
"Soy marxista leninista y lo seré siempre", asegura Fidel en esta página del periódico Revolución, órgano del Movimiento 26 de julio. Foto: Archivo.
“La ética, como comportamiento, es esencial, y una riqueza que no tiene límites. Esa es la fuerza más poderosa de la que se pueda disponer”.[1]
La tradición marxista
Ninguna teoría social está tan cargada de valores como la de Marx y Engels. Sus escritos constituyen una carga permanente contra la injusticia y la explotación. Su vida entera estuvo al servicio de un gran ideal: la emancipación de los obreros, el final de la explotación y la libertad para todos. Pero por razones históricas y filosóficas la dimensión ética no aparece explícitamente en sus escritos.
Una de las discusiones más fundamentales de la filosofía occidental es la discusión entre Kant y Hegel. Entre otras cosas, se trata de la relación entre Sein (el ser, la realidad) y Sollen (lo que debería ser, el ideal). Kant parte del imperativo ético: el Sollen (un conjunto de directrices y criterios éticos intemporales) indica el Sein (la realidad), a tono con esto debemos actuar. Sein y Sollen se distinguen profundamente uno de otro.
Hegel, en cambio, opta por una relación dialéctica e histórica entre los dos. La realidad histórica (Sein) contiene en sí misma una dinámica (crear y vencer unas contradicciones) que tiende espontáneamente al ideal (Sollen), el cual alcanza finalmente a través del proceso de aprendizaje de la historia. Hegel concibe la historia como un gran proceso de aprendizaje de la razón.
Marx era alumno de Hegel y “materializó” esta dialéctica. El motor de historia no era para Marx el proceso de aprendizaje en el dominio de las ideas, sino la lucha de clases.[2] Las ideas (la conciencia) son reflejo de la realidad histórica (el ser). Como Hegel rechazaba la distinción entre Sein (dominio de la realidad histórica) y Sollen (dominio de la ética), lógicamente prestaba ya mucho menos interés a la elaboración de una ética explícita. En Marx esto desaparece por completo.
Una segunda razón importante es de carácter histórico. Marx y Engels desarrollaron sus ideas en una polémica con los socialistas utópicos, como se llamó a las diversas corrientes socialistas de su época. El socialismo científico de Marx y Engels se basa en hechos empíricos y leyes históricas, mientras que los socialistas utópicos partían de valores eternos o de sueños.
Según Marx y Engels, las clases o grupos sociales están animados en primer lugar por los intereses de clase, antes que por valores o convicciones. Los deseos subjetivos o intenciones desempeñan un papel subordinado y sin importancia. Un capitalista noble que, por ejemplo, quisiera pagar un salario honesto a sus obreros, no podría hacerlo. Lo prohíbe la competencia, está preso en un corsé económico.[3]
Para Marx y Engels la lucha por el socialismo no viene de un sentimiento de justicia o de la voluntad de un mundo mejor. El mundo no cambia por ideas o por un ideal.[4] La lucha por el socialismo es la consecuencia de la lucha por la emancipación del movimiento obrero, suscitada ella misma por la contradicción irreconciliable entre la burguesía y el proletariado. A través de esta lucha de emancipación el movimiento obrero toma conciencia de su papel predominante en la historia. El socialismo no es un sueño lejano, inaccesible, una utopía o un ideal, sino el resultado del curso de la historia.
Los artífices del marxismo no desarrollaron una dimensión ética; su teoría no concernía al bien o al mal, sino a lo que se iba a producir en la historia.[5] Los ideales no solo son insuficientes para librarse de la injusticia o lograr un mundo mejor, sino que con frecuencia son engañosos. Los valores y los ideales son reflejo de las relaciones de fuerza existentes y crean una conciencia distorsionada. En el capitalismo incitan a las personas oprimidas a la aceptación y a la sumisión.
En el Manifiesto comunista se afirma: “Las leyes, la moral, la religión, son para él [el proletario, n.d.a.] otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidan otros tantos intereses de la burguesía.”[6] Engels escribe en el Anti-Dühring: “Afirmamos, por el contrario, que toda teoría moral que ha existido hasta hoy es el producto, en última instancia, de la situación económica de cada sociedad. Y como la sociedad se ha movido hasta ahora en contraposiciones de clase, la moral fue siempre una moral de clase”.[7]
Por ello Marx y Engels evitan toda referencia explícita a la ética en sus textos. Así, Marx menciona en una carta a Engels que había escrito un texto a petición de la Internacional y señala: “Se me obligó a incluir dos frases acerca de «deber» y «derecho» en el preámbulo de los estatutos, lo mismo que sobre «la verdad, la moralidad y la justicia», pero se han insertado de tal manera que no pueden causar daño”.[8]
Marx y Engels no solo evitan las formulaciones éticas sino que también emprenden una lucha contra la moral y los valores eternos. En el Manifiesto comunista formulan una acusación de derecha dirigida a los comunistas: “Se seguirá arguyendo, existen verdades eternas, como la libertad, la justicia, etc., comunes a todas las sociedades y a todas las etapas de progreso de la sociedad. Pues bien, el comunismo viene a destruir estas verdades eternas, la moral, la religión, y no a sustituirlas por otras nuevas; viene a interrumpir violentamente todo el desarrollo histórico anterior.” No contradicen esta acusación, al contrario, el marxismo rompe precisamente con todas esas ideas superadas: “La revolución comunista viene a romper de la manera más radical con el régimen tradicional de la propiedad; nada tiene de extraño que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera también más radical con las ideas tradicionales.”[9]
Según Engels, solo se puede desarrollar la ética después de haber vencido al capitalismo.[10] Para Marx y Engels, el socialismo utópico no solo está condenado a fracasar, sino que desvía a los obreros de su tarea histórica del momento: llevar a cabo la lucha de clases. La liberación solo surgirá respetando “el sentido de la historia”, es decir, reconociendo las contradicciones sociales, acentuándolas y sabiendo qué clases sociales históricas deben desempeñar el papel principal en ello.
