
Yubislandy Chico. Foto: Ronald Suárez Rivas/Granma.
Yubislandy Chico no olvida de donde viene. Por eso habla con humildad de la farmacia que construyó para la comunidad luego de que el huracán Ian destruyera la que había, o de los equipos de aire acondicionado que ha donado para los centros de salud, o de las tres toneladas de alimentos para la casa de abuelos y otras instituciones sociales.
“Es una manera de ayudar y de ser consecuente con los principios en los que nos hemos formado”, dice.
Seis años atrás, Yubislandy era operador de tractores de la Empresa de Acopio y Beneficio de Tabaco Hermanos Saíz, en el municipio pinareño de San Juan y Martínez.
Hoy es uno de los productores más destacados de esa propia entidad.
Cuenta que se motivó a pedir tierras para probar suerte en la actividad tabacalera, y que lo primero que hizo antes de enfrentarse a una cosecha, fue asesorarse con campesinos de experiencia y estudiar.
“Decidí dar el paso, me entregaron una hectárea y ahí empezó mi historia como tabacalero”.
Después de una primera campaña con buenos resultados, vendría otra, y otra, y otra más…
De una hectárea de tabaco tapado que cultivó inicialmente, incrementó a dos, luego a cuatro, más tarde a ocho.
“Desde el primer momento me ha ido muy bien, le fui cogiendo el paso al cultivo, arrimándome a personas que saben, documentándome y fui teniendo éxito”.
La clave para conseguir buenos resultados considera que está en la determinación y “sobre todo en mucha disciplina”.
Entre la finca que recibió hace cinco años y la que tiene hoy, el cambio es abismal. Aprovechando cada una de las oportunidades que se han abierto para los productores tabacaleros, ha invertido buena parte de sus ingresos en infraestructura y maquinaria.
Gracias a esa estrategia levantó una mini escogida donde beneficia su propio tabaco y el de otros productores de la zona, algo que le ha permitido generar empleo, cerrar ciclo, darle una mejor atención y un valor agregado a sus cosechas.
Por otra parte, montó un sistema de riego que funciona con energía solar y elimina la dependencia del sistema eléctrico nacional (SEN).
Además, ha adquirido varios tractores con sus respectivos implementos, los cuales le dan autonomía total para el traslado de los recursos y la preparación de suelos.
Antes de tenerlos, recuerda que estaba a expensas de que la empresa pudiera brindarle el servicio de maquinaria y que en ocasiones tuvo que hacer él mismo el trabajo, apelando a los bueyes.
“Siempre buscaba alguna alternativa, pero no era igual. Ahora, si voy a preparar la tierra le pongo la picadora al tractor, si hace falta arar le pongo la vertedera, si hay que cargar algo le engancho la carreta. Tenemos todos los medios que se necesitan en una vega y eso es muy importante para darle al cultivo las atenciones a tiempo”.
Convencido de la importancia de la tecnología para ganar en calidad y en rendimientos, hoy Yubislandy se encuentra enfrascado en la construcción de dos túneles de posturas de última generación y la instalación de un sistema de riego por goteo.
No quiere decir que no haya tensiones ni contratiempos. “Cuando empiezas una campaña ya no vuelves a dormir tranquilo, porque la mente siempre está ocupada en lo que tienes por delante, si el tiempo viene malo, si está lloviendo, si hubo una ventolera. Hasta que no llevas el tabaco a la escogida, lo beneficias y lo vendes, no se acaba el dolor de cabeza”.
“Como en cualquier lugar, aquí también tenemos problemas, pero de lo que se trata es de buscar soluciones, enfrentarlos y salir adelante”.
Aunque ya no es un principiante, confiesa que todavía le queda mucho por aprender en un cultivo con siglos de tradición, por el que se distingue a Pinar del Río a nivel mundial.
Sin embargo, hay algo en lo que sí pudiera dar lecciones, y es la manera altruista en que ha contribuido con reparaciones y donaciones de recursos para varios objetivos sociales de su municipio.
Cuenta que primero fue la farmacia, que había sido destruida por el huracán Ian, luego el comedor de la escuela primaria de la comunidad y más tarde la casa de abuelos de San Juan y Martínez, donde hubo que hacer “una reparación grande”.
A ello se suman la donación de splits para los servicios de salud, y de toneladas de alimentos obtenidos también en su finca.
“Hoy mis tractores participan en la limpieza del pueblo y han ido varias veces a la ciudad de Pinar del Río, a apoyar las labores de higienización”, dice, con la naturalidad de quien disfruta servir a los demás.
“No es cuestión de tener más dinero o menos, sino de humanismo y de la voluntad de ayudar a la gente.
“Siempre he pensado de esa forma. Fue lo que me enseñaron mis padres. Si el país lo necesita y uno tiene la posibilidad, entonces ¿cómo no lo vamos a hacer?”.
(Tomado de Granma)