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Sobre la cancha: La pesadilla se expanda

Foto: Archivo.

Las tres finales consecutivas de Alemania entre 1982 y 1990, así como las tres de Brasil entre 1994 y 2002 parecen cada vez menos una quimera. Encima del verde se iluminan con las luces de París mientras dominan la redonda vestidos de azul y blanco. Francia asusta hasta a su fanaticada.

Torres nórdicas amenazaban al imperio galo del general Mbappé, pero solo eso, amenaza. Irse al descanso con ventaja mínima no guardaba correlación con los sucesos sobre la cancha. Desbordes, potencia balón al pie, pases para romper líneas y un Zetterström como muro apuntalado por tres postes.

Era un show para deleite de todos. Deschamps se marcha al cierre de esta aventura, pero antes un pequeño cambio de la idea base. Años de críticas por agarrarse a ese fútbol con exceso de pragmatismo, aunque el título mundial acompañado de otra final le respaldaban.

Los goles de Kylian son garantía tras cada pitazo inicial. Ousmane se ha convertido en el Dembélé soñado por Laporta y moldeado en las manos de Luis Enrique. A falta de Griezmann, Olise. Estilos diferentes con una misma función. Antoine contralaba los tiempos, Michael acelera las manecillas del reloj.

La inquietud de muchos es lógica. ¿Cómo detener a esta caballería con ligeros retoques según el oponente? Si bien ninguna obra es perfecta, esta maquinaria francesa tiene múltiples piezas de repuesto para solucionar urgentes averías. Siguiente parada, la legión guaraní.

Al asentamiento vikingo aún le resta otro ejército. Noruega presumió de pegada para desarmar el ímpetu marfileño. Seguros cerca de su arco, aguardaron el momento exacto para girar el viento a su favor. Nusa futbolista emergente con pinta de futuro crack se decidió a mostrar la calidad de su diestra.

Con la frialdad reconocible de la esencia vikinga, los nervios quedaron a un lado cuando pareció llegar el tiempo extra. Patrick Berg miró a través del único ojo del Dios Odín para encontrar a Haaland a las puertas del Valhalla y con la esférica meciéndose en las redes pactar el duelo contra Brasil.

Y sí, México también saltó al césped. Por cierto, una versión inesperada en el Azteca de los locales y del rival. Ecuador no compareció al choque porque el Tri se encargó de anularles con total intensidad. Ante la exigencia de su gente, dudas despejadas por el momento.

Julián Quiñones corrió a la velocidad de la luz y sin dejar a Pacho con capacidad de pestañar dio paso a la celebración con miles de almas entonando Cielito Lindo. Al fortín ecuatoriano le faltó la solidez de siempre. Los nombres no pesaron dentro del rectángulo verde y la historia épica frente a Alemania quedó sin continuidad.