que puso una energía sobrehumana.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Con ese poder de convocatoria que solo Fidel…
René González Sehwerert: Sí, pero además cuando Fidel se proponía algo con la energía que le ponía. Ese espíritu de romper cuantas barreras se pusiese delante, pero él seguía y seguía y seguía y seguía, que tantas veces lo demostró. Y nos acompañó por supuesto en toda esa batalla.
Luego tuvimos algunos intercambios epistolares. Hay un momento en que él me hace una notica en un cumpleaños mío. Un día hablé con él, en un cumpleaños logré hablar con él, estaba él con la familia.
Dra. C. Marxlenin Pérez: En un cumpleaños de ambos.
René González Sehwerert: De ambos. Y entonces me saludó muy humildemente, porque las regulaciones de la cárcel tienen sus complicaciones, te graban.
Pero él fue una compañía permanente. Es que no le quitó el pie al tema de Los Cinco hasta que estuvimos aquí. Esa es la realidad. Como era él. Y siempre tuvimos la convicción de que íbamos a ganar, de que Fidel no iba a descansar hasta que ganáramos. Como efectivamente sucedió.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Es que además Fidel siempre fue el líder que se metía en una pelea yo creo que a priori él sabía que si se metía ahí era porque la iba a ganar. Y yo estoy segura, ya esto es especulativo, pero estoy segura que si aquel líder dijo volverán, es que en su mente había toda una estrategia de qué había que hacer. Y si no se hacía por el camino, pero iba a ser exitosa.
René González Sehwerert: Sí, exacto.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Y así fue. Y ustedes volvieron y aquí están, para suerte del pueblo, por supuesto para suerte de ustedes, de las familias de ustedes que estuvieron todo el tiempo de protagonistas de esa campaña.
Yo te propongo que aquí hagamos una pausa, porque ya que estamos en el Memorial de la Denuncia, vamos a recorrer alguna que otra sala para decir unas últimas palabras al lado de él, precisamente, de una foto de Fidel. ¿Vamos a dar un paseíto?
René González Sehwerert: Está bien.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Vamos.
Dra. C. Marxlenin Pérez: René, aquí caminamos por un mural maravilloso que es un poco representativo de nuestro pueblo, un pueblo combativo, un pueblo que estuvo al lado de la causa justa, del regreso de Los Cinco. Y ese binomio perfecto entre Fidel y el pueblo, y un binomio que también funcionó mucho de Fidel, llevando a cabo esa campaña para que ustedes regresaran, y ustedes regresaron, ustedes volvieron. El pueblo de Cuba los recibió, hizo suya la alegría del regreso de Los Cinco, tú el primero en regresar, y quiero que nos comentes, cómo viviste ese regreso a tu país, porque Cuba es tu país, a tu pueblo, a tu familia, y después llegar entonces a ese encuentro con Fidel.
René González Sehwerert: Yo regresé en dos partes.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Sí. Que es un poco menos conocido, ¿no?
René González Sehwerert: Exacto, yo estaba en libertad supervisada, y cuando ya mi hermano estaba enfermo de muerte, le pido a la jueza que me dé quince días para venir. Por supuesto, los fiscales se oponen, el espía se va a quedar en Cuba, va a engañar a la corte, en fin, pero la jueza tuvo a bien permitirme venir quince días. Ahí tuve la suerte de conocer a Chávez.
Chávez estaba aquí de tratamiento, y lo pude conocer. Diez minuticos. Chávez era un hombre cálido, con una capacidad de atraparte el corazón en cuanto lo conocías.
Y también tuve la posibilidad de ver a Fidel. O sea, Fidel nos recibió a Olguita y a mí en su casa. Una de las cosas que me impactó fue llegar y que Dalia nos dijera, es un privilegio tenerlos a ustedes aquí. Y yo decía se supone que el privilegio es mío, ¿no?
Dra. C. Marxlenin Pérez: Exacto.
René González Sehwerert: En ese encuentro compartimos con Fidel un buen rato, nosotros dos, una conversación amena, él preguntando mucho, por supuesto, sobre todo, y siempre muy activo mentalmente.
O sea, te das cuenta de que Fidel estaba decidido a estudiar y a superarse hasta el último día de su vida. Eso se veía. Me regaló un libro, me lo dedicó, compartió conmigo las notas que él hacía para las Mesas Redondas.
Fue una conversación muy agradable. Recuerdo que en un momento estábamos conversando y ya él estaba muy tranquilo, muy pausado, y lo llaman por teléfono. Nosotros nos dimos cuenta por la conversación que era de uno de los planes estos de la Moringa, y entonces él empezó a hacer preguntas así con esa tranquilidad, con esa paz.
¿Y cuántas vacas? ¿Y cuánto esto? Y yo me daba cuenta que el hombre del lado de allá le respondía, pero entonces después él se activó y se convirtió en el Fidel que nosotros habíamos conocido. Y empezó a decirle tantas vacas por hombre y tanta hierba por vaca, y tanto esto por aquello.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Ahí estaba sacando cuentas en tiempo real.
