
Pete Hegseth, secretario del Departamento de Guerra. Foto: Alexander Kubitza / Department / DPA
Los cambios del Pentágono en el recuento de bajas en la guerra de Irán son más elocuentes que cualquiera de las afirmaciones que pueda hacer Donald Trump sobre la situación del conflicto.
El Departamento de Defensa ha decidido categorizar a los últimos cuatro soldados muertos en la contienda dentro de otras categorías que no están vinculadas a la Operación Furia Épica. De este modo, técnicamente, ahora en la campaña militar del presidente estadounidense han muerto 14, en lugar de 18.
Cuando hace unos días The New York Times dio el aviso de que precisamente las últimas cuatro muertes de soldados en Irán habían desaparecido del Departamento de Defensa, la respuesta del Pentágono fue calificarlo de “interrupción temporal de los datos”. Aun así, esta condición temporal parece haberse vuelto el nuevo criterio, puesto que estos últimos cuatro militares siguen sin estar recogidos bajo el paraguas de la operación.
Los soldados fallecidos en Jordania por los ataques iraníes han sido añadidos a los muertos vinculados a la Operación Resolución Inherente, que comenzó en 2014 para derrotar al ISIS en Irak y Siria. Los otros dos han sido incluidos directamente en un nuevo grupo denominado “Operaciones en ultramar”, que está pensado para registrar las bajas “a partir del 7 de julio de 2026”, justo cuando se dio por finalizado el alto el fuego.
El cambio de criterio en el recuento de bajas no solo coincide en un momento de creciente cuestionamiento de la guerra, sino justo cuando las cifras ya superan las bajas estadounidenses en la retirada de Afganistán. En el replegamiento militar ordenado por el expresidente Joe Biden murieron 13 soldados estadounidenses, algo que Trump siempre le ha afeado al demócrata. Ahora, la ofensiva contra Teherán ya supera esa cifra simbólica.
Ante la imposibilidad de poder controlar lo que pasa en el terreno, la Casa Blanca intenta controlar lo poco que aún está en su poder: las cifras de sus muertos. Pero más allá de intentar diluir el número de bajas que está provocando el estancamiento de la guerra, la decisión de crear un compartimento separado para contar las bajas también responde a una maniobra para burlar la autoridad del Congreso.
Justo cuando se acordó la primera tregua en abril, la Administración ya estaba llegando al límite de tiempo permitido para conducir operaciones militares sin autorización del Congreso. La ley de Poderes de Guerra establece que, una vez han pasado 60 días desde que el Ejecutivo inició una acción militar sin permiso del legislativo, necesita la autorización explícita del Capitolio o bien debe retirar tropas.
Ya en las primeras comparecencias ante el comité del Congreso, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, insistió en que el contador de la ley de Poderes de Guerra estaba parado mientras durara la tregua. Un alto el fuego que, durante los cerca de tres meses que ha durado, se ha visto cuestionado por los ataques de baja intensidad entre ambas partes.
Ahora, al haber roto el cese de las hostilidades, en teoría el reloj debería volver a reactivarse allí donde se paró. Pero la Casa Blanca quiere insistir en que se trata de una segunda parte y que, por lo tanto, el contador vuelve a ponerse a cero. De ahí que se haya creado una segunda categoría en el Pentágono para contabilizar los soldados caídos a partir del 7 de julio.
(Tomado de Público)
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