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Declaración de la Uneac: “Cuba puede ser tomada, pero nunca rendida”

Los artistas y escritores cubanos rechazamos de manera categórica la peligrosa escalada agresiva del gobierno imperialista estadounidense, que incluye la espuria condena a nuestro líder histórico, las cínicas declaraciones y las amenazas recientes de sus voceros y la presencia en el mar Caribe de naves de guerra. La guerra que no deseamos, solo traería destrucción y muerte para miles de cubanos y de norteamericanos. Como mujeres y hombres de pensamiento, como parte de un pueblo rebelde, justo y pacífico, abogamos por la paz. Pero advertimos: Cuba podría ser tomada, pero nunca rendida.

¿Qué sucede cuando un pueblo resiste durante 67 años los atentados terroristas, una invasión mercenaria bien armada y entrenada, el bloqueo económico, comercial y financiero más cruento y prolongado de la segunda mitad del siglo XX y la primera del XXI y le cierran todos los canales de financiamiento, colocándolo en una lista espuria de países terroristas?, ¿cuando el imperialismo, desesperado, acude al bloqueo petrolero, castigo que cierra las compuertas de la vida en cualquier nación moderna y comprueba, una vez más, que el pueblo cubano se reinventa, resiste, busca alternativas, no se rinde?, ¿qué sucede si ese pueblo, sin electricidad, a veces sin agua corriente, con escasez de alimentos y medicinas, acude masivamente a la Tribuna Antimperialista de La Habana y a otras plazas del país para reafirmar su disposición de resistir y vencer?, ¿cuando salta por encima de las enormes y permanentes campañas mediáticas y la proliferación de fake news que intentan mellar la resistencia y dividir a la opinión pública?

Primero Trump dice que doblegará en pocos días al pueblo cubano, que tomará “amistosamente” el país, pero los días previstos se esfuman; después advierte que ya ha dispuesto todas las medidas posibles para asfixiar a los cubanos, que solo le queda la fuerza, ofrece entonces, “generosamente, una alternativa, “o nos sometemos o nos atacan”; de repente, el discurso se torna esquizofrénico: no nos bloquean, ni nos asfixian, es el mal gobierno cubano el que provoca los apagones y las carencias del pueblo. En un escenario teatral, un grupo de actores prepotentes, políticos y jueces imperiales, mercenarios y vendepatrias, escenifican, como posible pretexto para el ataque, una obra mediocre, la condena de un Héroe nacional, de uno de los grandes líderes históricos de una Revolución que jamás ha podido ser doblegada.

La excusa no importa: podía haber sido la de pertenecer a un cartel de narcotráfico que nunca existió en Venezuela, como se comprobó después, o la supuesta tenencia de armas de destrucción masiva que no tenía Iraq, o la intención irreal de Irán de construir armas nucleares; podía ser, como aquel infausto día de 1898, la explosión autoprovocada del acorazado Maine en La Habana. Escogieron la fecha más apropiada para la representación teatral: el 20 de mayo, día en que Cuba recibió, en 1902, la farsa de una república encadenada. Los artistas e intelectuales cubanos conocemos la historia, hemos leído a sus protagonistas, estuvimos con Sandino en Nicaragua, con Arbenz en Guatemala, con Allende en Chile, con los defensores de la soberanía latinoamericana en cada uno de los países en los que ha sido violada desde los primeros años del siglo XX. Muchos cubanos cayeron en el largo camino que transitamos desde aquel 1902 hasta la conquista de la definitiva independencia en 1959. No la entregaremos.

Queremos, necesitamos la paz. Nuestra economía no se alimenta de la producción de armas. Sabemos conversar desde el respeto, no rehuimos el debate, pero no negociamos la independencia. Sabemos defender la Patria, en las aulas, en los talleres de creación, frente a la computadora, si hay electricidad, o ante una hoja de papel, si nos la quitan; sabemos usar “las armas del juicio, que vencen a las otras”, porque “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”, pero también seremos capaces de combatir al invasor en la manigua de nuestros campos y ciudades, como hizo el más grande intelectual cubano de todos los tiempos, José Martí.

Resistiremos y venceremos, una vez más; ese será nuestro mayor tributo a Fidel, en el año de su centenario. Y lo haremos, orgullosos de sabernos acompañados por el General Raúl, ese hombre grande y humilde que estuvo junto a su hermano mayor en las protestas universitarias ante el golpe de Batista, en el Moncada, en el Granma, en la Sierra, durante la Crisis de Octubre y en los difíciles y bellos años de Revolución.

¡Viva Fidel! ¡Viva Raúl! ¡Viva Díaz Canel! ¡Viva Cuba libre!

Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac)