
Foto: Tomada del muro de Gerardo Hernández en Facebook.
“¿Dónde tú estás?”, me preguntaba por teléfono aquella voz, que muy bien conocía. “Ven para el Ministerio de la Construcción. Apúrate, que tengo una reunión”.
Llegué con el ánimo de quien piensa que lo van a regañar. Los CDR no estamos a la altura de lo que el momento histórico exige, y cada vez que nos veíamos, me lo recordaba, con su dedo acusador en mi pecho.
“Déjenme solo con él”, pidió a quienes lo acompañaban, en espera de una importante reunión con empresarios de otro país. Nos sentamos, y esa hora será ―en toda mi vida― el momento en el que más cerca estaré de aquellos “socios” de barrios de Artemisa, de la conspiración, de los hermanos asesinados, del Moncada, del Granma, de la Sierra, de la creación de los Órganos de la Seguridad del Estado...
“Los visitantes esperan, Comandante”, dijo quien se atrevió a asomarse a la puerta. “¡Que esperen!”, fue su respuesta. Lo sentí emocionarse con cada anécdota, con cada recuerdo. Percibí su pesar por cada sueño incumplido, por cada meta por lograr.
Y también su confianza en que las nuevas generaciones seremos capaces de resistir, de luchar por completar los sueños.
“Déjame atender a los hermanos ―me dijo―. En otro momento seguimos”.
Me fui como mismo llegué, preguntándome para qué me había llamado.
Nunca más lo vi en ninguna reunión, en ningún acto. Supe de su delicada salud, y hoy nos sorprende la noticia...
Nunca sabré para que me llamó. Faltó el regaño. Pero agradeceré toda la vida ese encuentro, esa hora a solas con un protagonista excepcional de nuestra historia. Hoy muestro a Gema esta foto y ella no es aún capaz de calcular el orgullo de la familia. ¡Gracias por todo, Comandante! ¡Hasta la Victoria Siempre!
(Tomado del muro de Gerardo Hernández Nordelo en Facebook)