
Fidel Castro en el Parque Central de Nueva York, Estados Unidos, 24 de abril de 1959. Foto: Centro Fidel Castro Ruz / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
El 24 de abril de 1959, Fidel Castro realizó un histórico discurso en el Parque Central de Nueva York. El acto atrajo a una gran multitud de personas de diversas nacionalidades: cubanos, dominicanos, puertorriqueños, mexicanos, norteamericanos; que con emoción gritaban “Viva Castro” y ondeaban banderas de Cuba y de otros países latinoamericanos.
Fidel en su trascendental alocución explicó la razón de su viaje a Estados Unidos, el significado de la Revolución Cubana y la importancia de la solidaridad. A continuación Cubadebate y el Sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten con sus lectores fragmentos del histórico discurso:
No vine aquí a pedir nada
Cubanos;
Latinoamericanos;
Norteamericanos:
Pocas veces en la vida nos es dada la oportunidad de vivir un minuto tan emocionante como este. Es posible que en los largos años de historia de este continente jamás se haya producido un acto como este, no por su dimensión numérica, aunque es verdaderamente grande es, según los entendidos, el acto de esta índole más grande que se ha producido en la ciudad de Nueva York, que es, al mismo tiempo, la mayor ciudad del mundo. El valor de este acto radica en las personas que están aquí presentes, su valor radica en que aquí se han reunido no solo los cubanos, aquí están también presentes los dominicanos, los portorriqueños, los mexicanos, los centroamericanos, los latinoamericanos y también en número considerable los norteamericanos.
No puede entrañar un simbolismo más profundo, no puede constituir para este continente una esperanza mayor; parecía una empresa difícil, la Revolución Cubana no era comprendida cabalmente, la Revolución Cubana que ha sido a nuestro entender la Revolución más pura y más generosa que se ha llevado a cabo en la historia del mundo, estaba siendo mal comprendida, no tanto en los pueblos latinoamericanos, que por haber sufrido las mismas cosas que nosotros hemos sufrido, por haber estado padeciendo de los mismos males políticos y sociales, estaba en condiciones mentales de comprendernos mejor; estaba siendo mal comprendida sobre todo en Estados Unidos. Nos impusimos la tarea de visitar este país, nos impusimos la tarea de hablarle al pueblo y a la prensa de Estados Unidos; por delante teníamos los enormes inconvenientes del lenguaje. No vine aquí a mentir, no vine aquí a ocultar nada, porque nuestra Revolución no tiene nada que ocultar. No vine aquí a pedir nada, porque nuestra Revolución no tiene nada que pedir, como no sea amistad y comprensión; vine simplemente a hacer lo que hemos hecho en nuestra patria, hablarle al pueblo, decirle la verdad, exponer nuestro pensamiento; vine a demostrar una vez más nuestra inmensa fe en los pueblos; vine a hablarle a un pueblo cuyo idioma era distinto al nuestro; vine a hablarle a un pueblo cuya situación económica y social es distinta a la nuestra, cuyo idioma no lo conocía bien, solo conocía bien el idioma que emana de nuestro idealismo, el idioma que emana de la pureza y de la razón de nuestra causa, el idioma que emana del corazón y de la esperanza de nuestro pueblo y de todos los pueblos de América Latina, y he descubierto aquí que aunque el idioma era distinto, los sentimientos eran iguales, que aunque la lengua articulase palabras distintas, el corazón de los ciudadanos de este país habla el mismo lenguaje que nosotros, porque hablé y nos entendieron, expusimos nuestras razones y las comprendieron, vieron nuestra sinceridad y creyeron en nosotros.
Grande ha sido, no la sorpresa, porque no hay sorpresa para los que creen verdaderamente en el corazón de los pueblos; grande ha sido nuestra alegría al comprobar de que la razón se abre paso en cualquier parte del mundo, de que la justicia se abre paso en cualquier parte del mundo, que una causa noble y justa tiene simpatizantes en cualquier parte del mundo. (…) Y para nosotros es pues un hecho muy significativo, para los latinoamericanos este es un hecho alentador, porque vino aquí un latino, vino a hablar en nombre de la razón y de la justicia y encontró eco en el corazón de los ciudadanos de esta nación.