René González Sehwerert: Y yo decía, ese hombre del lado de allá debe estar pasando…
Dra. C. Marxlenin Pérez: Pobre hombre del otro lado de la línea.
René González Sehwerert: Pero nos dimos cuenta de eso, de que él era un hombre que pensaba que hasta el último día de tu vida tú puedes superarte.
Y otra cosa que a mí me impactó mucho es que él se preocupaba por el futuro como si fuera a vivirlo. O sea, él miraba hacia acontecimientos que ya él, si lo ves egoístamente, ya no tenían por qué importarle. Y miraba esos acontecimientos con una preocupación profunda y genuina por los que iban a vivirlos, los que iban a sufrir las consecuencias de lo que sucediera años después de nuestra conversación con él.
A mí eso me impactó. Porque, no sé, uno espera que a esa edad ya la persona sencillamente se dedique tranquilamente a sus últimos años.
Dra. C. Marxlenin Pérez: A descansar, a la familia.
René González Sehwerert: Pero eso fue para mí una cosa impactante.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿Ese fue un primer encuentro?
René González Sehwerert: Ese fue un primer encuentro, Olguita y yo.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Que tú no veías a Fidel desde aquel niño, en aquella escuela probablemente, ¿no?
René González Sehwerert: Hubo una ocasión en la que yo estuve a punto de verlo.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿A punto?
René González Sehwerert: Cerca, sí.
En el año 73 yo estaba en el segundo contingente del Destacamento Pedagógico como profesor de Física. Y se inauguró la Escuela República Socialista de Rumanía en Alquízar.
Yo estuve en la inauguración, nosotros preparamos la escuela, la limpiamos. Y Fidel fue con Ceaușescu allá a visitar la escuela. Y a mí me dejaron en el laboratorio para que se lo enseñara.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Pero no llegó.
René González Sehwerert: No, la seguridad personal quitó a todo el mundo y no lo pude ver en ese momento. Lo vi de lejos, no muy lejos, pero lo vi desde el público.
Me habían designado a mí para que le explicara el laboratorio. Cosa que no sé si hubiera resultado muy buena porque si se hubiera puesto a preguntar ahí nadie sabe.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Hubieras sido tú el del otro lado de la línea, ¿no?
René González Sehwerert: Exacto.
Dra. C. Marxlenin Pérez: El que respondiera las preguntas incómodas de Fidel.
René González Sehwerert: Después Los Cinco tuvimos ese encuentro que todo el mundo conoce.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Con esas fotos icónicas. Ustedes sentados alrededor de Fidel.
René González Sehwerert: Te digo una cosa. El regreso de Los Cinco fue una victoria de Fidel, pero fue doble porque logramos venir estando él vivo. Para nosotros, Los Cinco, era una preocupación constante que Fidel no estuviera cuando nosotros regresáramos. Y tener la suerte de que él haya disfrutado de esa victoria, que probablemente fue una de sus últimas grandes victorias, la del regreso de Los Cinco. Yo pienso que se lo merecía. Después de los quince días yo regreso.
Dra. C. Marxlenin Pérez: O sea, regresas a Estados Unidos.
René González Sehwerert: A Estados Unidos. Que ahí pasó una cosa muy curiosa. Ahí hubo una jugarreta que el gobierno norteamericano quiso hacer. Y cuando llegué a las Bahamas para irme para allá, casi que me regresan para Cuba.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿Así? ¿Cómo para inculparte precisamente que quedara como que tú no habías cumplido tu palabra?
René González Sehwerert: Sí. Nosotros tuvimos la previsión de que mi abogado norteamericano fuera para las Bahamas. Y entonces, cuando se empezó a formar aquel ambiente, que ya él se presentó como mi abogado norteamericano, se echaron para atrás y pude regresar. Yo le decía, eso es un problema de ellos porque yo hubiera ido en un bote para allá.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Al revés.
René González Sehwerert: Pero al final no hizo falta que fuera en un bote y la presencia de mi abogado pudo resolver el problema. Pero sí, yo fui para allá, estuve un año más.
Después muere mi padre y yo pido venir a estar con la familia. Y como para entregar la ciudadanía había que estar fuera del país, ahí es donde yo hablo con mi abogado y le digo, cuando yo esté en Cuba, dile a la jueza que yo entrego mi ciudadanía si me deja quedarme.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Que además fue la misma jueza.
René González Sehwerert: Fue la misma jueza del juicio. Que tuvo sus altos y bajos, pero esa es otra historia.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Sí.
René González Sehwerert: No tiene mucho que ver con Fidel.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Esa es para otro día.
René González Sehwerert: Sí. Pero en ese caso ella hizo lo correcto, me permitió venir. Y cuando yo estuve aquí ya le solicitamos entregar la ciudadanía. Y entonces ya no había nada que hacer. Tenían que aceptarlo porque no tenía sentido. Y aceptaron que me quedara aquí. Y me libré de la mitad de la libertad supervisada.
