
Leonel Messi, a sus 40 años continúa siendo la piedra angular de la selección albiceleste. Foto: El Observador.
Si fuese martes 16 de junio de 2026 pudiera entonces entender el por qué se vienen la cabeza las mismas palabras para construir estas modestas líneas. Aunque suene reiterativo, Messi, Mbappé y Haaland no dejan espacio a otro diálogo.
Aspiran a repartirse el pastel, pero ganador solo será uno. Y no, no lo resumo todo en estar presentes en la cancha el 19 de julio. Es simplemente la tan gustada y debatida batalla de gol. Se responden unos a otros como si el mañana tuviese el Balón de Oro como premio.
Cuatro décadas pasaron de aquella mano sin condena, guardada en la retina de un duelo más allá de lo futbolístico entre Argentina e Inglaterra. Diego no se ocultó entre las protestas porque aún le restaba la obra de toda la vida. Dame un balón y moveré las piernas hasta hacer claudicar a los valientes con la falsa ilusión de frenarle.
Con el mismo número a la espalda, Leo mostró su lado humano desde los 12 pasos, así como sus dotes de genio para zafarse del abrazo con Klose. Son cinco tantos albicelestes en la Copa del Mundo con la firma del nuevo rey de estos eventos.
Poco se evalúa el funcionamiento del campeón. El 10 quiere una despedida a la altura de su historia en el rectángulo verde. Camina, recibe, proyecta y si se lo permiten, finaliza como de costumbre.
Él sabe quien le persigue. Es consciente de poseer un récord destinado a estar bajo otros botines. Kylian le persigue bajo su propia ley. “Siempre voy por detrás de Messi”, dijo Mbappé horas después de su doblete ante Senegal.
La carrera por liderar la lista más admirada de estas citas completó un capítulo más entre el de la despedida y el todavía fiel a ciclos venideros.
La tormenta no obstaculiza al madridista. Con la zurda reventó el arco iraquí y luego completó la tarea con Dembelé de cómplice. Los torneos cuatrienales están hechos a la medida del máximo goleador francés a nivel de selecciones.
Y donde caben dos, tres ya no incomoda, divierte. Si bien Haaland pasa por la fase de novato, cuatro goles en dos partidos es un gran comienzo. Le queda el cara a cara contra Mbappé, pero los deberes están hechos para ambos.
Tocar poco la redonda no evita el susto de sus rivales. Una vez entra en contacto con la redonda, algo pasa para los suyos sin dudarlo. Si el resto perdona o falla, él se gira como el monstruo urgido de matar. Dejarle mirar la portería frente a sus pupilas es saber el futuro sin leer las cartas.