Para la América, para la América sufrida, para la América económicamente atrasada, para la América hambrienta, este es un hecho alentador, porque el pueblo del Norte, el pueblo rico del Norte ha comprendido nuestros sentimientos y eso para los pueblos de América constituye un verdadero triunfo.
Es lo que significa en el esfuerzo de que la verdad de nuestra América, la América sufrida del centro y del sur se abra paso para encontrar comprensión para que nos entiendan mejor, para que se nos trate mejor.

(…)
Todos los ojos de América están puestos en nuestra Revolución y también están puestos sobre nuestra patria los ojos de los tiranos que aún quedan en América. Los ojos de los calumniadores, los ojos de los enemigos de la redención de los pueblos. Y junto con el sentimiento de simpatía que nos acompaña en toda la América del Sur y del Norte, junto con los deseos de nuestro triunfo, se presentan también las intenciones negativas, los que desean nuestro fracaso para que esta Revolución que es aliento y es esperanza de todos los pueblos de América, se frustre.
(…)
Los pueblos no están jamás con la injusticia, los pueblos no están jamás con la crueldad, los pueblos no están jamás con la inmoralidad, los pueblos no están jamás con el despotismo; la presencia multitudinaria de los cubanos, la presencia multitudinaria de los latinoamericanos en el Parque Central de Nueva York, con la presencia nutrida de norteamericanos, es el mejor argumento, en favor de la revolución democrática, humanista y justiciera de Cuba.
Porque los pueblos tienen una percepción muy clara para conocer a los hombres, los pueblos tienen una inteligencia muy clara para distinguir a los hombres, los pueblos no pueden ser confundidos fácilmente, los pueblos comprenden con la razón, pero sobre todo comprenden con el corazón.
Seremos solidarios

Porque lo que ha ocurrido en Nueva York es una prueba elocuentísima de lo que puede la solidaridad humana, de lo que puede la justicia y la razón.
Se nos ha preguntado si creemos que las revoluciones deben exportarse y hemos respondido que no, que las revoluciones no pueden exportarse, que las revoluciones no se exportan, que las revoluciones se hacen por los propios pueblos, que los propios pueblos son capaces de conquistar su libertad. Pero hay algo que los pueblos oprimidos necesitan y es la solidaridad, hay algo que los pueblos oprimidos necesitan y es el sentimiento de los demás pueblos. Y puedo hablar de eso, porque recuerdo aquellos días difíciles de nuestra lucha revolucionaria; recuerdo aquellos momentos duros de los primeros reveses y en aquellos instantes para nosotros nada valía tanto como saber que los demás pueblos nos acompañaban con su solidaridad, que los demás pueblos nos acompañaban con sus sentimientos y que en cualquier lugar de América una voz se levantaba para defendernos, que en cualquier lugar de América los pueblos se levantaban para defendernos.
(…)
Y es que lo que hace posible las grandes empresas libertadoras es la fe y el aliento, sembremos fe y estaremos sembrando libertades, sembremos aliento y estaremos sembrando libertades, sembremos solidaridad y estaremos sembrando libertades. (…) Nosotros siempre seremos leales a ese sentimiento de acuerdo con nuestros principios, y como sabemos el modo de conducir los asuntos de nuestros pueblos, es por lo que responsablemente decimos aquí que los principios no deben sacrificarse jamás, que el principio conquistado por los pueblos de América, de no intervención, no debe sacrificarse jamás, porque ese principio no está reñido con la posibilidad de que los pueblos se liberen por su propio esfuerzo (…)
Pero hoy somos gobernantes, no porque queramos, sino porque lo demanda nuestro propio pueblo, somos gobernantes, no porque gobernar sea un placer para nosotros, sino porque es un sacrificio que la patria nos exige. No porque gobernar implique, como ha significado para tantos gobernantes de América, el enriquecimiento con el dinero del pueblo, sino porque gobernar hoy a nuestra patria implica la obligación de salvar esa patria, implica la obligación de realizar una tarea grande, implica la obligación de construir para el continente americano el país más democrático y más justo, que será el ejemplo de toda la América.