La consecuencia de ello fue que en el marxismo clásico la dimensión utópica estaba prohibida y que se concedía a la ética un lugar subordinado. Los acontecimientos históricos después de Marx y Engels no facilitaron la relación con la dimensión ética. Una corriente importante en el seno de la familia socialista rompió con varias tesis centrales. La revolución a la que se aspiraba se sustituyó por reformas graduales, por la vía parlamentaria y la lucha de clases dejó de ser el motor de la historia. En vez de basarse en los intereses de clase, solo se confía plenamente en las convicciones morales para movilizar a los obreros. Esta corriente se denomina socialismo ético o socialismo moral. De hecho, utilizaban la ética (o abusaban de ella, según los marxistas) para renegar de la lucha de clases.
Esto reafirmaba a los marxistas en su reticencia por esta dimensión. Para Lenin sí que existía una moral, más precisamente una moral comunista,[11] pero esta moral está totalmente subordinada a la lucha de clases: “Decimos que nuestra moral está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. Nuestra ética tiene por punto de partida los intereses de la lucha de clases del proletariado. [...] La moral comunista es la que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda explotación y contra toda propiedad privada. [...] Para un comunista, toda la moral reside en esta disciplina solidaria y unida y en esta lucha consciente de las masas contra los explotadores.[12]
Tampoco en él había una teoría ética explícita. En la tradición leninista la ética se reduce esencialmente a la moral revolucionaria y a la disciplina, más particularmente a unos códigos de conducta y a unas actitudes que equivalen a un compromiso incondicional con la revolución y el partido.[13] El índice de una edición belga de la obra estándar del marxismo-leninismo de la Academia de las Ciencias de la Unión Soviética cuenta con 1.300 palabras. No aparecen palabras como ética, moral, valores, dignidad o justicia.[14]
Una complicación suplementaria para las dimensiones éticas y utópicas era la concepción cientificista del mundo. Ganó cada vez más terreno en el seno del marxismo, entre otros con el ruso Plechanov.[15] El cientifismo es una teoría que parte de la convicción de que el conocimiento científico permite aniquilar la ignorancia en todos los dominios. Se trata de aplicar los principios de las ciencias naturales en todos los dominios de la vida, incluidas la filosofía, la religión, las ciencias sociales y la política. En esta visión del mundo no hay lugar en absoluto para la moralidad, la ética o las utopías, salvo para rechazarlas como una conciencia errónea.[16] Esto en lo que concierne a la tradición marxista.[17]
El papel de la ética en la revolución cubana

Fidel pronuncia discurso en la velada solemne por el 50 aniversario del Primer Partido Marxista Leninista de Cuba realizada en el teatro "Lázaro Peña" de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el 22 de agosto de 1975. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
Fidel desarrolló sus ideas en un contexto completamente diferente y a partir de una tradición muy diferente. No considera la ética un freno sino, por el contrario, una base y un terreno fértil para sus convicciones políticas, la fuente de su compromiso radical. En una visión retrospectiva sobre sus primeros pasos en política afirma:
“Si tú mezclas valores éticos, espíritu de rebeldía, rechazo a la injusticia, toda una serie de cosas que tú empiezas a apreciar y a valorar altamente, y que otra gente puede no valorar, un sentido de la dignidad personal, del honor, del deber, todo eso, a mi juicio, es la base elemental que puede hacer que un hombre adquiera después una conciencia política”.[18]
Cuando era un estudiante de 22 años estuvo presente casualmente en una revuelta espontánea en Bogotá, Colombia. Era una empresa sin sentido pero su idealismo y sus convicciones morales fueron más fuertes que cualquier otra consideración. Consideraba que su deber era unirse a la revuelta porque, como él mismo dice, “actué consecuentemente, actué con principios, actué con una moral correcta, actué con dignidad, actué con honor, actué con disciplina y actué con un altruismo increíble”.[19]
Como a muchos cubanos, al joven Fidel le asqueaba la elite política de su país. Carecía de toda forma de moralidad. La política era igual a “la consagración del oportunismo de los que tienen medios y recursos”, mientras que la revolución abría las perspectivas “al mérito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte”.[20]
La moral es para Fidel la base de todo. Uno no se da cuenta de “lo que vale tener una ética y una línea de conducta digna”.[21] Es el fundamento de la sociedad, el alma de la revolución, “todo pensamiento revolucionario comienza por un poco de ética”.[22] La ética es la clave del éxito, “es la fuerza más poderosa de la que se pueda disponer”.[23] La victoria en la guerra “depende de un mínimo de armas y un máximo de moral”.[24]
Igualmente, la ética es la esencia de un buen liderazgo, “no necesita cargos, lo que necesita es autoridad moral, lo que necesita es poder moral”.[25] En ese sentido, el luchador por la liberación de Cuba del siglo XIX, José Martí, fue una importante fuente de inspiración: “Ya uno tiene una ética, le dije que la ética nos vino fundamentalmente a través de Martí”.[26] Esto también era válido para el Che:
