
Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Hoy se celebra el aniversario 65 de la fundación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Esta nutrida asociación fue creada en 1961 por el líder histórico de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a solo dos años del triunfo, teniendo en cuenta que el problema de la tierra y de los trabajadores del campo figuró en el Programa del Moncada.
No es secreto para nadie que los cambios sociales llegados a las zonas más intrincadas del país transformaron la vida y el quehacer de los campesinos, que el movimiento agropecuario cubano se ha estado transformando a través del tiempo y que en gran medida esto ha sido posible por el arduo trabajo impulsado por las autoridades y por la ANAP como organización, la que a su vez ha sostenido estrechos vínculos con el Ministerio de la Agricultura (Minag), organismo central del Estado cubano de relación para lo concerniente a las producciones agropecuarias y con sus estructuras, instituciones y asociaciones afines, tanto en cuanto a la producción agrícola como pecuaria.
También conocemos cómo se ha elevado el nivel educativo del campesinado y, con ello, la posibilidad de aplicar conocimientos técnicos y científicos en el ámbito agropecuario.
Más recientemente, muchas personas han adquirido tierras ociosas o han decidido explotar mejor las tierras de posesión familiar y están incrementando producciones, ampliando su objeto de trabajo, vinculándose a programas de desarrollo local y proyectos de cooperación, con la finalidad de producir más alimentos, una necesidad para la sostenibilidad alimentaria en el país en medio de la compleja situación económica existente.
A lo largo y ancho de Cuba, los campesinos están empeñados en aumentar sus producciones pecuarias, no solo las más tradicionales como la producción bovina, porcina, avícola, equina y ovino-caprina, sino también las producciones cunícolas, bufalinas, acuícolas y apícolas.
En resumen, hay cierta diversificación de las producciones, de amplificación de los sistemas de producción en las fincas, de la necesidad de aprendizaje en cuanto al manejo zootécnico de las diferentes especies, de los métodos de obtención primaria de productos como la leche, los huevos y la miel de abejas, la cera y otros productos de la colmena. Ello precisa de una estrecha relación de trabajo con el sistema de la sanidad animal, desde las estructuras municipales y provinciales hasta el nivel nacional.
Los productores y miembros de la ANAP son y deberán ser cada día más conscientes de la necesidad de velar por la salud de los animales de todas las especies productivas, porque de eso depende la posibilidad de alcanzar más y mejores resultados productivos, ya que de la salud, del bienestar y de la trazabilidad del sistema productivo, valorada desde la finca hasta el plato del consumidor, dependerá el verdadero éxito de su labor, sin obviar que hoy todos debemos trabajar en función del enfoque de una sola salud.
Todos los productores conocen que, igualmente, están vinculados desde el campo y todos sus procesos productivos, al marco jurídico de la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (No. 48 del 2022), más conocida como la Ley SAN, que precisa alcanzar la soberanía alimentaria, fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional en función de la protección del derecho de toda persona a una alimentación sana y adecuada, así como regular la organización de los sistemas alimentarios locales soberanos y sostenibles que articulan de forma intersectorial e interinstitucional la producción, transformación, comercialización y consumo de los alimentos.
Los productores, como miembros comprometidos con la ANAP a cumplir con las tareas, misiones y normas establecidas en el país, han sido fieles colaboradores del sistema de la agricultura y, por tanto, del sistema de la sanidad animal, contribuyendo en la vigilancia de las enfermedades que pueden afectar a las producciones ganaderas, el control de las enfermedades endémicas, con las campañas de vacunación, el control de vectores y todas aquellas normas que garantizan la salud y el control, como, por ejemplo, la información sobre los traslados de animales, entre otras actividades afines.
Desde el año 2021, cuando se puso en vigor el Decreto Ley 31/2021 de Bienestar Animal, los campesinos han conocido todo lo que en cuanto a los animales productivos y de trabajo deben cumplimentar. Es recomendable que los productores recurran a los capítulos IV y V para lograr un pleno conocimiento y puesta en práctica de esta norma, que precisa cómo garantizar el bienestar físico y mental de sus animales.
Es importante que repasen ambos capítulos con asiduidad y tengan muy en cuenta que, respecto a los animales productivos, deberán hacer énfasis en que en los establecimientos de producción se cumplan las normas nacionales de bioseguridad y manejo zootécnico, en correspondencia con las características de cada especie, como garantía del bienestar animal.
También, que el personal que interviene en el manejo y cuidado de animales productivos, además de satisfacer las necesidades básicas, está obligado a evitar las actividades que puedan agitar, asustar o herir a los animales; impedir que se mantengan o trasladen en condiciones de hacinamiento; evitar que se mezclen grupos o razas diferentes y proporcionar la iluminación según las necesidades de cada especie.
En cuanto a los animales de trabajo, además de satisfacer las necesidades básicas, los propietarios poseedores y tenedores de animales están obligados a cumplir una serie de especificaciones, tales como proporcionarles períodos de descanso reparador durante la jornada de trabajo; ubicarlos en espacios de sombra, para protegerlos de la radiación solar directa durante los períodos de descanso; evitar el estrés por calor cuando sea posible, de acuerdo con las condiciones climatológicas y las características específicas de la labor que se realiza, e impedir que estén atados permanentemente, entre otras muchas condiciones.
Trabajar en materia de la protección y seguridad de la masa es sumamente importante, ya que problemas tales como la accidentabilidad por no estabular y asegurar a los animales al término de la jornada de trabajo, y el hurto y sacrificio de ganado, afectan los resultados del trabajo y las producciones planificadas.
Está comprobado científicamente y en la práctica productiva que en aquellas instalaciones y sistemas de producción de países que han avanzado en materia de bienestar animal aplicado a la pecuaria, el cumplimiento de las normas demuestra mejores resultados.
Estamos seguros de que hoy, más que nunca, nuestros campesinos son conscientes del rol que tienen en nuestra sociedad, en estos momentos difíciles en los que producir alimentos para la población es vital para la victoria y la soberanía alimentaria.
¡Felicidades a todos los campesinos cubanos en su día!