Cuba se ha convertido en la esperanza

Porque gobernar para nosotros significa salvar a la Revolución Cubana y salvar a la Revolución Cubana significa salvar la justicia y sobre todo significa salvar la democracia en el continente americano. Porque si la Revolución Cubana yerra, si la Revolución Cubana se equivoca, si la Revolución Cubana fracasa, qué será de las esperanzas de América, qué será de lo que Cuba puede hacer por la democracia de América. Sin quererlo nosotros, sin ambicionarlo nosotros, nuestra patria se ha convertido en ejemplo, sin proponérnoslo nosotros, Cuba se ha convertido en la esperanza y hay que salvar la esperanza con el corazón y con la inteligencia marchando parejas. Si marcha por un lado el corazón y por otro la inteligencia, la esperanza se pierde, la inteligencia y el corazón deben marchar juntos y estas palabras no las inspiran un sentimiento egoísta, egoístas jamás seremos, las inspiran un sentimiento de responsabilidad histórica, un sentimiento de solidaridad con todos los pueblos de América, porque sabemos lo que el fracaso de Cuba significa para América, como sabemos lo que para América significa el triunfo de Cuba y los minutos más difíciles de una revolución no son los minutos de guerra, los minutos de lucha heroica en que los hombres se enfrentan a la muerte, los minutos más difíciles de una revolución es cuando los hombres se enfrentan a la tarea de construir, porque morir puede cualquiera, construir solo los que tienen la tenacidad, la inteligencia y el valor de saber construir.
(…)
Cuando hemos venido aquí no hemos venido a hablar simplemente de los problemas de Cuba, hemos venido a hablar a la opinión pública norteamericana de los problemas que son comunes a toda la América; no hemos venido a pedir, no hemos venido egoístamente como pudimos haber hecho a decir las necesidades de Cuba, hemos venido a decir el sentimiento y el dolor de América, hemos venido a decir las necesidades de América, hemos venido a decirle a este gran pueblo: este es el otro pueblo de América. Este es el otro gran pueblo de América, porque estos hombres que se reúnen aquí, son hombres de carne y hueso, estas mujeres que se reúnen aquí, son mujeres de carne y hueso, estos hombres y estas mujeres que se reúnen aquí en número nunca visto en la ciudad más grande del mundo, están diciendo los sentimientos democráticos de este otro gran pueblo de América.
Están diciendo los sentimientos patrióticos y cívicos de este otro gran pueblo de América y nada puede ser más convincente, nada puede ser más elocuente y nada puede ser más humano; nosotros podemos decirle al pueblo norteamericano que allá hay otro gran pueblo, el pueblo de los latinoamericanos. Nosotros podemos decirle que allá hay también un pueblo noble, que allá hay también un pueblo patriótico, que allá también hay millones de seres humanos que desean labrar su felicidad (…)
Tengo fe en este despertar formidable de nuestro continente

(…) Aquella América tiene ingentes recursos naturales, aquella América tiene todos los recursos naturales que tiene la América del Norte, aquella América tiene recursos humanos y tiene recursos en su naturaleza para hacer de aquella otra parte de nuestro continente, lo que es hoy el continente en el norte, que lo que la América aspira es a desarrollar sus propios recursos, que lo que la América aspira es a desarrollar su propia economía, que lo que la América aspira es encontrar allí empleo y sustento para sus hijos sin que tengan que emigrar a la América del Norte.
Y que el desarrollo económico de la América Latina no perjudica ni lesiona en lo más mínimo a los intereses económicos de Estados Unidos como el desarrollo económico del Canadá no ha perjudicado, sino por el contrario, ha beneficiado las relaciones económicas y comerciales con Estados Unidos.
La presencia multitudinaria de los latinos en esta noche es más elocuente que ninguna razón, es más elocuente que ninguna palabra y dice tres cosas: que los pueblos de América están con nuestra Revolución democrática, humanista y justiciera, que los pueblos de América Latina tienen conciencia de sus necesidades y aspiran a desarrollar su propia economía, a desarrollar su propia riqueza; que la América Latina, que los latinoamericanos y los norteamericanos tenemos los mismos sentimientos y que esta visita, este acto grandioso, demuestran cómo los pueblos de la América Latina pueden contar también con la solidaridad del pueblo norteamericano.