“Como revolucionario comunista, verdaderamente comunista, [Che] tenía una infinita fe en los valores morales, tenía una infinita fe en la conciencia de los hombres. Y debemos decir que en su concepción vio con absoluta claridad en los resortes morales la palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana”.[27]
La ética y los valores no surgen espontáneamente, hay que proponerlos y enseñarlos. No habrá sociedad socialista “sin que ciertas ideas se vuelvan principios éticos irrenunciables de cada ciudadano”.[28] De ahí la importancia que se concede a la enseñanza, la formación y la cultura. Los niños vienen al mundo con unos impulsos naturales que son “muchas veces contradictorios con las virtudes que más apreciamos, como solidaridad, desprendimiento, valentía, fraternidad y otras”. Por lo tanto, educar equivale en gran parte a “sembrar valores, inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que vienen al mundo con imperativos de la naturaleza”.[29] Por decirlo con palabras del Che, hay que crear un “hombre nuevo”.[30]
Fidel concibe la ética en sentido amplio. No se trata tanto de reglas impuestas, de mandatos o de prohibiciones, sino de un conjunto de concepciones, de actitudes, valores y virtudes que llevan a la liberación de los oprimidos, a una sociedad más justa. Sus discursos y sus escritos están llenos de exhortaciones éticas. A modo de ejemplo, he aquí un extracto de una conferencia que ofreció en el Lions Club inmediatamente después de la victoria:
“Estamos llenos de buena voluntad. Ya, por lo menos, hay algo. Buena voluntad significa ser honrado y no robar; buena voluntad significa no ser un caprichoso, no ser un vanidoso, no ser «cabeciduro». [...] Además de buena voluntad, hay que tener una gran resignación. [...] Hay que luchar por una vocación, por un deseo, sin esperar recompensas de ninguna clase, ni moral ni material”.[31]
La lista de sus valores y actitudes favoritas es larga. Algunas aparecen con más frecuencia que otras: la justicia, la igualdad, el altruismo, el respeto a la vida humana, la preocupación por el otro, la eliminación del odio, la educación, la honestidad, la integridad, la modestia, la generosidad, la independencia de pensamiento, el reconocimiento y rectificación de errores, el honor, la dignidad personal, la perseverancia, la firmeza de principios, la tenacidad, la disciplina, la intransigencia, la disponibilidad, el sentido del sacrificio, la audacia, el heroísmo.
Estos valores y actitudes conciernen tanto a la esfera individual como a la colectiva, incluso a la esfera diplomática. Según Fidel, los valores y los principios mueven a los pueblos y son una fuerza motriz importante para la liberación y la emancipación. Las personas están dispuestas a dar su vida por un ideal. El Che habla de “proyectiles morales” que “son un arma de tan demoledora eficacia que este elemento pasa a ser el más importante en la determinación del valor a Cuba”.[32] Unas convicciones inquebrantables son el arma más poderosa en manos de los pueblos oprimidos, hacen estrecharse las filas y los hacen prácticamente invencibles.
“Ríase si quiere, pero los principios son a la larga más poderosos que los cañones. De principios se forman y alimentan los pueblos, con principios se alimentan en la pelea, por los principios mueren.”[33]
“Las ideas justas tienen un poder superior a todas las fuerzas reaccionarias juntas. [...] Las ideas son y serán siempre el arma más importante. [...] No existe arma más potente que la convicción profunda y la idea clara de lo que debe hacerse. De ese tipo de armas que no requiere de fabulosas sumas de dinero, sino solo de la capacidad de crear y transmitir ideas justas y valores, estará cada vez más armado nuestro pueblo. El mundo será conquistado por las ideas y no por la fuerza, cuyo poder para sojuzgar y dominar a la humanidad será cada vez menor.[34]
Un revolucionario debe soñar, debe cultivar ideales, aunque no sean realistas. Para Marx, Don Quijote es la caricatura del socialismo utópico, el prototipo del idealista ingenuo condenado a fracasar. Utilizaba al héroe de Cervantes para denigrar a sus adversarios ideológicos.[35] Y precisamente esta figura burlesca es el gran héroe de Fidel y del Che.[36]
La novela Don Quijote de La Mancha fue el primer libro del que se editaron millones de ejemplares después de la victoria.[37] En la isla se ven por todas partes estatuas del caballero que ataca a los molinos de viento. Estamos aquí lejos de la postura marxista opuesta a la ética y a la utopía.
“Martí dijo que los sueños de hoy del idealista, son la ley del mañana. También nos decían soñadores cuando iniciamos la lucha contra Batista y hoy somos los que hacemos las leyes revolucionarias de la república. Mas, aunque no se lograran esos objetivos, soñar con ellos y aspirar a ellos, es de por sí el primer paso para tratar de lograrlos. Si no alcanzamos esa meta tan alta pero alcanzamos la mitad, llegamos a la mitad del camino, habremos alcanzado mucho. Hay que aspirar al máximo para lograr lo más posible”.[38]
Uno podría preguntarse si Fidel volvió al socialismo utópico o ético. Pero no es así, porque “su” ética es una ética de clase y está determinada en función de un proyecto revolucionario. No considera la moral una falsa conciencia que mantiene el statu quo sino, por el contrario, una fuerza insustituible para el cambio. Las experiencias de lucha de los antepasados alimentan esta moral de lucha. Toma esta noción de Martí. Fidel considera que la izquierda sería más inteligente utilizando la fuerza de la moral. La recuperación de la dimensión ética y del humanismo son probablemente su aportación más importante al marxismo-leninismo.