Y entonces se conoce la campaña por Los Cinco. El trabajo que tuvimos que hacer hasta que vinieron los muchachos. Y finalmente el encuentro con Fidel de Los Cinco, que fue un encuentro memorable. Él se sentía gozoso. Le dio de su yogurt a Antonio.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¿En serio?
René González Sehwerert: Fueron cinco horas que se fueron volando.
Hay tantas cosas que no se pueden olvidar de Fidel que es difícil señalar una sola.
Dra. C. Marxlenin Pérez: No, sino tiene que ser una. Todas las que tú consideres.
René González Sehwerert: Yo pienso que primero su convicción de que solos no somos nada. De que la humanidad somos una familia. A veces decimos, esto está pasando en tal lado, o le está pasando a fulano. Yo pienso que todo lo que sucede alrededor del planeta nos afecta aunque no tengamos esa convicción, aunque no lo sintamos, pero nos afecta. Fidel tenía muy clara esa convicción. Yo pienso que eso es lo que él, en mi opinión, lo hizo el revolucionario más exitoso, y voy a ser absoluto, de la historia.
Nadie en vida ha podido hacer tanto con tan poco como Fidel. Y si aparece un ejemplo, que me lo pongan. Él logró primero sobrevivir, que ya para un revolucionario, de su profundidad, de su carácter, de su temperamento, de su capacidad de arriesgarse, es bastante.
Y a lo largo de esa sobrevivencia cambiar tantas cosas, desde una geografía tan reducida, sin recursos, solamente contando con un pueblo al que educó, y que solamente se tenía a sí mismo como recurso. Yo creo que nadie ha logrado hacer algo como Fidel. Y yo pienso que eso es el resultado de la profundidad de sus convicciones.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Además sobrevivió, logró sobrevivir a la vida, al curso natural de la vida, pero además sobrevivió contra todo pronóstico de atentados.
René González Sehwerert: Exacto.
Dra. C. Marxlenin Pérez: ¡Entre tantos atentados!
René González Sehwerert: Por eso digo que un revolucionario como Fidel estaba destinado a morir o en el Moncada, o en el Granma, o en la Sierra, o en Girón, o en el Flora, o en un atentado en Chile, en Ecuador, en la Plaza de la Revolución, donde quiera. Y sin embargo, él tuvo la capacidad de sobrevivir a todas esas posibilidades. Y a lo largo de eso, transformar tantas cosas alrededor del mundo, que lo hacen único. Y yo reitero mi absoluta convicción de que ha sido el revolucionario en vida más exitoso de la historia. Yo pienso que eso lo logró porque Fidel estaba poseído de su idea.
Era como Martí, solamente estando poseído es que tú puedes hacer tantas cosas. Pero además de eso, no basta con la posesión, también tienes que tener la capacidad, la inteligencia, la previsión, la habilidad, la psicología emocional, todo lo que requieres para poder hacer tanto. Y yo pienso que eso es lo que no podemos olvidar de Fidel. La convicción de que somos una familia, de que el mundo es una cosita así, en el que lo que sucede en cualquier lugar afecta, nos afecta a todos.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Que somos una familia a pesar de nuestras diferencias.
René González Sehwerert: Exacto, pero eso en la familia sucede.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Como en las mejores familias.
René González Sehwerert: Yo pienso que no tenemos que ser un calco uno del otro, pero sí somos una familia. Y cuando tú interactúas con un norteamericano, con un europeo, de persona a persona, te das cuenta de que tenemos tantas cosas en común. Que es un crimen que algunos, para lograrlo, tengamos que abusar de otros.
Y Fidel siempre estuvo del lado del abusado, del lado del desheredado de la tierra.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Del explotado, del oprimido.
René González Sehwerert: Y otra cosa que pienso que no debemos olvidar de Fidel, es su convicción de que somos una especie inteligente aunque no lo hayamos demostrado. O sea, él tenía una profunda convicción en nuestra capacidad de desarrollar nuestro potencial para aportarnos inteligentemente. Y dejar de ser el animalito medio racional que todavía somos. Yo creo que esas dos lecciones de Fidel para mí son inolvidables.
Dra. C. Marxlenin Pérez: Yo me quedo también con toda esta conversación. Porque nos has descrito a un Fidel muy íntimo, muy de René. Y es evidente que eres el hombre que eres, de principios, de valores, revolucionario, intransigente porque Fidel estuvo en ti desde el primer momento de tu vida.
Yo te doy las gracias por habernos acompañado en este Podcast que estamos haciendo para homenajear precisamente a Fidel, a su obra, a su pensamiento. Y qué mejor que haberlo hecho con la imagen del héroe, con la imagen del Comandante, con la imagen del líder, a 100 años de su nacimiento. Son 100 años de ideas, 100 años de historias, 100 años de acciones. Por eso este Podcast es “El Siglo de Fidel”.
Yo me quedo entonces con este Fidelista, con sus palabras en el corazón. Espero encontrarnos con ustedes muy pronto en un próximo episodio. Así que manténganse con nosotros en “El Siglo de Fidel”.
Transcripción: Lianet Preval Avilés, Yusleydis Seuret Gómez/ IDEAS Multimedios.