Tengo fe en lo que estamos viendo. Tengo fe en este despertar formidable de nuestro continente. Tengo fe absoluta en el futuro de este continente. Tengo fe y puedo afirmar aquí que tengo la seguridad de que el futuro de América será un futuro muy distinto de lo que ha sido hasta hoy. Todo depende de nuestra fe, todo depende de nuestro propio esfuerzo, todo depende de nosotros mismos. Hagamos conocer nuestra verdad. Hagamos conocer nuestra razón, hagamos amigos a nuestras aspiraciones. Conquistemos amigos, conquistemos pueblos. Hagamos lo que hicimos en Cuba: conquistar pueblo. Fue posible nuestra victoria, porque unimos a todos los cubanos de todas las clases y sectores en una sola aspiración. Unamos a todos los pueblos en una sola aspiración. Unamos a todos los pueblos de América Latina en una gran aspiración. Unir, no dividir. Y unamos a todos los pueblos del continente en una gran aspiración continental. Esta es la doctrina de nuestra Revolución.
Nuestra Revolución es una revolución de mayorías. Nuestra Revolución es una revolución de opinión pública. Nuestra Revolución lo primero que hizo fue unir a toda la nación en un gran anhelo nacional y nuestra Revolución desea que también los pueblos de América se reúnan en un gran anhelo americano. Nuestra Revolución practica el principio democrático, pero una democracia humanista. Humanismo quiere decir que, para satisfacer las necesidades materiales del hombre no hay que sacrificar los anhelos más caros del hombre, que son sus libertades. Y que las libertades más esenciales del hombre nada significan si no son satisfechas también las necesidades materiales del hombre.
Humanismo significa justicia social con libertades y derechos humanos. Humanismo significa lo que por democracia se entienda, pero no democracia teórica, sino democracia real, derechos humanos con satisfacción de las necesidades del hombre. (…)
Considero que esta noche de hoy, sea una noche histórica, las tareas que tenemos por delante son grandes, pero era más grande cuando empezamos. Las tareas que tenemos por delante requieren el esfuerzo de muchos, pero somos más de los que éramos cuando empezábamos, antes se reunieron 1 000 en el Park Garden para emprender una obra, hoy nos reunimos decenas de miles en el primer acto que se celebra en el Parque Central de Nueva York para seguir adelante la obra. La fe del pasado nos debe enseñar a tener más fe ahora, los obstáculos vencidos en el pasado nos deben enseñar a vencer los obstáculos que tenemos por delante, sigamos conquistando amigos para nuestra justa causa. Sigamos llevando nuestro mensaje a los pueblos del sur, del centro y del norte desde la Patagonia hasta Alaska. Sigamos hablando nuestra verdad. Sigamos hablando el lenguaje sencillo y elocuente de la sinceridad. Echemos a un lado todas las hipocresías y todos los convencionalismos que la verdad se abre paso sola, que la verdad triunfa por sí sola, como han triunfado la honradez, la sinceridad y la verdad en el corazón del pueblo norteamericano.

Fidel Castro en el Parque Central de Nueva York, Estados Unidos, 24 de abril de 1959. Foto: Centro Fidel Castro Ruz/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
No odiamos, porque el odio no es propio de los hombres que quieren a los hombres, no es propio de los pueblos que quieren la justicia, no es propio de los pueblos que quieren la libertad; odian los verdugos, los que matan por defender las sinecuras, los que matan por defender el derecho de saquear a los pueblos, por defender el derecho de oprimir a los pueblos; odian los verdugos a los que aman la libertad, los que aman la libertad castigan pero no odian, los que aman la libertad no castigan con la pena de muerte porque gusten de la muerte, sino porque odian la práctica de matar, porque odiamos el crimen; peleamos y castigamos a los criminales, porque odiamos la opresión y la tiranía.
(…)
Ninguna revolución del mundo se hizo con tan alto espíritu humanista, ninguna revolución del mundo se hizo con tanta disciplina y con tanto orden.

Fidel Castro en el Parque Central de Nueva York, Estados Unidos, 24 de abril de 1959. Foto: Revolución / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
En audio, Fidel Castro en el Parque Central de New York
Para conocer más sobre el ideario del líder de la Revolución Cubana, visite el sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Síganos también en Facebook, Youtube, Instagram, Telegram y X.