“Un pueblo lleno de vergüenza donde la corrupción, el vicio y la politiquería, en la república neocolonizada, no habían podido barrer las semillas de heroísmo, amor a la libertad y a la patria, engendradas desde nuestras luchas independentistas en Yara, Jimaguayú, Baraguá, Baire, Dos Ríos, Punta Brava, y cultivadas por la prédica incesante y eternamente inspiradora de dignidad humana de José Martí. No habría sido propio de revolucionarios marxista-leninistas desconocer el valor y la fuerza de estos factores morales de nuestro carácter nacional”.[39]
El valor ético de la revolución cubana

Fidel pronuncia discurso en la velada solemne por el 50 aniversario del Primer Partido Marxista Leninista de Cuba realizada en el teatro "Lázaro Peña" de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el 22 de agosto de 1975. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
El alto valor ético de la revolución cubana se traduce en las realizaciones sociales nunca vistas en un país del tercer mundo. Cuba tiene un sistema sanitario que puede hacer la competencia al de los países ricos, a pesar de tener un PIB por habitante que es al menos cinco veces inferior y de que el país lleva más de sesenta años sufriendo un bloqueo económico. Antes del bloqueo energético, la mortalidad infantil era inferior a la de Estados Unidos. Los indicadores sociales siguieron mejorando incluso durante la profunda crisis económica de la década de 1980, tras la caída de la Unión Soviética y el endurecimiento del bloqueo.
Los niños y los ancianos reciben un trato de favor. Los cuidados que reciben los discapacitados son únicos para un país del tercer mundo. Fidel puede declarar con razón que la revolución se ocupa de todo el mundo y “no olvida a uno solo en absoluto, sea ciego, sea sordomudo, tenga los problemas de cualquier tipo que tenga”.[40] Se han hecho esfuerzos específicos para eliminar el racismo y la discriminación. Fue un tema importante desde el inicio de la revolución porque “no hay nada más absurdo ni nada más criminal que la discriminación”.[41] Las tensiones étnicas o la discriminación racial son inexistentes en Cuba, lo que no quiere decir que ya no haya prejuicios puesto que hacen falta esfuerzos de generaciones para erradicarlos totalmente.
“Porque, en definitiva, todos las tenemos más clara o más oscura. Porque aquí si no la tenemos un poco morena porque nos viene de español, y a España la colonizaron los moros, y los moros venían de África, la tenemos más o menos morena porque nos viene directamente de África. Pero nadie se puede considerar de raza pura y mucho menos de raza superior. [...] vamos a ponerle fin a la discriminación racial en los centros de trabajo, […] que cese la discriminación racial en los centros de trabajo; que blancos y negros nos pongamos todos de acuerdo y nos juntemos todos para poner fin a la odiosa discriminación racial en los centros de trabajo. Así iremos forjando, paso a paso, la patria nueva”.[42]
La misma actitud existía y existe respecto a la mujer. Tampoco es una lucha fácil, “es una tarea de toda la sociedad”.[43] Los prejuicios machistas están profundamente arraigados, tanto más en el contexto latinoamericano. Queda un largo camino por recorrer, pero, según los estándares del continente, ya se ha logrado mucho. Así, hoy en día hay más mujeres que hombres matriculadas en las universidades y el 57 % de los parlamentarios son mujeres, lo que sitúa a Cuba entre los cinco primeros países del mundo.[44]
“Quiero que sepan que una de las batallas más difíciles de la revolución es la lucha por la igualdad de la mujer, porque la discriminación no existía solo entre los hombres, sino entre las propias mujeres, cosa curiosa, a pesar de todo lo que se ha avanzado en educación e ideología”.[45]
“Yo estoy absolutamente convencido de que la sociedad ganará más en la medida en que sea capaz de desarrollar y aprovechar las calidades, las capacidades morales, humanas e intelectuales de la mujer. Estoy absolutamente convencido”.[46]
La actitud respecto a Estados Unidos, el principal enemigo, también demuestra la moralidad de la revolución cubana. Desde 1959 Washington ha hecho todo lo posible para eliminar la revolución y liquidar a su dirigente: cientos de intentos de asesinar a Fidel, el apoyo a la guerrilla contrarrevolucionaria durante la década de 1960, bombardeos, los atentados con bomba contra hoteles y fábricas, el atentado contra un avión de línea regular, la guerra bacteriológica, el bloqueo más largo de la historia… En total todas estas agresiones han costado al país más de tres mil muertos y decenas de miles de dólares. Y a pesar de todo, no existe el menor sentimiento antiestadounidense en Cuba. Fidel siempre ha distinguido claramente en sus discursos entre el gobierno estadounidense y su ciudadanía, e incluso entre Estados Unidos como nación y como potencia imperialista. En el seno de la revolución no hay lugar para el chovinismo.[47]
“El mensaje expresa claramente la idea de que el objetivo de la estrategia revolucionaria es la destrucción, no de Estados Unidos, sino de la dominación imperialista de Estados Unidos de América. No permitan que el imperialismo les haga confundir al pueblo de Estados Unidos, la nación de Estados Unidos – que no se compone solo de imperialistas – con los propios imperialistas”.[48]
Tanto después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 como después de la catástrofe de las inundaciones en Nueva Orléans Fidel se compadeció inmediatamente del las víctimas y se movilizó a cientos de médicos para ofrecer ayuda médica. Por su puesto, fue rechazada en cada ocasión. Cuando los servicios de seguridad cubanos estuvieron al corriente de un nuevo plan para asesinar a Reagan, transmitieron inmediatamente la información a las autoridades estadounidenses.[49] Estas actitudes y esta serenidad del gobierno cubano difieren enormemente de los cientos de intentos de asesinato urdidos contra Fidel por la CIA y del discurso habitual de un dirigente occidental cuando menciona a los dirigentes de países enemigos.
