
Proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
La curiosidad, esa brújula sin la cual ningún periodista debería salir a la calle, me empujó hasta la esquina de 23 y J, en el corazón del Vedado habanero. No era para menos. La noticia reciente de que el Consejo Popular Rampa pondría en marcha un Proyecto de Desarrollo Local (PDL) para la recogida de desechos sólidos urbanos, usando triciclos eléctricos y energía solar, me devolvió un destello de esperanza en medio del caos cotidiano de la basura capitalina.
Porque digámoslo claro: la higiene en La Habana no es un problema reciente, aunque la situación actual —agravada por la escasez de combustible como resultado del bloqueo petrolero impuesto por la administración estadounidense— la ha convertido en una urgencia que ya no admite excusas. Basta con recorrer cualquier cuadra para toparse con montañas de residuos o con las cicatrices negras de incendios que atentan contra la salud ambiental y humana.
Llegué temprano, en motocicleta, fiel a la dinámica de estos tiempos de escasez, y me planté frente a la sede de “El Rampeño”, en ese punto neurálgico donde 23 se encuentra con J. Allí me recibió, con el entusiasmo de quien sabe que está construyendo algo más que una obra, Pedro Lizardo Garcés Escalona, presidente del Consejo Popular Rampa. Mientras la algarabía de los obreros colocaba paneles y sueños, bastó mirarlo a los ojos para comprender que no estábamos ante un proyecto más, sino ante un compromiso por mejorar no solo la higiene del barrio, sino la calidad de vida de quienes transitan esta céntrica zona de la ciudad.
Del combustible que falta a la energía que sobra: la solinera como respuesta
“Estamos aquí en 23 y J”, arrancó Pedro Lizardo, señalando los cimientos de lo que será una solinera, el corazón energético del proyecto.
“Aquí se está construyendo una solinera que va a asumir, a partir de la intención del Partido y del gobierno central, la asignación de 30 triciclos eléctricos para la recogida de desechos sólidos en el Consejo Popular Rampa, así como para la recuperación de materias primas”.
Explicó que esta instalación no solo dará servicio a los triciclos del proyecto, sino que también ofrecerá recarga para vehículos eléctricos particulares, motos, celulares, lámparas y hasta aportará energía al Sistema Eléctrico Nacional. “Como ven, es una obra en plena ejecución”, subrayó con orgullo.
Ya tienen cinco de los 30 triciclos, una especie de avanzada que les permitirá experimentar y ajustar el sistema antes del despliegue total. “Esto comienza a partir de la situación que hoy tiene no solo el Consejo Popular, sino el país entero, con las medidas de asfixia económica impuestas por el gobierno de los Estados Unidos, donde no tenemos combustible para la recogida de los desechos sólidos y que todos sufrimos”, afirmó.
La idea, según explicó, es comenzar esta experiencia en Rampa para luego extenderla, de forma paulatina, a otros consejos populares del propio municipio. Mientras, la organización ya está en marcha: dos horarios de recogida —a las 7 de la mañana y a las 8 de la noche—, aunque la práctica dictará si hacen falta más o si con esos basta.
“Hemos socializado a través de nuestras redes digitales, Facebook, WhatsApp, Telegram, y el grupo Gente de Barrio, y la respuesta ha sido tremenda. La gente ha aportado ideas que han enriquecido y perfeccionado lo que inicialmente ideamos”, comentó.
¿Qué se le pide a la población? Puntualidad. Sacar los desechos a la hora acordada. “No es necesario que usted esté con su jaba esperando el carro”, aclaró. “Usted pone su jaba ahí y se la recogen. Lo que pedimos es que sea a la hora, para que el desecho no dure nada en la calle”. Y sobre la jaba, fue enfático: no hace falta comprar una nueva; con el cubo o el recipiente que ya usan, basta. Vacían el contenido y el cubo se queda ahí para recogerlo. “Esto, repito, no es algo nuevo”, sentenció.
Ingresos, empleos y el compromiso de triunfar: la comunidad como eje
Pero todo proyecto necesita sostenerse, y aquí el dinero no es un tema menor. Pedro Lizardo detalló que los 30 triciclos son una donación del gobierno central, pero la obra civil y la panelería solar se financian con el 1% de la contribución territorial.
El llamado “uno por ciento” es una contribución establecida en la Ley Tributaria cubana, vigente desde 2013 (Ley 113 del Sistema Tributario) que tiene como objetivo financiar proyectos de desarrollo local y gastos sociales en cada municipio.
En sus inicios, este aporte debía ser realizado por las empresas estatales con sede en cada territorio, calculado a partir de sus ingresos por ventas brutas. Los fondos recaudados se depositan en una cuenta bancaria municipal y, en un primer momento, el 50% de ese dinero quedaba a disposición de los Consejos de la Administración para decidir su destino, priorizando iniciativas que generaran empleos y multiplicaran los ingresos del territorio.

