
Amamantar no siempre es fácil: es resistencia, vínculo y cuidado. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
En Cuba, decir que “la cosa está de madre” implica que la “cosa” —dígase cualquier situación, objeto, incluso persona— está realmente difícil, dura, compleja. No recuerdo la primera vez que escuché esa expresión. Si era de día o de noche. Si tenía 6 o 14 años. Lo que sí me viene a la memoria —tal vez como un recuerdo construido— son los labios de mi propia madre pronunciando palabra a palabra. En medio de un apagón, a la llegada del trabajo, al cierre del noticiero…
Lo claro es que no tuve certezas de la frase hasta que yo misma me convertí en madre. Y comprendí que probablemente no hay nada en este mundo que esté “más de madre” que ser madre.
Porque sí, cuando miras a tu bebé sientes que te florece un amor hondo como nunca antes en el pecho. Que una fuerza —salvaje, protectora, poderosa, que todo lo afronta y todo lo puede— se apodera de tus instintos. Que no importa si dormiste tres, cuatro o cero horas, que cuando la criatura sonríe recarga tus baterías para subsistir a otra jornada. Pero, “de madre”.
Mi primer shock fue la lactancia. Suponía que era un acto intuitivo. Poner al bebé en la teta y listo. Simple, pensé. Sin embargo, no fue así.
El escalofrío recorriendo el cuerpo, las lesiones profundas y sangrantes, la presión de que sí puedes, que todas lo han hecho antes, que “sana rápido”, que cuanto más pongas al bebé, más rápido se cura.
Pero no es así. Duele más.
Recién convertida en madre, llegó la frustración —en formato de fiebres y extracciones a cuentagotas— acompañada de la culpa a visitarme por un tiempo. Porque si hay algo muy “de madre” es la culpa.
—¿Estoy fallando? ¿Lo estoy haciendo bien?
Por suerte, otras madres me cobijaron. La mía —que no comprendía del todo la situación y aun así era sostén— y otras dos que lo cambiaron todo.
Claudia —con una bebé solo un mes más grande— se extrajo y congeló varias onzas de su leche materna y las envió para que alimentara a mi bebé. ¿Hay algo más humano y ancestral que una madre alimentando a otra criatura, por instinto?
Janett me dio ánimos y asesoró todo el tiempo desde su experiencia como primeriza. Me incluyó en una comunidad denominada La Liga de la Leche Cuba para que tuviera el soporte y la información necesarias para salvar la lactancia. Por si fuera poco, nos donó varias latas y pomos de fórmula para bebés que conservaba. ¿Hay algo más de madre que la empatía por otra?

Extractor de leche materna. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Los recuerdos de esa etapa están fragmentados, pero el agradecimiento es infinito.
Si hay algo claro, es la certeza de que fue la primera, pero no la última vez que las cosas se pusieron ―o se pondrán― “de madre”.
Sin embargo, en esta fecha solo puedo pensar en mi propia madre y en las otras, que en medio de circunstancias tan complejas resuelven —lo que para otros pudiera ser imposible— por sus hijos.
Las que espantan mosquitos y abanican largo y tendido durante el apagón. Y, aun así, madrugan para ir a trabajar, para amamantar, para querer y sostener.
Las que cuidan a sus propias madres, las que no las tienen, las que las extrañan. Las que añoran a los hijos que se fueron. Las que se preocupan por los que están y su futuro.
Las que sufren por el medicamento que no tienen —o el que escasea— para curar el dolor del otro o el propio.
Las que hacen malabares para alimentar a los suyos. Para vestirlos, para asearlos.

La rutina materna se vuelve también un acto cotidiano de ternura. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las que biológicamente no parieron y aun así se convirtieron en madres.
Las que enseñan, las que curan, las que labran la tierra, las que construyen, las que innovan, las que sostienen este país a base de sacrificios y esfuerzos disímiles.
A todas, gracias por estar cuando la vida se pone “de madre”. Hoy y siempre.

Una madre recoge a su hija en el círculo infantil. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Una madre maneja un triciclo y transporta a su familia. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Una madre: carga, cuida y sostiene. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Caminar juntos hacia la escuela es también una forma de sostener la esperanza. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

La ternura se abre paso en lo cotidiano. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Abuela: raíz del cuidado. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

La maternidad es también acompañar cada paso. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

El paisaje costero se vuelve testigo de una maternidad que se multiplica en cada niño. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.