Fidel aplicó el mismo código ético estricto respecto a enemigos en su propio país. Al inicio del año escolar, después de la victoria, se dirigió a los profesores e insistió en que trataran a los hijos de los criminales de guerra como a los demás, incluso en que les trataran con amor. Comparen esto con el trato dado a las familias de los colaboradores en la mayoría de los países de la Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial.
“Y a nuestras escuelas pueden ir todos los niños, no importa que sean hijos de un soldado de antes, no importa incluso que sea hijo de cualquier hombre que haya cometido un delito y haya asesinado, porque los niños no tienen la culpa. Y ustedes tienen que saber que los niños son inocentes, y que en la escuela cualquier niño, aunque sea hijo de un soldado de antes, hay que tratarlo como un hermano también, y si ese niño tuvo la mala suerte de que su padre cometiera crímenes, él no tiene la culpa, él es una víctima también. En la escuela se tienen que olvidar esas cosas, porque esos niños son inocentes, y si en sus casas les hablan mal de la revolución, ustedes tienen que hablarles bien de la revolución y explicarles todas esas cosas, y se los tienen que ganar con cariño, no con desprecio”.[50]
La atención a las personas más débiles y vulnerables no se limita a la población cubana. Desde el inicio de la revolución Cuba ofreció su ayuda a los países hermanos del Sur. La revolución solo tenía cuatro años cuando hubo un terremoto en Argelia. Fidel envió inmediatamente a una cincuentena de médicos a pesar del hecho de que entonces Cuba solo contaba con tres mil.[51] En la actualidad Cuba cuenta con más de veinte mil médicos y enfermeros que trabajan en el extranjero,[52] es decir, muchos más que la cantidad total enviada por la Organización Mundial de la Salud.
Cuba forma en la actualidad a casi diez mil jóvenes médicos procedentes de 82 países del Sur. Tras la catástrofe nuclear de Chernobyl en 1986, Cuba acogió y curó a miles de niños. Después del terremoto de Pakistán en 2005 cientos de médicos cubanos curaron a más de dos millones de víctimas, lo mismo que hicieron después del terremoto de Haití en 2010. En los últimos años, gracias a la Operación Milagro, Cuba ha devuelto la vista a millones de personas ciegas o que veían mal en América Latina. La lista es larga e impresionante. Ningún otro país del mundo puede enorgullecerse de haberlo hecho mejor. Para Cuba el internacionalismo es una evidencia o, mejor aún, un deber moral.
“Sin el internacionalismo la Revolución Cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”.[53]
“El argumento para los internacionalistas es: hay que ayudar a los demás aunque nadie nos ayudara. Es sencillamente un deber moral, un deber revolucionario, un deber de principio, un deber de conciencia, un deber ideológico incluso: hacer un aporte a la humanidad aunque la humanidad no hubiera hecho ningún aporte por nosotros. ¡Ese es el internacionalismo!”.[54]
Cuba no ha dudado en emprender misiones militares peligrosas. En Siria, Argelia, Ghana, Congo (Brazzaville), República Democrática de Congo, Guinea Equatorial, Zimbabwe, Etiopía, Somalie, Eritrea, Yemen del Sur, Tanzania, Angola, Namibia y Guinea-Bissau.[55] Cuba apoyó también a diferentes movimientos de guerrilla en América Latina. Estas misiones se llevaron a cabo incluso cuando no fueron oportuno políticamente.
La mayoría de las misiones se llevaron a cabo en contra de la voluntad de la Unión Soviética, su protector y principal socio comercial. La misión en Angola puso en peligro el inicio de un deshielo entre Cuba y Estados Unidos.[56] En total 400.000 cubanos han participado en estas misiones, todos de forma voluntaria. Más de 2.000 cubanos dejaron la vida en ellas.[57]
Entre la década de 1960 y la de 1980 la minúscula Cuba fue un contrapeso importante de la superpotencia Estados Unidos en el continente africano. En Cuito Cuanavale, Angola, el ejército cubano dio un golpe decisivo al régimen del apartheid de Sudáfrica, al que hasta el último momento apoyaron las democracias occidentales. Esta batalla hizo bascular el equilibrio de poder con unas consecuencias importantes para el África austral. Demos la palabra a un testigo de primera fila, Nelson Mandela:
“Hemos venido aquí con gran humildad. Hemos venido aquí con gran emoción. Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África? ¿Cuántos países del mundo se benefician de la obra de los trabajadores de la salud y los educadores cubanos? [...]
¿Dónde está el país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada? ¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba? Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola – en una escala tal que nos era difícil creerlo. [...]
Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros. [...]
¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África! [...] ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas!
¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral! ¡Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid! [...] La decisiva derrota infligida en Cuito Cuanavale alteró la correlación de fuerzas en la región y redujo considerablemente la capacidad del régimen de Pretoria de desestabilizar a sus vecinos”.[58]
La baza de la ética
Desde 1959 la dirección revolucionaria nunca ha reaccionado violentamente contra las protestas o los disidentes. La unidad política después de la victoria no se obtuvo mediante la prohibición de los partidos o la eliminación de las personas, sino por medio de un trabajo de convicción y la búsqueda paciente de consenso. En el curso de los últimos cincuenta años no ha habido ningún caso de desaparición ni de tortura o de asesinato político en Cuba, un hecho único en el continente.