Sin embargo, el año 2024 trajo un cambio sustancial: los nuevos actores económicos —privados, cooperativas y otras formas de gestión no estatal— se incorporaron también a esta contribución, ampliando así la base de aportantes. Al mismo tiempo, los municipios fortalecieron su potestad para decidir qué porcentaje de ese 1% dedicaban exclusivamente al desarrollo local. Algunos gobiernos locales optaron por destinar la mitad, otros el 60%, pero en todos los casos este ingreso se ha convertido en una fuente significativa de financiamiento para obras y proyectos que benefician directamente a las comunidades.
En cuanto a los ingresos del Rampeño, se ha establecido una cuota mensual de 100 pesos por vivienda, aunque se eximirá a las familias vulnerables, identificadas previamente en un diagnóstico comunitario con los delegados y factores de cada circunscripción. Los grandes ingresos, sin embargo, vendrán del cobro a los sectores estatal y no estatal por la recogida de desechos y materia prima, así como de la venta de materiales reciclables a través de encadenamientos productivos ya definidos. Habrá tarifas diferenciadas: no es lo mismo un pequeño negocio que un gran emisor, y si alguien necesita recogida nocturna, también tendrá su precio.
El proyecto generará alrededor de 70 empleos directos, con prioridad para los vecinos del Consejo Popular Rampa y el municipio Plaza de la Revolución, y luego para residentes de municipios limítrofes. Los salarios rondarán los 15 000 pesos, diferenciados según la función, desde el chofer del triciclo hasta el ayudante.
Pero la pregunta que subyace es la de la fiscalización. “Hemos anunciado que no solo será la multa”, advirtió Pedro Lizardo, “porque si hay reincidencia, puede haber incluso instrucción penal por delito de desobediencia o de propagación de epidemia”.
Sin embargo, prefiere apostar por la concienciación: “Yo creo que no es necesario llegar allá. Es importante lograr un consejo que contribuya con su ejemplo a irradiarse hacia otros lugares y lograr la ciudad que todos merecemos: higiénica, armónica, recicladora, que también contribuye a la economía del país”.
Y en esa tarea, los niños y jóvenes son pieza clave. “El corazón de la comunidad es la escuela”, afirmó. Ya se vienen haciendo festivales de materia prima en los planteles y actividades en la multiferia del Parque Linea y L. “La educación ciudadana desde la primera infancia hasta los más longevos es fundamental”, insistió.
Antes de despedirme, le pregunté por el legado que espera dejar “El Rampeño”. Pedro Lizardo Garcés Escalona miró a su alrededor, a los obreros, al futuro que se levantaba entre andamios y paneles solares, y respondió: “Es muy pronto, pero yo lo definiría con una sola palabra: triunfo. Tenemos que triunfar. Estamos obligados a triunfar en este proyecto porque lo pide la población”.
Y con esa palabra, con esa obligación, con ese clamor popular, el Consejo Popular Rampa se prepara para el 1ro de julio, cuando los primeros triciclos empezarán a rodar. No es una solución mágica, es un comienzo. Pero en tiempos de asfixia, cualquier resquicio de aire es una victoria.
Y así, entre el ruido de los martillos y el silencio prometedor de los paneles solares, el Consejo Popular Rampa escribirá una página distinta en la accidentada historia de la higiene habanera. No es una solución definitiva, ni mucho menos, pero es un comienzo valiente en medio del cerco, una apuesta por la energía limpia cuando el combustible escasea, por la organización comunitaria, por la conciencia ciudadana cuando la desidia parece ganar la partida.
El Proyecto de Desarrollo Local “El Rampeño” no solo recogerá basura; recogerá también la esperanza de un barrio que se niega a resignarse, la dignidad de unos trabajadores que ganarán su sustento con las manos limpias, y la lección de que, incluso en tiempos de bloqueo y escasez, la solución puede nacer desde abajo. Porque si algo queda claro, es que en La Habana, como en toda Cuba, la basura no es solo un problema de residuos, sino un espejo de nuestras contradicciones y también de nuestra capacidad de reinventarnos.
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En video, Cuadrando la caja: desarrollo local en Cuba

Pedro Lizardo Garcés Escalona presidente del Consejo Popular. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Construcción de una base de carga con paneles solares, proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Construcción de una base de carga con paneles solares, proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Montaje de paneles solares, proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Montaje de paneles solares, proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Construcción de una base de carga con paneles solares, proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Construcción de una base de carga con paneles solares, proyecto “El Rampeño”. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.