
El pasado 31 de mayo no solo fue el último día del mes o el Día Mundial sin Tabaco, también se conmemoró el 149 aniversario del natalicio del sabio cubano Juan Tomás Roig y Mesa. Creo que todos aquí coincidimos en que ha sido él la figura más relevante de la ciencia cubana en lo relacionado con la investigación en el campo de las plantas medicinales, aunque como botánico no solo se limitó al estudio de estas.
Roig nació en Santiago de las Vegas, el 31 de mayo de 1877 y falleció en La Habana el 20 de febrero de 1971, casi a la edad de 94 años. Su vida como botánico, docente, investigador y ensayista fue más que fructífera.
Más allá de sus títulos académicos, resaltan los inestimables aportes científicos generados con su quehacer infatigable. Aunque se desempeñó profesionalmente en diferentes escenarios, fue en la entonces Estación Experimental de San Antonio de Las Vegas donde concretó sus más relevantes aportes.
En opinión de muchos, resaltan por su vigencia dentro de su vasta obra los textos “Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos” y “Plantas medicinales, aromáticas y venenosas de Cuba”. De este último, quizás sea el primer párrafo del prólogo de su primera edición donde mejor han quedado reflejados los sueños y las aspiraciones de Roig con respecto al tema de las plantas medicinales cubanas. Textualmente apuntó en 1945:
“Al escribir esta obra nos proponemos los siguientes objetivos: primero, dar una información lo más completa y exacta que sea posible acerca de nuestras plantas medicinales o venenosas; segundo, proporcionar a los estudiantes de Botánica, Farmacia, Medicina, Agronomía y Veterinaria una fuente de consulta, utilizable en sus estudios respectivos; tercero, excitar a nuestros hombres de ciencia para que emprendan el estudio metódico de nuestra flora médica y toxicológica; y, cuarto, estimular el cultivo y la explotación de las plantas medicinales indígenas o naturalizadas, para llegar quizás a la creación de una industria farmacéutica…”.
De la mano de Roig, por ya casi un siglo, muchos cubanos nos hemos acercado al conocimiento de las plantas medicinales. Todavía hoy, aunque ya el mundo ha sobrepasado los primeros veinticinco años de un nuevo milenio, estas referencias persisten como consulta obligada para las personas de pueblo y los científicos. No cabe duda de que el estudio de nuestra flora medicinal tendrá ya para siempre la impronta de Roig.
Por eso es obligatorio volver a su obra. Quien lo haga, conocerá que en Cuba se le llama manzanilla a seis especies diferentes, sabrá que el nombre científico del ponasí es Hamelia patens y que además del romero, cuyo nombre binomial es Rosmarinus officinalis, en nuestro país hay dos especies que popularmente se conocen como romero de playa y otra que se identifica como romero falso. Por supuesto, podrá profundizar en los usos tradicionales de muchísimas de nuestras plantas medicinales y dispondrá de información sobre algunas evidencias científicas disponibles desde los tiempos de Roig.
Una precisión, el legado de esta insigne figura de la ciencia cubana no constituye un trabajo terminado. Él mismo escribió: “Confiamos en que nuestra obra servirá de base para estudios posteriores más detenidos y completos”. Y así, sobre sus aportes, se ha continuado profundizando en el conocimiento de las plantas medicinales, aromáticas o venenosas de Cuba. Sin embargo, el camino no acaba, hay muchísimo todavía por investigar, para ampliar aún más el aprovechamiento de estas modestas aliadas del hombre, en el caso de las plantas medicinales, que siempre nos han ayudado y todavía lo hacen en el cuidado de nuestra salud… ¡desde lo natural!