En los últimos diez años han sido asesinados 72 periodistas en América Latina, ninguno de ellos en Cuba. En Europa y América del Norte fueron asesinados durante ese mismo periodo 37 profesionales de la prensa.[59] En Cuba son extraordinariamente raros los altercados. La crisis económica después de la caída de la Unión Soviética llegó a su punto más alto en agosto de 1994. En algunas calles de La Habana estallaron protestas alentadas por las emisiones de radio procedentes de Miami. Estos desórdenes no se contrarrestaron con un aparato represivo sino por medio de la movilización de miles de trabajadores, con Fidel a la cabeza. Fidel fue a discutir personalmente con quienes protestaban después de dar instrucciones a la policía de que los tratara correctamente.[60]
Fidel lo resume muy bien en una entrevista de María Shriver, periodista de la NBC: “En Cuba las fuerzas del orden nunca han disuelto una manifestación. A diario se ve que en Estados Unidos, en Inglaterra, en España, en Francia, en Italia, en la RFA reprimen a los obreros en huelga, a los pacifistas y a los manifestantes. Ni una sola vez en treinta años se han disparado gases lacrimógenos contra el pueblo, ni un vez en treinta años se ha disparado un solo tiro contra el pueblo, nunca ha habido un solo golpe, ni una bala de goma, ni un perro azuzado contra la gente. Mientras tanto lo vemos pasar cada día en España, en Francia, en Italia, en Alemania Occidental, en Estados Unidos”.[61]
La prioridad moral tampoco se traduce en un exceso de escrúpulos, en una actitud ingenua que ha costado la eliminación de muchos dirigentes como Arbenz en Guatemala, Lumumba en Congo, Nkrumah en Ghana, Sukarno en Indonesia, Salvador Allende en Chile, los sandinistas en la década de 1990 en Nicaragua o Aristide en Haítí.[62] En los momentos difíciles es cuando son determinantes una ética elevada y una moral fuerte: “¡Mientras más difíciles sean las circunstancias, más alta tiene que ser nuestra moral, más elevado tiene que ser nuestro espíritu, más sólida nuestra firmeza!”.[63] Las virtudes cardinales de la revolución son la intransigencia y la voluntad de luchar hasta el final: “Patria o muerte”. Fidel no deja ningún lugar a la duda: “Desde luego que hay dos tipos de comunistas: los que puedan dejarse matar fácilmente, ¡y los comunistas que no nos dejamos matar fácilmente!”[64].
La moral nunca es sinónimo de debilidad, todo lo contrario. Una ética fuerte es lo que ha resultado ser una de las bazas más sólidas en el éxito y supervivencia de la revolución. Los cuidados y el trato humano dados a los presos, y el comportamiento correcto de los guerrilleros contrastaban de manera flagrante con las brutalidades del ejército de Batista. Es una de las razones principales del apoyo que tenían los barbudos entre amplias capas de la población. En la entrevista de Tomás Borge, Fidel declara lo siguiente:
“¿Por qué ganamos nosotros la guerra? Porque seguíamos una política humanitaria. La gente fue conquistada por esa política. Pudiera parecer, incluso, idealista, porque siempre hay una justificación en la guerra y en los momentos de peligro para hacer cosas que son crueles”.[65]
Esta es una de las razones por las que la revolución logró mantenerse frente al bloqueo más largo de la historia del mundo. Cuando la Unión Soviética renunció abruptamente a sus relaciones económicas con Cuba y Estados Unidos reforzó el bloqueo, el país vivió una crisis económica sin precedentes. Una depresión de semejante magnitud casi siempre suele ir acompañada de una crisis política y social. Los regímenes que se enfrentan a una crisis profunda en general solo pueden mantenerse en el poder recurriendo a la represión militar, como en Chile o Argentina durante la década de 1980. Estadísticamente al revolución estaba condenada a estallar. Pero no se produjo el anunciado desmoronamiento, ni tampoco una crisis política. Es más, las autoridades cubanas nunca han perdido su legitimidad.
Explicar la supervivencia de la revolución en este periodo tan difícil es muy complejo. Según Fidel, la fuerza moral es la razón por la que “millones de personas quieren defender el país y quieren defender la revolución”.[66] Un estudio independiente de un servicio de información británico lo confirma a grandes líneas. Cita nueve razones por las que la revolución cubana ha sobrevivido y por las que la población, a pesar de la grave regresión económica de la década de 1990, ha seguido apoyando la dirección revolucionaria:
- la relativamente rápida recuperación de la economía,
- la fuerte participación de la población en la toma de decisiones,
- una oposición interna inexistente,
- una dirección sólida y estable, y la confianza en esta dirección,
- la solidaridad internacional,
- los logros y ventajas sociales,
- el planteamiento igualitario de la crisis,
- el nacionalismo radical,
- los fuertes valores revolucionarios.[67]
Los cinco últimos puntos representan aspectos éticos que hemos descrito antes. Efectivamente, la fuerte potencia moral y la profunda convicción son factores importantes, si no decisivos, para la obstinada supervivencia de esta revolución tropical. Esto explica por qué la mayoría de la población cubana estaba dispuesta a mantener su apoyo a la revolución en las circunstancias más difíciles y por qué la isla permanece en pie desde hace ya 67 años, en uno de los conflictos más desiguales de la historia mundial.
“Sería sabio que los actuales y futuros gobernantes de Estados Unidos comprendieran que David ha crecido. Se ha ido convirtiendo en un gigante moral que no lanza piedras con su honda sino ejemplos, mensajes e ideas frente a las cuales el gran Goliat de las finanzas, las riquezas colosales, las armas nucleares, la más sofisticada tecnología y un poder político mundial que se sustenta en el egoísmo, la demagogia, la hipocresía y la mentira, está indefenso”.[68]
Notas:
[1] Respectivamente Ramonet I., Cien horas con Fidel, La Habana, 2006, 3.ª edición ampliada, p. 142; Discurso, 9 de agosto de 2000. La mayoría de los discursos de Fidel se pueden consultar en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos. En tal caso, citamos como referencia “Discurso”, seguido de la fecha.
[2] Según Marx y Engels, la historia es producto de la lucha de clases y la evolución de la historia corresponde a un esquema dialéctico: la historia es un proceso paradójico en el que se realiza el progreso o el desarrollo a través de contradicciones (lucha de clases). Una tesis suscita una antítesis y lleva a la supresión/superación (Aufhebung) de estas contradicciones en una síntesis. Pero con el paso del tiempo esta síntesis crea una nueva contradicción (una nueva antítesis) a un nivel más elevado, etc. Marx se inspira en Hegel para su método dialéctico, pero Hegel solo lo aplicaba al las ideas, al mundo ideal. Para Marx, se trataba de lo material, principalmente de la lucha de clases.
[3] “Aquí siempre debemos suponer que el salario pagado es honesto, hablando económicamente, es decir, que está determinado por las leyes económicas generales. Aquí las contradicciones deben resultar de las propias relaciones generales, no de la estafa de los capitalistas individuales”. Marx, K., (1974): Grundrisse der Kritik der Politischen Ökonomie. (Rohentwurf), Berlín, p. 329.
[4] En el prefacio de la segunda edición de El Capital Karl Marx afirma: “Para Hegel el proceso del pensamiento, que él incluso convierte bajo el nombre de la Idea en un sujeto independiente, es el demiurgo del mundo real, que no es más que la forma fenoménica de la idea. En cambio para mi la idea no es otra cosa que la materia traspuesta y traducida en el cerebro humano”. Marx, K., Das Kapital. Kritik der politischen Okonomie. Nachwort zur zweiten Auflage; https://archive.org/stream/KarlMarxDasKapitalpdf/KAPITAL1_djvu.txt.
[5] En Miseria de la filosofía Marx rechaza la distinción entre el bien y el mal porque no es dialéctica. “El señor Proudhon no tiene de la dialéctica de Hegel más que el lenguaje. A su juicio, el movimiento dialéctico es la distinción dogmática de lo bueno y de lo malo. […] Si en comparación con Hegel tiene la virtud de plantear problemas, reservándose el derecho de solucionarlos para el mayor bien de la humanidad, en cambio tiene el defecto de adolecer de esterilidad cuando se trata de engendrar por la acción de la dialéctica una nueva categoría. La coexistencia de dos lados contradictorios, su lucha y su fusión en una nueva categoría constituyen el movimiento dialéctico. El que se plantea el problema de eliminar el lado malo, con ello mismo pone fin de golpe al movimiento dialéctico”, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1847/miseria/005.htm#v.
[6] Marx, K. y Engels, F., Manifiesto del Partido Comunista; https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm.
[7] Engels F., La revolución de la ciencia de Eugenio Dühring (Anti-Dühring) (1877), https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/ad-seccion1.htm#ix.
[8] La carta está fechada el 4 de noviembre de 1864. https://www.marxists.org/archive/marx/works/1864/letters/64_11_04-abs.htm.
[9] Marx, K. y Engels, F., Manifiesto del Partido Comunista.
[10] Engels en Anti-Dühring: “Una moral realmente humana que esté por encima de las contraposiciones de clase, y por encima del recuerdo de ellas, no será posible sino en un estadio social que no sólo haya superado la contraposición de clases, sino que la haya además olvidado para la práctica de la vida”; op. cit.
[11] “¿Pero existe una moral comunista? ¿Existe una ética comunista? Es evidente que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos nuestra moral propia, y la burguesía nos acusa con frecuencia, a nosotros, comunistas, diciendo que negamos toda moral. Es una forma como cualquier otra de embrollar las ideas y de arrojar tierra a los ojos de los obreros y de los campesinos”. Lenin V., Tareas de las Juventudes Comunistas, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920s/2-x-20.htm.
[12] Ibid.
[13] Este fue el caso en las revoluciones china y vietnamita. Ho Chi Minh lo dice de la siguiente manera: “La moral revolucionaria se compone de los siguientes elementos: consagrar la vida a luchar por el partido y la revolución. Es trabajar duro por el partido, seguir la disciplina de partido y realizar las líneas y la política del partido. Es situar los intereses del partido y del pueblo trabajador antes y por encima de los propios intereses. Es servir al pueblo de todo corazón. Es luchar con abnegación por el partido y por el pueblo, y ser ejemplar en todos los sentidos”, Ho Chi Minh (2007), Down with Colonialism!, Londres, p. 154.
[14] Academia de las Ciencias de la URSS, Instituto de Economía, Manual de economía política, primera parte; traducción en neerlandés Berchem s.d.
[15] Véase entre otros Sotolongo, Pedro Luís (2002), Guevara E., Ethics and aesthetics of an existence, La Habana, pp. 21 y ss.
[16] En esta visión se considera al ser humano como si fuera un sistema biológico (hormonas, cerebro, estímulo-respuesta) y su comportamiento es el resultado de los estímulos, la constitución biológica y el entorno. El libre albedrío y la elección normativa se minimizan o incluso se niegan en esta visión.
[17] Las bibliotecas rebosan de obras sobre el papel de la ética en el marxismo. Véase, por ejemplo,
Kautsky K. (1906), Ethics and the Materialist Conception Of History, https://www.marxists.org/archive/kautsky/1906/ethics/index.htm; Holst H. R. (1925), Communisme en moral, https://www.marxists.org/nederlands/roland-holst/1925/moraal/index.htm; Callinicos, Alex (ed.) (1990), Marxist Theory, Oxford; Lukes, Steven (1985), Marxism and Morality, Oxford; Callinicos, Alex (1987), Making History, Cambridge; Sandkühler, H. y de la Vega, R. (ed.) (1974), Marxismus und Ethik, Frankfurt.
[18] Betto F. (1994), Fidel y la religión, Havanna, p. 140.
[19] Citado en Isidró del Valle, Aldo (ed.) (2001), La Habana, p. 112.
[20] Extracto de un panfleto distribuido por Fidel el 16 de marzo de 1952, seis días después del golpe de Estado de Batista. Iba dirigido contra los dirigentes de su propio partido, los Ortodoxos. El texto se publicó en El Acusador del 16 de agosto bajo el pseudónimo de Alejandro. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2007/esp/f250807e.html.
[21] Discurso, 9 de agosto de 2000.
[22] Discurso, 17 de noviembre de 2005.
[23] Discurso, 9 de agosto de 2000.
[24] Suárez Pérez, Eugenio y Caner Román, Acela (ed.) (1998), De cinco palmas a La Habana, La Habana, p. 221.
[25] Discurso, 9 de agosto de 2000.
[26] Ramonet, I., op. cit., p. 140.
[27] Discurso, 18 de octubre de 1967.
[28] Discurso, 8 de enero de 1989.
[29] Discurso, 2 de septiembre de 2002.
[30] Guevara E., El socialismo y el hombre en Cuba, 1965, https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm.
[31] Guerra D., Concepción M. y Hernández A., (ed.), José Martí en el ideario de Fidel Castro, La Habana 2004, p. 86-7.
[32] Guevara E., Obras Escogidas 1957-1967. Tomo 1, La Habana 1970, p. 494.
[33] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2007/esp/f250807e.html.
[34] Discurso, 2 de diciembre de 2001.
[35] Por ejemplo, Marx, K., Grundrisse der Kritik der Politischen Ökonomie. (Rohentwurf), p. 77.
[36] En la carta de despedida a sus padres en 1966, escribe: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo”. Guevara, Ernesto, op. cit., p. 693. Rocinante es el caballo de Don Quijote.
[37] Jayatilleka D. (2007), Fidel’s Ethics of Violence. The Moral Dimension of the Political Thought of Fidel Castro, Londres, p. 180.
[38] Discurso, 16 de febrero de 1959.
[39] Discurso, 1 de enero de 1979.
[40] Discurso, 5 de febrero de 1987.
[41] Discurso, 29 de marzo de 1959.
[42] Discurso pronunciado en la manifestación obrera de La Habana, 23 de marzo de 1959, http://lanic.utexas.edu/la/cb/cuba/castro.html.
[43] Discurso, 29 de noviembre de 1974.
[44] https://www.ipu.org/parliament/cu.
[45] Discurso, 17 de septiembre de 1987.
[46] Discurso, 8 de marzo de 1980.
[47] Jayatilleka D., op. cit., p. 185.
[48] Citado en idem.
[49] Reflexiones del comandante en jefe. El imperio y la mentira, 11 de septiembre de 2007; http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2007/esp/f110907e.html.
[50] Discurso, 14 september 1959.
[51] En 1958 todavía había 6.000 médicos en Cuba. Después de la victoria la mitad de ellos se fue a Estados Unidos. Fitz D., The 3,000 Who Stayed, Monthly Review, mei 2016, https://monthlyreview.org/articles/the-3000-who-stayed/.
[52] Yaffe H., Cuba Sends Doctors, the US Sends Sanctions, Jacobin, 2025, https://jacobin.com/2025/03/cuba-medical-programs-us-sanctions.
[53] Discurso, 26 de julio 1978.
[54] Discurso, 4 de abril 1982.
[55] Para la presencia cubana en África, véase Gleijeses, Piero (2004), Misiones en Conflicto. La Habana, Washington y África. 1959-1976, La Habana.
[56] Jayatilleka D., op. cit., p. 106.
[57] Silva León A. (2003), Breve historia de la revolución cubana, La Habana, p. 104.
[58] The African Courier, 2016, https://www.theafricancourier.de/remembering-how-fidel-castro-and-cuba-helped-to-defeat-apartheid/.
[59] https://www.unesco.org/en/safety-journalists/observatory/grid.
[60] Gott R. (2004), Cuba. A New History, New Haven, p. 298-9.
[61] Castro F. (1988), NBC Interview, 24 de febrero 1988, La Habana, p. 59.
[62] Jayatilleka, D., op. cit., p. 6.
[63] Discurso, 7 de noviembre 1993.
[64] Discurso, 26 de julio 1989.
[65] Borge T. (1992), Un grano de maíz, La Habana, p. 226.
[66] Citado en Jayatilleka, D., op. cit., p. 149.
[67] Kapcia, A., Cuba After The Crisis. Revolutionising the Revolution, en Conflict Studies, abril de 1996. Conflict Studies es un servicio de información británico que proporciona consejos al mundo de los negocios de Reino Unido.
[68] Discurso,1 de mayo 2000.